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Piden que se prohíban los alimentos insanos también en el entorno laboral

El Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas (CODNIB) reclama al Govern que asimismo amplíe el ámbito de aplicación del decreto de promoción de la dieta mediterránea a la sanidad privada, ‘escoletes’, centros deportivos y a todas las administraciones públicas

Una máquina de ‘vending’ con su tradicional oferta de bebidas azucaradas y alimentos procesados.

Una máquina de ‘vending’ con su tradicional oferta de bebidas azucaradas y alimentos procesados. B. Ramon

El decreto de promoción de la dieta mediterránea, una ambiciosa iniciativa nutricional que vetó la presencia de bollería industrial y bebidas azucaradas en las escuelas y en los centros sanitarios públicos así como en las dependencias de la conselleria de Salud, necesita otra vuelta de tuerca, en opinión del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de Balears (CODNIB).

Su presidente, Manuel Moñino, reclama ahora que se amplíe su ámbito de aplicación y que la ausencia de alimentos poco saludables también sea un hecho en escoletes de educación infantil de 0 a 3 años, extrañamente excluidas en el decreto original, en los centros deportivos, en las instalaciones y cocinas de la sanidad privada y, en definitiva, en todas las administraciones públicas ya sean autonómicas, insulares o locales.

«Y que se trabaje para regular también la alimentación y las máquinas de vending en los entornos laborales tanto públicos como privados donde todavía es más fácil acceder a una Coca-Cola que a un zumo natural o a una naranja o un plátano», añade Moñino.

Normalizar las inspecciones

«De la misma manera, se ha de trabajar en un seguimiento para verificar que el decreto se cumpla con las preceptivas inspecciones», apunta el presidente colegial a uno de los aspectos más polémicos.

Y apretando un poco más, Moñino apunta también a mejorar todos los entornos alimentarios (en referencia a la oferta gastronómica de bares y restaurantes) de manera que «sea más fácil comer mejor y más saludablemente fuera de casa».

Como se recordará el decreto de promoción de la dieta mediterránea que, entre otras medidas, prohibía la presencia de alimentos ultra procesados, de bollería industrial y de bebidas azucaradas en los ámbitos citados más arriba, se aprobó en mayo de 2019 estableciendo un periodo de adaptación de un año para su entrada en vigor en el mismo mes de 2020.

Preguntado por si en un ejercicio tan atípico como el pasado a consecuencia de la pandemia de covid y la ausencia de clases presenciales, se ha llegado efectivamente a aplicar este novedoso decreto, Moñino asegura que sí, aunque más en los menús escolares que en las máquinas de vending y cafeterías de los institutos, donde reconoce que su impacto ha sido menor.

Uno de cada 4 con sobrepeso

«Hemos recibido muchas peticiones de consultas por parte de colegios públicos, privados y concertados para resolver sus dudas nutricionales», se congratula.

Es importante la aplicación de esta norma para reducir los inquietantes datos que hablan de que cerca del 25% de la población infantojuvenil de Baleares padece obesidad o sobrepeso.

Un dato que reflejó el último estudio sobre la prevalencia de la obesidad infantil realizado en las islas en 2017 que, no obstante, mejora los datos de otro anterior realizado en 2005 que aseguraba que casi el 30% de la población pediátrica balear padecía problemas de sobrepeso.

Durante el confinamiento poblacional, la mayoría de los ciudadanos mejoró su forma de comer. Había más tiempo para cocinar y se usaron más alimentos frescos y poco procesados.

«Se comió más fruta, más verduras y legumbres, aceite de oliva o frutos secos de lo habitual y se implicó a los niños en esa forma de comer. Por contra, se abandonó en parte la comida rápida, la bollería industrial y los alimentos excesivamente grasos», evalúa la situación vivida Moñino.

«Ahora», continúa el presidente de los dietistas nutricionistas de Balears, «tenemos una oportunidad para que cuando vuelva la normalidad mantengamos esos buenos hábitos y comamos mejor», anima el experto.

Porque también cabe la posibilidad, admite, de que con el fin de las restricciones la población se lance en masa a comer fuera de casa y abuse de los llamados alimentos basura.

No obstante, Moñino confía en que «esta exposición a alimentos frescos y saludables de la que hemos hecho partícipes a los niños en los hogares así como las nuevas formas de prepararlos, los hagan más atractivos y es posible que se mantengan estos buenos hábitos a los que nos ha forzado la situación pandémica», confía el presidente colegial.

Moñino admite que pese a esos mejores hábitos alimentarios el sobrepeso y la obesidad pueden haber aumentado durante el confinamiento aunque limitándolo a aquellas personas ya con exceso de peso que redujeron aún más la escasa actividad física diaria que realizaban.

Doce mil euros por los consejos de los nutricionistas que acabaron en un cajón

El presidente de los dietistas nutricionistas lamenta la nula incorporación de su profesión a las políticas de salud de esta comunidad. Echa en falta la presencia de los expertos en nutrición en la mayoría de los ámbitos asistenciales del Servei de Salut y le recuerda que existe una Proposición no de Ley que insta a la incorporación de estos profesionales al sistema sanitario público de las Illes Balears.

Y revela un hecho esclarecedor y sintomático de esta exclusión: «En el año 2018 el Colegio cobró doce mil euros por la elaboración de una serie de consejos nutricionales que deberían darse a los pacientes en las consultas de los centros de salud. Pues bien, nunca han sido utilizados, están guardados tal y como los redactamos en algún cajón del Gabinete Técnico de Atención Primaria», lamenta tanto la escasa atención que el IB-Salut presta a su especialidad como herramienta para mejorar la salud de los baleares así como el despilfarro de dinero público.

«No toman en consideración nuestras opiniones y consejos en asuntos para los que nos hemos formado. Prefieren la opinión del algún médico que se haya especializado un poco en aspectos nutricionales durante el ejercicio de su profesión a la nuestra», concluye Moñino reclamando por enésima vez que se aproveche su conocimiento.

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