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Las aperturas de hoteles en el aire si Johnson mantiene restricciones

Palmanova y Magaluf tiene un 47 % de la planta abierta y baja ocupación y los empresarios no quieren que se repitan este verano cierres precipitados

El hotel Samos, en Magaluf, es uno de los afectado por el decreto contra el turismo de excesos.

El hotel Samos, en Magaluf, es uno de los afectado por el decreto contra el turismo de excesos. J.L. Iglesias

«La clave está en abrir en julio o no abrir» y ante el panorama que llega desde Londres, solo incertidumbre, la decisión que hay que tomar «en los próximos diez días es muy complicada». Mauricio Carballeda, presidente de los hoteleros de Palmanova y Magaluf, expresa el sentir de los empresarios, dependientes del mercado británico. La oscuridad es total, a dos semanas de que el calendario marque la temporada alta.

Se quiere evitar la experiencia del tormentoso verano que supuso el año pasado los vaivenes del Gobierno de Boris Johnson, con la cuarentena intermitente que se llevó por delante la temporada a finales de julio cuando las islas arrastradas por el resto de España pasaron a ser un destino de riesgo. Casi un año después se repite la historia, a pesar de la progresiva vacunación, ahora a merced de un semáforo de viajes que se revisará en los próximos días, previsiblemente el 24 de junio. 

El frenazo en la desescalada del Reino Unido, hasta el 19 de julio, lleva a enfrentar la realidad, «será difícil que nos cambien de color», dice Carballeda. Y si seguimos en ámbar la progresiva reactivación de la planta hotelera, que rozaba en toda la isla el 55 % (455 hoteles) el viernes pasado, también tendrá que repensarse, sin el segundo mercado emisor. En Palmanova-Magaful supuso el verano de 2019 el 60 % de los turistas recibidos. A fecha de ayer había 42 de 88 establecimientos abiertos, el 47 % del total.

Con las aciagas expectativas que llegan de Londres, y el aislamiento obligatorio al regresar al país, son pocos los británicos que vienen a la isla, aunque «alguno hay, como parejas a las que no les importa guardar cuarentena». Pero Carballeda advierte que con las reservas de último minuto y el volumen que aportan en la zona españoles, franceses o algunos alemanes la tarta no llega para todos. «Tampoco sabemos qué pasará en octubre y abrir en agosto con dos meses» de temporada» no permite hacer caja para aguantar las pérdidas. El Sol Katmandú que dirige Carballeda está en esa tesitura. Ahora las ocupaciones «varían», pero son «bajas «y benefician a las grandes cadenas que pueden permitirse desviar a clientes a algunos hoteles. «Los independientes lo tienen difícil», asevera. 

En Cala Bona, están «desesperados», con negocios cerrados desde la quiebra de Thomas Cook

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«Pinta muy mal», afirma Cristoph Gräwert. «Los hoteleros individuales como yo no podemos elegir, tenemos que abrir», expone el director del hotel Samos, de Magaluf, en una semana en la que se enfrenta en el destino la peor ocupación, con un 20%-30 %, al ir abriéndose más establecimientos. «Estamos vacíos. Ojalá en agosto puedan viajar los ingleses», clama.

Inés Batle, presidenta de los hoteleros de Cala Millor y sa Coma, expresa la «desesperación» de sus asociados en Cala Bona, dependientes de los británicos. Hay dos hoteles abiertos y muchos están cerrados desde la quiebra de Thomas Cook. Destaca «la apuesta» de su asociación por atraer a residentes. «Creo que ha ayudado el movimiento SOS Turismo», que surgió en esta zona. 

DESESPERACIÓN: "DOBLE CASTIGO POR EL DECRETO DE TURISMO DE EXCESOS"

«Es una miseria y estamos recibiendo doble castigo, el del Reino Unido y el del decreto del turismo de excesos». «Todo está cerrado y el todo incluido sin alcohol no lo quiere nadie». Cristoph Gräwert, del hotel Samos, se desespera.

Este verano es cuando padece el efecto del límite de bebidas alcohólicas porque su negocio está dentro de la zona acotada por la normativa del Govern. «El año pasado fue mejor» porque los contratos previos al decreto se libraron del «todo incluido light que no se puede explicar en qué consiste través de Booking». Ahora, si al negocio de Gräwert llegan clientes desviados de otros hoteles, tiene que enfrentar sus quejas «con motivo porque no es lo que ellos contrataron».

Echa en falta una moratoria y critica que los botellones de Platja de Palma muestran que el decreto no los puede controlar. 

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