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Entrevista

Aina Tarabini: "El primer objetivo debe ser acompañar a nuestros alumnos en su vivencia de este proceso"

"Los centros se deben abrir con tiempo, con recursos y con acuerdos con la comunidad educativa"

Aina Tarabini posa delante de la biblioteca d'Humanitats en la Universitat Autònoma de Barcelona. A.T.

Aina Tarabini (Palma, 1978) habla con conocimiento de causa sobre todos los aspectos de la educación. Con un discurso muy bien estructurado, tiene claro una cosa, "la relación con el alumno está por encima de la materia".

P ¿Cómo se puede medir el impacto del confinamiento en los niños?

R Ahora hace dos meses que cerraron las escuelas y ya se han publicado informes y artículos de diario en los que se pone de manifiesto las desigualdades en nuestro sistema educativo. Por un lado lo que tiene que ver con las características de las familias a nivel de estatus socioeconómico y cultural, y básicamente me refiero a cómo las familias han podido vivir esta situación en términos laborales, en condiciones de vivienda y en términos, sobre todo, a nivel de estudio. Esto tiene que ver con los recursos tecnológicos, que no están en medio de la nada. El tema está en hasta qué punto las familias no solo están marcadas por ERTE, por paro, por enfermedades, sino cómo pueden ayudar los padres a sus hijos a hacer el seguimiento escolar. Y por otro lado se ha puesto de manifiesto que la forma cómo las escuelas han afrontado esta situación, también es muy diferente. Se aprecia una enorme desigualdad en las condiciones de las familias para ejercer su labor educativa y las de los centros educativos.

P Además de la brecha digital habría que hablar de una brecha cultural. No es lo mismo que los padres tengan estudios o que no.

R Es evidente. La sociología de la educación hace muchos años que pone de manifiesto que para entender las desigualdades educativas es más importante el capital cultural que el económico. Pero aquí intento poner un punto de alerta en decir que todos los tipos de capital no se pueden entender de en medio de la nada. Lo que quiero decir es que, evidentemente, el nivel de estudios de las familias, la competencia digital, el tipo de trabajo que hacen, condiciona las posibilidades de ayudar a sus hijos. Pero esto se explica en contextos escolares particulares. Si resulta que en mi escuela me envían trabajos cada día, aquí se nota más la desigualdad en este sentido. Por eso creo que es fundamental tener en cuenta cómo actúan las escuelas ante esta situación. Porque si yo, como escuela, doy trabajos evaluables cada día a mis alumnos, no solo doy por supuesto que tienen ordenador y conexión, sino que también tienen familias que les pueden ayudar. Si envías deberes a casa y no tienes en cuenta cuáles son las condiciones para desarrollarlos, claramente la brecha no es solo tecnológica sino cultural.

P Usted habla de distancias y proximidades para entender el acompañamiento de los padres.

R A esto precisamente me refiero. Que estos capitales culturales no se entienden en medio de nada. Y que un elemento fundamental para entender los procesos de éxito, de fracaso y de abandono, son esas distancias y proximidades. Con esto quiero decir la posibilidad de que escuelas y familias hablen el mismo lenguaje. No solo idiomático, sino en el sentido de compartir significados. Muchas veces pongo de ejemplo las reuniones de familias y docentes. En ocasiones te encuentras un centro que organiza una reunión y ves las caras de las familias como si les hablaran en chino. No saben de lo que les estás hablando, qué pueden hacer respecto a aquello que se les pide; y en cambio encuentras otros ejemplos en que familias y profesores hablan el mismo lenguaje. Hay toda una parte de la desigualdad educativa que no se explica solo por la educación; es decir, necesitamos sociedades más justas en función del trabajo, del salario, de la vivienda o salud, pero como docentes hay preguntas que nos debemos hacer. Hay prácticas que pueden modificar esta relación entre familia y escuela. Y de hecho lo vemos en familias que en la misma situación social, económica y cultural en diferentes centros, actúan de forma diferente.

P ¿Qué grado de responsabilidad hay que atribuir a los padres en la enseñanza de los hijos durante el confinamiento?

