14 de octubre de 2018
14.10.2018

Mateu Puigròs: "Muchos vecinos han estado a punto de morir, Sant Llorenç tendrá secuelas"

"Lo más desolador fue al día siguiente cuando visitamos el pueblo, la gente lo ha perdido todo", lamenta Puigròs

14.10.2018 | 00:35
Mateu Puigròs: "Muchos vecinos han estado a punto de morir, Sant Llorenç tendrá secuelas"

Alcalde de Sant Llorenç. El primer edil del municipio devastado por la catástrofe no quiere protagonismo. Subraya que gracias a todos los colectivos se ha podido reflotar la localidad. Militares, especialistas, particulares y voluntarios se volcaron en la zona cero de inmediato

Llegó a la alcaldía de Sant Llorenç hace 23 años. Los vecinos le paran por la calle y le hacen entrar en sus casas. Mateu Puigròs (GISCa), natural de Son Carrió, atiende a todos con paciencia. Su teléfono móvil no deja de sonar. Charla con los militares y voluntarios desplegados y no deja de agradecerles su trabajo. Sus ojos reflejan el cansancio de estas últimas jornadas difíciles de olvidar. Lo primero que recalca: "Aquí en el pueblo trabajamos todos".

¿Cuántas horas ha dormido desde el día de la catástrofe?

Todos hemos dormido pocas horas. Estos últimos días hemos podido descansar un poco más, pero los dos primeros, prácticamente nada.

¿Ésta ha sido su peor semana como alcalde en los 23 años que lleva al frente del consistorio?

Sí y con diferencia (silencio). El primer año de alcalde hubo una cosa puntual en sa Coma, cinco ahogados en el mar en un temporal, pero no tiene ni punto de comparación con lo que ha ocurrido este año. Y en el año 1989, cuando era regidor, también hubo una riada bastante dramática, pero tampoco tiene punto de comparación con lo que ha pasado estos últimos días en Sant Llorenç.

¿El martes por la tarde dónde se encontraba usted?

El diluvio me cogió en la gasolinera en la salida de Sant Llorenç hacia Manacor. Yo venía de Manacor hacia el pueblo y tenía que parar para repostar. Cuando me paré en la gasolinera ya llegaron coches de la Guardia Civil y ya no me moví de allí hasta las diez de la noche. Antes, había estado lloviendo pero no de una forma escandalosa. Aunque es evidente que la tormenta más grande se localizó en esta bifurcación, una vaguada, que hay entre los dos torrentes: el de Ca'n Amer i el de ses Planes. Allí se concentró todo y se desbordó en el núcleo urbano.

¿Hasta cuándo estuvo en la gasolinera?

Estuve allí hasta que pude cruzar con un Jeep de Emergencias hacia el punto de control donde se instaló el puesto de mando en la zona de sa Cova. En la gasolinera estuve dos horas y media.

¿Y cómo fueron estas dos horas y media de espera?

Todos los que estábamos allí porque también había gente que se tenía que ir hacia Artà, Capdepera y Cala Rajada, ya que de Sant Llorenç éramos pocos, vivimos unas horas dramáticas, angustiosas, sobre todo porque los teléfonos móviles dejaron de funcionar y esto creó una situación de alarma. Todos los que estábamos allí teníamos algún familiar que podía haber pasado por esta zona de la inundación. Y eso sí que fue bastante caótico y angustioso.

¿A usted también le entró el agua en su casa?

No, yo soy de Son Carrió y vivimos a las afueras en una parte elevada y gracias a Dios no hemos sufrido ningún daño.

¿Cuándo se enteró de la riada y de las graves inundaciones?

Hubo gente que cruzó al límite por la zona más conflictiva, por la rotonda que va a Son Carrió, o gente que tuvo que dar media vuelta. Fue algo inmediato, allí nos enteramos de la situación. Allí se dio la voz de alarma. En la gasolinera fui consciente de la gravedad de la situación. A medida que iba llegando la gente, llegaban las noticias de los hechos.

¿Una vez llegó al puesto de mando, sobre las nueve y media de la noche, ya pudo recorrer las calles del pueblo?

No, no se podía pasar por ningún sitio. Las calles del pueblo pudimos recorrerlas con la consellera Catalina Cladera pasadas las tres de la mañana. Nos acompañó un equipo de emergencias y solo pudimos llegar hasta la primera rotonda. No se podía pasar más allá. Había un pila de coches, árboles y ramas. Era un desastre.

