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Facultad de Turismo de la UIB: Una quiebra, miles de pasos y mucho futuro

La Facultad de Turismo de la UIB cierra su primer curso de Formación y Mentorización, una vía para la inserción laboral, tras perder con la pandemia otro que patrocinaban empresas

La profesora Mireia Faugier, Ernest Llofriu, la decana de Turismo, Lola Tirado, y Ángel Julián Fresneda.

La profesora Mireia Faugier, Ernest Llofriu, la decana de Turismo, Lola Tirado, y Ángel Julián Fresneda. Marga Salas

Son jóvenes de esos sobradamente preparados de los tantos que salen de las universidades españolas. En su caso de la reputada Facultad de Turismo de la UIB. No podría ser de otra manera estando ubicada en la cuna del turismo español e internacional. Pero ya sabemos, a las universidades todavía les falta conexión con el mundo laboral. Y la pandemia aún lo ha puesto más difícil. Estamos al final del segundo curso académico y la segunda temporada en la que Balears y sus fábricas turísticas bregan por salir adelante, entre ERTE y ERTE y una daga tras otra sobre la cabeza, la última la confirmación de que el turismo británico se hará esperar.

Sin embargo, hay ventanas que se abren, siempre. Y quién no se ha encontrado a lo largo de su vida académica «un faro». En este caso en forma de coaching, para «salir de la zona de confort y meterse en la jungla» laboral a competir, según retrata Mireia Fauiger. Con la mayor crisis del sector turístico acechando es mucho más fácil hacerlo acompañado. La profesora asociada de la UIB del máster de Intermediación Turística, coach, y emprendedora que creó la empresa de consultoría y formación Direct Beds, es también mentora en un proyecto nuevo que se ha puesto en marcha este año en el campus de la carretera de Valldemossa. Se trata del curso de Formación y Mentorización. Tres de sus alumnos, dos mallorquines y una valenciana, a pesar de que tantas empresas turísticas siguen cerradas, forman parte de su primera promoción. Los trece estudiantes que han hecho el curso trabajarán este verano, bien haciendo prácticas o con un contrato laboral. Y lo más importante, atendiendo a sus preferencias o probando para encauzar su futuro.

«Se veía venir»

María Zaragoza, de 23 años, es una valenciana que en lugar de quedarse en su ciudad a hacer la misma carrera que ha cursado en Mallorca, el doble grado de Administración de Empresas y Turismo, se vino a la isla porque «esta universidad es la mejor». Y de una isla a otra isla, está recién aterrizada en Eivissa, donde esta semana, en su primera jornada laboral de prácticas de este segundo verano de crisis, hizo «quince mil pasos en el hotel» Fergus Bahamas. Se ha incorporado al departamento de Dirección. Con ella lleva dos experiencias anteriores, en el Sol Katmandú — «con Meliá fue brutal, me pasó de todo, genial para aprender»— y en Ola Hotels.

Ernest Llofriu

Ernest Llofriu tiene 28 años y ya carga en su currículum algo irremediablemente inherente al mundo turístico. Una quiebra, la de Thomas Cook. La vivió desde su epicentro, el área financiera: «Viendo los números en mi departamento se veía venir, pero no que sería tan repentina». Tras su paso por la intermediación, este voluntario de la asociación Erasmus Student Network Baleares, que ayuda los estudiantes desplazados a la isla en su adaptación, ahora empieza sus prácticas en la cadena Mallorca Senses Hotels, en Santa Ponça, en el departamento Revenue Management, desde donde se trata optimiza la rentabilidad, en este caso «maximizando los ingresos de las habitaciones, jugando con los precios, porque cuando más beneficio le dejan al hotel es cuando el canal de venta es el directo», explica.

«Es lo que me apetecía», cuenta Ernest y Mireia, su profesora, «una crack», como la define María, ha encontrado esa oportunidad para él.

«Llevo cuatro días, y ya he aprendido bastante», reconoce el palmesano, que sueña con tener algún día su propio hotel, «uno pequeño».

María Zaragoza.

El más «vergonzoso» de los tres alumnos de Mireia Fauiger es Ángel Julián Fresneda. La timidez a la hora de hablar en público se la sacudió con retos del curso, por ejemplo, grabándose bailando o contando una historia propia «con sentimiento, trabajándote a ti mismo. Antes, al no hacerlo en mi idioma, no me atrevía a hablar a un turista para que se sienta como en casa».

