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El cambio climático obliga a reivindicar las variedades locales de tomate

El investigador Mateu Fullana.

El investigador Mateu Fullana.

Una tesis doctoral defendida en la Universitat de les Illes Balears (UIB) reivindica la necesidad de proteger las variedades locales de tomate, como la de ramellet, más resistentes a los efectos de un cambio climático que se traducirá en más calor y menos lluvia. «En un contexto de aumento de temperaturas y periodos más prolongados de sequía es importante identificar los rasgos distintivos de las variedades locales de tomates y ayudar a nuestros agricultores a conservarlos. Si no somos capaces, dentro de veinte o treinta años esos tomates se perderán y serán sustituidos por otros altamente sensibles a la sequía», explica Mateu Fullana, autor de la tesis.

Este investigador apuesta por «seleccionar los genotipos del tomate del Mediterráneo e introducirlos en otras variedades» con el objetivo de tener unos cultivos más resistentes a la escasez de agua. 

De hecho, Fullana recuerda que si la variedad ramellet está presente en Mallorca no es por casualidad. «Es fruto de un proceso de centenares de años durante los cuales esos tomates se han cultivado bajo unas condiciones muy concretas. Mientras, los agricultores seleccionaban las semillas que mejor resistían la sequía. Otra ventaja que les ofrecía esta variedad era que se conservaban mucho tiempo una vez recogida. Eso también era importante en un momento en el que no había tomates todo el año, como ahora», explica este investigador.

Producción extensiva

El sentido común imperaba en una época en la que no existían «parámetros más finos» para seleccionar y cultivar las variedades que mejor se adaptaran al ecosistema de la isla. Por eso mismo Fullana insiste en que deben ser objeto de especial protección frente a genotipos ajenos. «A escala mundial se cultivan las cuatro o cinco variedades que más tomates ofrecen por planta. Y al final al agricultor le interesa maximizar la producción porque le pagan por kilo y le compensa por muchos litros de agua que haya tenido que utilizar para el cultivo», subraya el autor de la tesis.

Son los tomates «que nos encontramos en todos los supermercados», asume Fullana. «No tienen sabor, pero producen mucho y es lo que interesa, aunque detrás de todo eso haya un consumo elevadísimo de agua y de nutrientes», añade. 

«Durante centenares de años los agricultores han seleccionado las semillas que mejor se adaptan», dice Fullana

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El tomate de ramellet, muy popular para hacer pa amb oli, no combina con ensaladas. «Se trata de seleccionar las variedades de aquí que mejor se adapten para hacer una ensalada. En Italia lo hacen, escogen variedades altamente eficientes y adaptadas a su clima para hacer sus salsas. No se trata de que solo consumamos ramellet, sino de utilizar sus rasgos distintivos en otras variedades con programas de mejora vegetal que ya se utilizan para hacer cultivos más resistentes a las enfermedades», explica Fullana.

La tesis recuerda que el tomate es el cultivo hortícola más consumido y el que tiene un mayor impacto económico en todo el mundo. Y reitera que los próximos años los genotipos más productivos -y más dependientes del agua- pueden experimentar un fuerte descenso de su rendimiento por el cambio climático.

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