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Boulevard | Armengol tendrá que aprender a gobernar con oposición

El centenario de Berlanga devuelve a la actualidad al sacerdote y censor mallorquín Antonio Garau Planas, a quien el director quiso introducir como guionista de sus películas

Luis Suárez ha ganado la Liga solito, gracias al empuje de la camiseta ibicenca que vistió en su falso examen de italiano hace un año.

Recién inaugurado el tercer Pacto de Progreso en 2015, en el Consolat coincidimos una mañana de agosto Francina Armengol, Biel Company y su seguro servidor, pastoreados por Mònica Terribas para el matinal de Catalunya Ràdio. Nada más iniciado el programa, le sugerí en antena a la presentadora:

-Nosotros estamos aquí de visita, pero Company ha venido a tomarle las medidas al despacho.

En otro de mis sensacionales errores políticos, debí advertir que Company no estaría nunca más cerca de la presidencia del Govern que aquel día de verano. Claro que el PP también ha tardado seis años en enterarse, y por fuerza tenían más pistas. El entonces diputado a secas abjuró ante los micrófonos de sus cuatro años de conseller de Herr Kommandant Bauzá, «yo no habría aprobado el TIL ni la Ley de Símbolos».

Company está ahora dolorido por su violenta expulsión a patadas, pero Pablo Casado ha asestado un golpe más duro al Govern que a la oposición. El partido que ha tomado la decisión más valiente de la legislatura en Mallorca es el PP, que no gobierna nada. Génova ha clausurado el oasis balear, donde Armengol se las prometía muy felices como la primera presidenta desde Gabriel Cañellas que encadena seis años ininterrumpidos en el Consolat. Después de un sexenio gobernando como si tuviera una oposición, tendrá que aprender a gobernar con una oposición. Y como las tribulaciones siempre se encadenan, el asalto fallido al rectorado no ha desanimado a Carmen Orte, que ahora sondea sus opciones para la secretaría general del PSIB.

En la Liga ACB de baloncesto, el Iberostar Tenerife deja claro su vínculo mallorquín. En la isla vecina, el Herbalife Gran Canaria lleva en sus calzones cortos publicidad de Barceló, y cómo podríamos olvidar al glorioso Real Madrid Palladium, la marca de Matutes. Seguramente nos dejamos alguno, pero ninguno en Mallorca. Si necesitan más pruebas de la superioridad de Canarias sobre Balears, seguiremos hurgando. Por otra parte, si escuchan unos minutos a Carolina Darias, refrendarán la pésima calidad de los socialistas mallorquines para que la única ministra insular de Pedro Sánchez sea la titular de Sanidad.

Leo y veo interminablemente con motivo de su centenario a mi amigo de la infancia Luis García-Berlanga, que empujaba mi triciclo durante los veraneos de Oropesa del Mar. En las biografías del cineasta aparece su antagonista visceral, el censor y sacerdote valga la redundancia Antonio Garau Planas, de mallorquinidad indudable. Sus intromisiones enfurecieron al director, que propuso que el capellán apareciera en los título de crédito de Los jueves, milagro como guionista, dadas sus innumerables aportaciones. No solo quiso arramblar con el cine berlanguiano. Se comprometió con la Junta Superior de Censura Cinematográfica a «fiscalizar moralmente el cine en sus aspectos religioso, pedagógico y castrense».

Garau Planas era el censor eclesiástico que desafió, desde el búnker franquista simbolizado por sa Feixina, el tímido aperturismo defendido por José María García Escudero, futuro instructor del sumario del 23-F. Billy Wilder inspiró a nuestro compatriota la amenaza de una conjura comunista internacional, y no le pasó por alto la «degeneración moral» alcanzada en Con faldas y a lo loco. Un mallorquín desafiando victorioso a los dos mayores genios del cine, cuánto hemos retrocedido desde entonces. Para enardecerme y enaltecerme, voy a leerme el sermón que el reverendo doctor en Sagrada Teología leyó en la Catedral palmesana con motivo del aniversario en 1937 de la conquista de Mallorca. Lleva por título «España Una». Hubo un tiempo en que pintábamos algo en dicho país vecino.

Bien pensado, no necesitamos más publicidad. En la imagen que hoy nos ilustra, Luis Suárez realizaba hace un año su falso examen de italiano para obtener el pasaporte de ese país y fichar por la Juventus, un trámite que desembocaría en un escándalo diplomático. Para ocasión tan trascendente, vistió una camiseta de «Ushuaïa - Ibiza Beach Hotel». El influjo de la prenda impulsó al delantero uruguayo a ganar la Liga para el Atleti.

Reflexión dominical monolítica: «Una sentencia a favor de Franco es una sentencia franquista».

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