Buscando un rumbo

Ángel no tiene claro en qué le gustaría especializarse en el sector y su profesora ha supuesto para él encontrarse «un faro en medio de la tormenta» para enrumbarse, dice el joven de 24 años que ha tenido «mucha suerte». En su caso, se incorpora la segunda quincena de junio en el hotel Bonanza, en Illetes, con contrato en atención al cliente. «Me he movido y he tenido suerte», reconoce, acumula experiencia laboral de recepcionista, camarero de hotel y agente en una central de reservas.

El curso de Formación y Mentorización es un nuevo proyecto de la Facultad de Turismo. Heredero de Aula de Formación, por el que pasaron 150 alumnos, curso gratuito que llegaron a patrocinar «hasta treinta empresas», una útil bolsa de trabajo que se llevó por delante la pandemia, explica la profesora Fauiger, tras cuatro años en marcha. En 2019 Meliá seleccionó a veinticinco estudiantes, «todos con contrato laboral». De aquel proyecto hay ya hasta subdirectores de hotel.

Ángel J. Fresneda

«La UIB —continúa la docente barcelonesa que acumula veinticinco de experiencia en el sector— creyó en mis locuras y lo reconvertimos en este otro acotado a los estudiantes que terminan la carrera». Los alumnos pagan 150 euros por treinta horas de formación. «También hay llamadas diarias» y «no hay ninguna universidad que dé este servicio de acompañamiento hasta la inserción laboral». María Zaragoza le contó a su profesora esta semana con pelos y señales su primer día en el Fergus Bahamas, hotel que ha abierto hace dos semanas, y aloja, entre otros clientes, a portugueses de viaje de fin de curso.

La profesora subraya el apoyo que recibe de la decana de la facultad, Lola Tirado, y el vicedecano, Tolo Deyà.

«Va genial que Mireia les ayude en estos momentos tan complicados», señala Tirado, porque la mentoría «les ayuda a sacar lo mejor de cada uno, lo que intentamos en la facultad». Con esta orientación se complementa las 450 horas de prácticas curriculares.

La decana de Turismo dibuja el complicado panorama que se ha vivido este año desde la facultad para lograr encontrar compañías para la formación obligatoria. Antes de la crisis «no nos faltaban», pero ahora, con trabajadores en ERTE, que lleguen estudiantes a ocupar un puesto resulta difícil de encajar. Aún así se ha logrado el objetivo para una sesentena de futuros profesionales turísticos, algunos con remuneración, gracias a que «tenemos empresas de las mejores a nivel mundial» en Balears.

Estreno en el decanato

Para Tirado también la pandemia está siendo todo un reto. «Empecé como decana en febrero, quince días antes de la pandemia. De un viernes a un lunes todo pasó a ser online». Este curso que termina ha sido semipresencial, como todo ya en estos días.

Entre los 857 alumnos matriculados en Turismo, María es una más de los jóvenes que vienen a Mallorca desde otras provincias o países por su buena reputación. A aparte de los intercambios de Erasmus o los convenios con universidades, como la Politécnica de Hong Kong, hay tres dobles grados internacionales con las alemanas de Worms y Heilbronn y la china Ningbo.

¿Qué cambios está habiendo en este mercado laboral? Se buscan «perfiles polivalentes. Por ejemplo, antes eras recepcionista. Eso ya es historia», observa Faugier. Ahora se buscan trabajadores «que hagan de todo, igual que subes una maleta, luego tomas una comanda del servicio de habitación». Para la formadora es fundamental que «no se les caigan los anillos» cuando llegan a una empresa.

Con la crisis, todo es más cuesta arriba. «No hay puesto de trabajo nuevos, solo vacantes por renuncias o excedencias. Por eso toca «hacer kilómetros extras». Fauiger le pide a María que explique qué quiere decir: «Es hacer siempre más de lo que piden, marca tu diferencia», responde como alumna aplicada. Y relata su milla extra. El jueves, en su primer día en el hotel, donde se aloja como el resto de trabajadores, ante la dificultad de la vivienda accesible, al acabar su jornada y darse cuenta de que había mucho trabajo en Dirección, «hice llamadas de cortesía. Si tengo que recoger vasos, ponerme en la puerta del restaurante o quitar una mancha, lo voy a hacer; hay mucha competencia».

La crisis no es obstáculo para estos jóvenes, 2022 será mejor y si tienen que volar, como les invita su mentora, volarán. Ernest ya estuvo un verano en la cadena Jumeirah en Abu Dabi, en los Emiratos Árabes, María hizo primero de bachiller en Tokio y Andrés fue Erasmus en Polonia.

Ni quiebras, ni kilómetros extras ni miles de pasos son cortapisas en su futuro.

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