R Evidentemente, las familias son responsables de sus hijos, solo faltaría. El tema es qué condiciones tenemos como padres para garantizar lo mejor para nuestros hijos, signifique lo que signifique. Querer lo mejor para nuestros hijos no significa lo mismo en diferentes contextos. Claro que los padres son responsables del bienestar social, emocional y educativo de los hijos, pero los padres no son maestros. Esta crisis ha puesto de manifiesto las desigualdades en clave de capital cultural. Cuando te mandan un trabajo, el hijo espera que los padres se lo expliquen igual que el profesor si no entiende una cosa. Y eso es muy complicado, porque seguramente los padres no han estudiado magisterio, no saben de didáctica, ni de pedagogía. Claro que las familias son responsables, pero no necesariamente saben cómo enseñar a sus hijos.

P ¿Ha quedado de manifiesto durante este confinamiento que nos movemos más que nunca en una sociedad patriarcal?

R El primer elemento que debemos poner de manifiesto es que no solo tenemos una división social del trabajo donde los hay altamente precarizados, con bajos salarios, etc, sino que esta división social es de género. Qué tipo de trabajos hacen hombres y mujeres, qué reconocimiento tienen en claves de prestigio o salario, y esto traspasa todas las esferas de vida en nuestra sociedad. En diferentes formas e identidades en función del contexto, es verdad. Siempre digo que esta desigualdad de género en la educación no solo tiene que ver en cosas materiales, que también, sino también en cuestiones mentales y emocionales. ¿Quién tiene en la cabeza todos los retos y las entregas que tienen los hijos durante la semana? ¿Quién tiene en la cabeza que hay una fiesta de aniversario y hay que comprar esto o aquello? Todo este tipo de elementos tienen nombre de mujer y, por tanto, refuerza un nivel de desigualdad muy grande. Creo que esta situación dramática que vivimos hoy en día pone de manifiesto una gran contradicción, y es que las vulnerabilidades humanas y la necesidad de cuidar a los otros, el cuidado es un elemento fundamental para sostener la vida. Este cuidado lo hacemos las mujeres y, pese a todo, estamos muy poco presentes en los debates públicos y políticos y en las formas de organizar el mundo.

P Alemania e Italia ya han abierto los colegios. ¿Vamos con retraso?

R No. Creo que comparar entre países sin tener en cuenta el contexto tiende a ser un error. Esta situación ha puesto de manifiesto la absoluta centralidad que tienen las escuelas como instituciones fundamentales de nuestras sociedades, que no puede ejercer ninguna otra. Estamos en una situación de crisis sanitaria mundial y, tal como se ha hecho un plan de apertura del mercado laboral o de los comercios, se debe hacer con los centros. Pero se debe hacer con tiempo, con recursos y con acuerdos con la comunidad educativa. Lo que no es de recibo es que se diga que en quince días se volverán a abrir los centros educativos cuando en quince días faltarán tres semanas para que se acabe el curso. Y sin saber en qué condiciones, porque si hemos de garantizar distancias de seguridad habrá que saber qué espacios tienen los centros para ponerlas en práctica; cómo podrán los docentes atender, por un lado, niños que vuelven al colegio, otros que continúan en casa, otros preparando septiembre. Lo que no se puede hacer es trasladar la responsabilidad inmensa que implica abrir los centros solo en los centros educativos a nivel individual. Las administraciones públicas deben coger el timón y pensar a corto, medio y largo plazo donde esté toda la comunidad educativa implicada. Esto no es una carrera, va de plantearnos cómo y por qué abrimos y de qué manera. Sería un error abrir rápido para evitar según qué críticas sin las condiciones para que docentes, familias y alumnos no solo tengan la seguridad de salud necesarias, sino también emocional en la situación en que estamos.

P ¿Qué hacemos con los alumnos que no disponen de ordenador, y ya no hablemos de los que no tienen conexión a internet?

