26 de septiembre de 2019
26.09.2019
Quiebra de Thomas Cook. El Cook's club Palma beach que gestionaba el grupo vuelve a manos de su propietario

"Vamos a volver a pagar el hotel, no queremos ir a casa"

Hace falta mucho optimismo por parte de turistas y trabajadores del sector para afrontar la hecatombe de Thomas Cook

26.09.2019 | 02:07
"Vamos a volver a pagar el hotel, no queremos ir a casa"

Es el mismo hotel en el con las puertas abiertas Peter Fankhauser clamó a los cuatro vientos al inicio de la temporada que la crisis de Thomas Cook era simplemente "ruido". El mismo hotel en el que el consejero delegado del gigante de la turoperación con pies de barro alardeó de que el grupo británico estaba en plena expansión hotelera. El mismo hotel en el que Fankhauser aseguró en junio contar el respaldo de los accionistas y los bancos, los alemanes Bern Kallenberguer y su pareja, Gabri Aldinger, tuvieron ayer que pagar por segunda vez la semana de hotel que ya tenían contratada.

Qué podemos hacer! No queremos irnos a casa", dice Gabri a las puertas del Cook's Club Palma Beach, en Platja de Palma, recién llegada del aeropuerto desde Stuttgart.

Bern asiente. Hace un mes pagaron 500 euros cada uno para pasar una semana de vacaciones en Mallorca, con desayuno y cena incluida. Han volado por su cuenta con una aerolínea de bajo coste. Representan la realidad del turista hoy en día, sin embargo, su semana de hotel la contrataron en una agencia de las de toda la vida. Y por ello, a sabiendas de la quiebra de Thomas Cook, cogieron el avión. Están siendo asesorados por su agente de viajes.

La pareja de alemanes explican su caso bajo la atenta mirada de un agente de seguridad que no permite el mínimo acercamiento a las escalerillas de la entrada del mismo hotel en el que en junio no cabía un periodista más en la sala de prensa, ante la expectativa de contar con Fankhauser –acompañado por Enric Noguer, director de la división hotelera de la compañía– dando la cara por un dinosaurio que tiene mucha historia detrás y hará más historia por su pésima adaptación a la nueva realidad del modelo turístico.

Bern y Gabri hace treinta años que veranean aquí. La escapada al sol mallorquín transformada en "un viaje de aventura", les va costar un pico. Cuentan con la tranquilidad del respaldo de la agencia de viajes. "Ya nos avisaron ayer [por el martes] de que seguramente nos harían pagar otra vez".

¿No tenían miedo de contratar vacaciones con una compañía en plena crisis? "Hasta el domingo no supimos lo que estaba ocurriendo –replica Bern–, en Alemania el declive de Thomas Cook no ha sido una gran historia". Gabri insiste: "No queremos irnos a casa. Solo espero disfrutar nuestras vacaciones".

La agente de viajes con la que contrató su estancia la pareja de Stuttgart en el Cook's Club's, New Generation (qué ironía que Thomas Cook le pusiera esa coletilla a esta cadena) tenía razón, corrobora Bern tras salir a contar cómo le fue en la recepción. "Hemos de pagar 112 euros por día. Nos vamos a comer y luego hablamos con nuestra agencia en Alemania, ahora está cerrada".

El Cook's Club es ahora como un búnker cerrado para los extraños. Le acompaña hasta el tono gris de la fachada que se le imprimió tras la inversión de cinco millones que dijo Fankhauser venían a relanzarlo como un hotel para las nuevas generaciones.

La terraza de la piscina, con música de fondo, está animada. En recepción tres trabajadores lucen un semblante serio, acorde con las camisetas del mismo color de su uniforme. Apenas el equipo de este diario se identifica, son invitados de forma cortés a abandonar el hotel. Un agente de seguridad privada enojado porque se le 'colaron' los periodistas, saca su peor cara para que los reporteros salgan pitando. Sigue con rabia contenida las conversaciones entabladas a pie de calle con los huéspedes.

Una camarera de pisos limpia un balcón del hotel. No puede evitar mirar a los reporteros y hacer un descriptivo gesto llevándose la mano al cuello. "Los tenemos aquí", viene a decir. Y se mete rauda hacia la habitación. No vaya a ser que la vea el vigilante de seguridad y se le acorten aún más los pocos días de trabajo que le deben quedar en este hotel que gestionaba Thomas Cook, pero es de la cadena Hoteles Globales, del empresario José Luis Carrillo, aquel que presidió la aerolínea Air Madrid, otra historia de quiebra.

Otros dos huéspedes jóvenes salen del hotel. Son alemanes y piden no identificarse. Su primer viaje a Mallorca será inolvidable. Ella trabaja en Condor. Solo dice que está tranquila (su semblante muestra lo contrario) tras trascender la noticia de los 400 millones con los que el Gobierno alemán ha salido al rescate de la aerolínea germana de Thomas Cook. Hoy regresa con su novio venezolano a su país. Estas vacaciones son un premio que ganaron. Nunca las olvidarán.

"Nos afecta a todos"

Visitar ayer un hotel de Iberostar no le venía bien a la cadena mallorquina, que es una de las grandes perjudicadas de la caída de Thomas Cook. Por contra, Meliá abre sus puertas, en este caso del Sol Katmandú Park ?sort. Su directora general, Galina Sosa, da cuenta de que hasta el 3 de noviembre tenían 300 estancias (noches) contratadas. "No somos de los hoteles más afectados de la cadena, como por ejemplo los de Calas de Mallorca". Transmite la filosofía de la cadena ante la crisis: "Estamos haciendo de puente entre los clientes y sus agencias; no siempre reciben la información a tiempo. Lo primordial es tranquilizarles y garantizarles su estancia. El turismo es un ecosistema y esto nos afecta a todos".

Ayer mismo dejaba el Katmandú una británica que había llegado con un paquete de Thomas Cook. Tiene movilidad reducida, tras un accidente de tráfico que sufrió hace un mes, en el que perdió a su marido y sus padres. "Es una cliente habitual", relata Stefano Coppola, el jefe de calidad del hotel. Se vino a olvidar la tragedia y recordar aquellas vacaciones vividas en familia en Mallorca. La noticia de la quiebra de Thomas Cook la derrumbó. Se logró adelantar su vuelta, prevista para el sábado.

El británico Dave, rodeado de su familia, cree que es muy triste que haya gente que ha perdido sus vacaciones ya pagadas. "Tengo una amiga a la que le ha pasado". "Para su nieto Alexander esta es su primera salida del Reino Unido. "Por suerte no vine con Thomas Cook", dice sonriendo.

José Luis Huete, jefe de Consejería del Katmandú, con cuatro décadas trabajando en turismo hace memoria: "No ha habido una quiebra tan importante como esta. Era una muerte anunciada".

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