12 de enero de 2020
12.01.2020
Pobreza

El techo que permite a Pedro empezar su tercera vida

Tras años de adicción y malviviendo en albergues, este palmesano ha recobrado la ilusión por el futuro

12.01.2020 | 01:14

Un total de 79 ciudadanos han salido del sinhogarismo en Mallorca gracias a Llar amb Suport y Primer la Llar, dos programas del IMAS que parten de la idea de que dar un alojamiento digno y un plan individual de intervención es el primer paso para sacar de la exclusión a las personas que viven en la calle o en los refugios

Pedro lleva en su cartera una foto suya de hace unos años. Consumía drogas, pesaba 20 kilos menos, tenía ojeras y la mirada cansada, dormía en un albergue, vivía con miedo, no albergaba esperanzas. De vez en cuando mira la foto: "Es un recordatorio, para que no se me olvide que yo soy éste también y que no puedo bajar la guardia".

Hoy Pedro ha subido de los 50 a los 70 kilos, tiene la piel reluciente, la sonrisa fácil y abierta, los hombros relajados y planes de futuro. Y es que tras 15 años viviendo al filo y sin hogar, ahora no se droga, vive en una casa y se prepara para abordar la búsqueda de empleo.

Nos cuenta su historia en la cocina, sin adornos ni autoindulgencia, con serenidad y aceptación: "No maquillo nada, ya he contado demasiadas mentiras: me he esforzado mucho, pero también me he equivocado mucho".

Gracias a su esfuerzo y a un programa del Institut Mallorquí d'Afers Socials (IMAS), Pedro Miguel Hernández González ha empezado su tercera vida. La clave que le ha permitido renacer a los 46 años ha sido darle herramientas, acompañamiento, autonomía y un hogar para arrancar. Una segunda oportunidad en forma de techo.
Su primera vida fue como la de tantos otros jóvenes mallorquines. Vivía con su hermano y sus padres, llegados de Albacete a Mallorca muy jóvenes, en un chalet "de lujo" en el Pont d'Inca. Estudió Formación Profesional, fue de viaje de estudios a Nueva York. Tenía su novia, sus amigos. Con 19 años empezó a consumir drogas: "Al principio controlas, luego el cuerpo te lo empieza a pedir... y ya no controlas".

Cuando tenía 31 años, su madre falleció. Estaba muy unido a ella y su muerte detonó una espiral que le llevó a su segunda vida: "Ya no estaba muy bien, caí en una depresión importante, me dopaba para evadirme, para no pensar". La muerte de su madre supuso "el desmoronamiento" de la familia y la ruptura de Pedro con su padre y su hermano. Y con la realidad y con él mismo.

En 2011 se vio en la calle y comenzó a peregrinar por varias instituciones sociales. En el albergue de Sa Placeta pasó varios periodos, el más largo llegó al año. Lo recuerda como la peor época de su vida: "Había robos, peleas... vivía en la indigencia, no veía sentido a mi vida y tomaba drogas para no sentir".

¿Cómo era un día normal en aquella época? Vivía con miedo, dormía inquieto, siempre estaba en guardia. A las ocho los despertaban para el desayuno. Y luego se preparaban para pasar todo el día sin nada que hacer: "Era ir a vagabundear o quedarte allí a ver cosas horribles". Al final, "o vas anestesiado o no lo soportas".

La vida en el refugio

"Fíjate que Sa Placeta está entre el cementerio y la cárcel, como si fueran tus dos únicas salidas", reflexiona Pedro. Él ha visto a muchos conocidos morir por la mala vida: sabe lo que es compartir un pitillo con un compañero tras la cena y descubrir al día siguiente que no había sobrevivido a la noche. "Al final lo normalizas", narra, "y te preguntas: ¿cuándo me tocará a mí?".

¿Cómo es un día normal hoy? Totalmente diferente, "un cambio brutal". Y no solo el día ha cambiado, también la noche: a veces se despierta a las cuatro de la mañana y le vuelven los temores. "Me desvelo y me pregunto ¿dónde estoy? Luego me digo ah, en mi casa y me vuelvo a dormir como un bebé".

Por la mañana se despierta, desayuna (no perdona una de las cinco comidas al día: recuperar el físico es uno de sus objetivos), se asea, arregla y limpia su cuarto ("mi gran orgullo"), hace su compra, mira un poco la televisión, o sale a pasear un poco por el barrio (cada vez sale más: al principio se resistía a salir del recién conquistado nido). También charla con sus compañeros de piso o con Juan Fran, su trabajador social, que lo visita cada lunes y con el que hablan sobre sus planes de futuro: "Es casi como un hermano, está ahí siempre pero no me impone nada, yo tomo las decisiones".