R Se pueden hacer planes a corto plazo, y de hecho ya se han hecho, pero de forma insuficiente, para garantizar en la medida de lo posible que todos tengan dispositivos digitales en casa. Pero lo que se ha puesto de manifiesto son los efectos que han tenido los recortes en nuestro sistema educativo durante muchos años. Esta brecha digital no se soluciona de la noche a la mañana. Hay centros que llevan dos meses y docentes batallando diariamente buscando a sus alumnos y con algunos aún no han podido conectar, porque no tienen ningún dispositivo electrónico para conectarse.

P ¿Los colegios están preparados para ofrecer clases on line?

R Lo que también se ha visto en este confinamiento es que la educación, en el amplio sentido de la palabra, no puede ser nunca puramente on line porque hay unos elementos básicos en la práctica educativa que pasan por la presencia, por la socialización, por estar en un contexto particular de aprendizaje que no es el mismo que se ofrezca en clase que desde casa. Hay una amplia disparidad en la forma en que los centros educativos utilizan los recursos tecnológicos, ya no solo si disponen de tecnología, sino cómo la utilizan los alumnos. Educar pasa por tener elementos de presencia e interacción física que son fundamentales.

P Da la impresión de que a veces la hora lectiva se suple con el encargo de deberes. ¿Es así?

R La forma en que los centros educativos han abordado esta situación es dispar. Los hay que desde el primer día envían deberes evaluables cada día y otros que ni se han conectado. No todos los centros pueden actuar igual porque no todos los alumnos son iguales. En nombre de la autonomía no podemos permitir que cada centro haga una cosa radicalmente diferente con consecuencias clarísimas en oportunidades de aprendizaje de sus alumnos. Y por otro lado, en determinados niveles educativos ha parecido que enviamos más trabajos, lo que ha creado un nivel de ansiedad y de estrés en muchos jóvenes mucho peor que no haber aprendido un contenido curricular específico. Hay jóvenes que han perdido a familiares que no han podido despedir o que han perdido el trabajo. Llevamos dos meses encerrados en casa, en algunos casos en unas condiciones muy precarias. Presuponer que puedes hacer una labor educativa en condiciones de normalidad me parece intrínsicamente contradictorio.

P "El éxito y el fracaso escolar están marcados por la clase social". Esta frase es suya. Suena un poco fuerte.

R Pero es así. Todos los indicadores que tenemos en términos de repetición, de notas, de abandono escolar ponen de manifiesto que estas situaciones no se distribuyen aleatoriamente entre el alumnado y que precisamente el que más repite y abandona es el que viene de familias con bajo estatus económico y cultural. Tenemos un sistema educativo muy poco equitativo que deja atrás a muchos alumnos. Esto como sociedad no nos lo podemos permitir. La clase social es una variable clave para entender las oportunidades vitales de las personas en global y del mundo educativo en particular, y cabe reivindicarla para poder disminuir sus efectos.

P ¿El confinamiento puede provocar que aumenten los casos de abandono escolar?

R Sin duda. El abandono escolar está precedido por dinámicas fuertes de desvinculación educativa. Un alumno no decide abandonar el sistema de la noche a la mañana. Antes de abandonar el sistema hay suspensos, sensación de incapacidad, de que la escuela no es para ti. Y esto es grave porque la escuela es y ha de ser para todos. Y toda esta situación está agravada por el confinamiento. Hay centros que no han podido contactar con los alumnos. Algunos están en una situación tan precaria vital y escolarmente que ahora mismo ya están desconectados de lo que significa un proceso educativo on line. Esta situación agravará el nivel de abandono escolar, que ya es muy alto, como en Balears.

P Hay universidades privadas en las que los alumnos han reclamado una rebaja en la cuota mensual al no poderse impartir clases presenciales. ¿Qué le parece?

R Me parece bien. Como concepto, la educación debería ser gratuita y no lo es. No solo tenemos una red educativa muy segmentada entre pública y concertada, sino que en la pública, el nivel de copago que en muchos casos han suplido los recortes, genera un nivel de desigualdad muy importante entre familias y centros.

P ¿Hay que dar un aprobado general?