Juan Francisco Fernández es trabajador social de Hogar Sí, la UTE surgida de la Fundación RAIS-Asociación Provivienda que se encarga de la implantación en Mallorca de los programas Primer la Llar y Llar amb Suport, basados en la metodología housing first y housing led.

Primero, la vivienda

La idea de partida de este método es que para acabar con el sinhogarismo y lograr la reinserción de estas personas el primer paso es facilitarles el acceso a la vivienda. Primero darles un alojamiento digno, y después seguir avanzando.
A Pedro se lo propuso la directora de Sa Placeta. Primero fue escéptico: "Me han contado muchas veces programas que luego no son ni la mitad de lo que me habían dicho".

Pero en el caso de Llar amb Suport no tiene ningún pero que poner. En enero de 2019, hace justo un año, Pedro salió de Sa Placeta y se instaló en el piso alquilado por el IMAS, que compartía con otro compañero cerca de Plaza Madrid, en Palma. Hace medio año se trasladó al que está ahora, donde vive con dos usuarios más, un hombre y una mujer, en el Coll d'en Rabassa. La UTE trata de alquilar los pisos en barriadas dispersas, evitando las zonas más deprimidas.

¿Basta un techo para recobrar el paso en la vida? No es una cuestión solo de infraestructura: "Te tratan como una persona y eso te enaltece". Se le ha dado una confianza y una responsabilidad. Y él ha respondido.

"Yo soy una persona, con un pasado y con problemas, pero soy una persona". Durante su segunda vida, él no se veía persona. No se veía, literalmente: podía pasar meses sin mirarse al espejo. Ni siquiera el sistema lo tenía registrado como persona y llegó a estar un año sin DNI:"Para poder pagar la renovación tuve que trabajar dos mañanas como jardinero, fíjate cómo vivía".

Contando a Pedro, 26 personas participan en el programa Llar amb Suport. Eran usuarios que estaban algunos de los albergues de los refugios y albergues que conforman la Xarxa d'Inclusió. Por su perfil, se cree que dándoles la posibilidad de un ambiente normalizado y ofreciéndoles apoyo externo podrán conseguir autonomía para salir adelante por su cuenta con el tiempo (no hay un plazo: cada persona hace su proceso según un plan individualizado, indica Juan Fran).

Primer la Llar es otro programa del IMAS que se dirige a personas que están viviendo en la calle. Un total de 53 personas han dejado de dormir a la intemperie gracias a este plan. Se les da una vivienda unipersonal y se activa un plan de acompañamiento e intervención. ¿El objetivo? Empoderarlas para que vean que pueden ser autónomas. Lograr la recuperación, la reducción de daños y la plena inserción social.

Así, 79 personas han salido del sinhogarismo gracias a estos dos programas, que empezaron a aplicarse en Mallorca en noviembre de 2018.

Recuperar vínculos

Pedro ha recuperado la relación con su familia. Estas Navidades las ha celebrado con sus tíos, su hermano, sus sobrinos y las recordará como las primeras fiestas felices en 15 años. Pero sabe que queda camino por andar.
Espera que se le conceda alguna ayuda (ahora recibe 30 euros para comida y le pide a Juan Fran cuando necesita dinero para algo en concreto), pero él ya ha hecho su currículum y ahora le toca ir a las bibliotecas para enviarlo y buscar empleo por internet, así como ir a Palma Activa, la Fundació Deixalles...

Le interesa estudiar el grado superior de FP de Integración Social e incluso dice que le gustaría trabajar como Trabajador Social: "Solo me falta la teoría", ríe, "la práctica ya la tengo, la he vivido". Así se lo recuerda la foto que lleva en la cartera. Esa imagen es un recordatorio, pero no un lastre. Su tercera vida acaba de comenzar.

Los datos


Según los últimos datos del IMAS, más de 540 personas carecen de hogar en Mallorca. El Institut Mallorquí d'Afers Socials contabilizó 255 personas durmiendo en la calle en el censo que realizó el año pasado (lo que representa un 44% más que cuatro años atrás). A este número, hay que sumar las 286 personas que pernoctan en algunos de los once centros y refugios de acogida que existen en Mallorca como parte de la Xarxa per l'Inclusió. La cifra de personas sin hogar sin embargo aumentaría si se pudiese añadir el número de ciudadanos que viven en pisos 'okupados' o en infraviviendas por no poder pagar el alquiler.

 
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