R (Duda). Es una pregunta complicada. Hay que analizar la particularidad de los alumnos. Probablemente, un alumno que está en segundo de Bachillerato y se prepara para entrar en la Universidad, y lleva no sé cuántos meses encerrado preparando pruebas de selectividad, que a este alumno le des un aprobado general que a lo mejor no le permitirá entrar en los estudios que quería, no es una buena noticia. Lo que me parecería tremendamente injusto es que se suspendiera a alumnos que durante este tiempo no han podido seguir con sus actividades porque su situación diaria les desborda en múltiples frentes. Nadie ha de perder el curso por esta situación, pero tiene casuísticas específicas que no necesariamente implica dar un aprobado general. Nadie ha de salir perjudicado en clave de notas y repeticiones por esta situación.

P ¿Hay una falta de discurso sobre la importancia de la escuela? Da la impresión de que al Govern Balear no le importa que los centros sigan cerrados.

R Hacer una afirmación así es muy fuerte y no creo que a ninguna administración no le importe la apertura de los centros. Lo que sí creo, y me refiero a Cataluña, que es donde estoy, es que ha faltado liderazgo de la administración educativa en este sentido. Han pasado muchos meses y hasta hace poco no habíamos escuchado a los máximos responsables explicando hacia dónde vamos. Es fundamental que las administraciones educativas busquen la manera de que nadie quede atrás, ni a nivel de alumnado ni a nivel de centros.

P ¿Cómo se puede paliar para el curso que viene que los niños hayan estado seis meses sin socializarse ni aprender?

R A veces se han hecho discursos sobre la pérdida de la materia que son un poco simplistas. Me explico. El riesgo no es solo de perder materia, sino mucho más amplio. Me importa más el riesgo de perder vínculos que el de perder materia. Porque esta, como tal, debería ser procedimental. No se acaba el mundo si hoy no aprendes una multiplicación y lo haces mañana. Sería un error si nuestro primer objetivo cuando volvamos a la escuela es recuperar aquellas divisiones que se han perdido. El primer objetivo debe ser acompañar a nuestros alumnos en su vivencia de este proceso. Porque si están en una situación de angustia, pasa por delante de no saber hacer una multiplicación, o en todo caso va junto. No garantizaremos el aprendizaje de contenidos si no aseguramos un contexto que permita que los jóvenes estén acompañados en la vivencia de este proceso.

P Se ha hablado mucho del silencio del profesorado, al menos en Balears.

R No me puedo posicionar sobre el silencio del profesorado de Balears. Pero sería un poco injusto atribuir un exceso de responsabilidad a los docentes porque, al menos en Cataluna, y en Balears debe ser similar, los hay que se han posicionado y han hablado clarísimamente. Los docentes como colectivo están viviendo una situación de estrés y de adaptación a una situación que no habían vivido nunca, y en muchos casos en condiciones muy precarias. Se ha de tener en cuenta y valorar el esfuerzo de los docentes, que no siempre ha sido reconocido.

P En ocasiones se producen situaciones contradictorias. Por ejemplo, padres que no dejan utilizar pantallas a sus hijos por considerarlas perjudiciales, pero ahora resulta que sí son aconsejables, si no imprescindibles.

R Considero que hay una cierta moralización sobre el discurso que se hace sobre las pantallas. En las pantallas, como en todo, no es una cuestión de sí o no sino de cómo y por qué. Nuestro mundo está lleno de pantallas. En sí no son buenas ni malas. La pantalla es una técnica. Lo importante es qué hay detrás de aquella pantalla a nivel pedagógico y metodológico por parte de los centros y por parte de las familias. Deberíamos evitar un discurso acusador de las familias.

P ¿Cómo será la escuela poscovid?

R No tengo ni idea. Creo que nadie lo sabe y es el momento de pensarlo de forma seria. Pero nos equivocaríamos si solo pensamos en una cuestión técnica. Hemos de plantearnos cuál es la esencia de la escuela como institución, los elementos centrales que no han estado en primer plano y deben estar. Lo que sí creo es que si ha de haber un cambio escolar no será por gracia divina, sino porque se piensa y se lidera y se aplican recursos para que este cambio sea posible. Cuando oigo el discurso de que lo que ha pasado será una oportunidad, creo que por sí mismo no lo será.

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