¿En esas primeras horas en el puesto de mando cómo les llegaba la información?

A través de las emisoras de la Guardia Civil y gracias al despliegue de sus patrullas supimos que había gente que había quedado atrapada en los coches o fuera y que habían sido rescatadas. A estas personas las llevaban al punto de control a una zona específica. Cuando yo entré en ese lugar, había unas 20 personas allí dentro. Después, fueron trasladadas en autocar al polideportivo Miquel Àngel Nadal de Manacor.

¿Cuándo pudo entrar a las calles más devastadas del pueblo?

Hasta las ocho de la mañana no pudimos recorrer todas esas zonas. Los que estábamos allí no fuimos conscientes hasta el día siguiente de la gravedad más absoluta. Cuando empezó a salir el sol el miércoles ya vimos la realidad, porque por la noche no había farolas ni nada, solo las luces de los coches, y ya se veía la inmensidad de la tragedia. Lo más desolador fue al día siguiente cuando dimos una vuelta por las calles del pueblo y vimos que todas las casas habían quedo maltrechas.

Los vecinos pasaron una noche de gran angustia.

La gente sufrió una situación de riesgo llevada al extremo. Los vecinos nos contaron que subieron a la buhardilla de sus casas o a la terraza para esperar a que el agua bajara con el miedo de que no sabían cuándo pararía de subir. Hay casas en los sitios más bajos donde el agua llegó al techo.

¿Qué es lo que más le impactó del primer día tras la riada?

Lo que me impactó más fue cuando vi que las calles estaban llenas de todas las cosas que había dentro de las casas. No me podía imaginar tanta devastación. Todo lo que había en las plantas bajas de las casas afectadas por la inundación quedó inservible. Los vecinos lo perdieron todo. No pudieron salvar nada: el sofá, los muebles, el ropero...

¿Cómo le ha afectado física o psicológicamente esta catástrofe natural?

Todos los que hemos estado ante esta situación, que hemos sido muchos durante estos días, creo que el esfuerzo realizado supera al cansancio que podamos tener. La parte emocional ya es otro aspecto que cada uno personalmente lo vive de forma diferente. Desgraciadamente, la mayoría hemos experimentado una sensación de impotencia y de preguntarnos por qué nos ha tocado esta catástrofe justamente aquí.

¿Cómo se organizaron desde el Ayuntamiento?

A nivel municipal, en la gasolinera conseguimos reunirnos con un par de regidores y luego en el puesto de control, sobre las diez o las once de la noche. Luego, el Govern activó el protocolo para estos casos y lo único que hicimos fue colaborar con ellos. Yo creo que los protocolos estuvieron muy bien organizados.

¿Qué es lo que falló?

Si hay que decir algo que falló es que técnicamente nos imaginamos que no era posible prever este fenómeno atmosférico tan adverso en esta zona. La lástima es que no se pudiera prever mínimante en un espacio de diez horas. Hoy en día se sabe que se producirá un fenómeno atmosférico del tipo que sea con una antelación fiable al cien por cien en 24 horas. Creo que esto debe tener una explicación por parte de los técnicos de meteorológica.

¿El Govern actuó bien?

Es evidente que la actuación del Govern ha sido excelente. La consellera Cladera ha estado aquí cada día, la presidenta del Govern también. Han venido a trabajar, no a pasear. Los recursos y los medios que han destinado creo que han sido los adecuados.

¿Hubo descoordinación?

No, de ninguna manera ha habido descoordinación. Además, hay que tener en cuenta que había muchos organismos trabajando: UME, Guardia Civil, Protección Civil, bomberos, policía local... Y se tuvo que organizar todo, lo que no es sencillo.

¿La alerta llegó tarde?

Cuando se dieron cuenta de lo que ocurría activaron el sistema y funcionó correctamente. Ahora bien, la pregunta es: ¿por qué no se pudo prever? A ver si alguien lo explica. Fue algo insólito, se dieron tres circunstancias distintas en un mismo lugar.

¿Qué es lo positivo que ha dejado la catástrofe?

La gran capacidad de solidaridad demostrada estos días en primer lugar por la misma gente de Sant Llorenç y también por la gran cantidad de gente que ha venido y que ha colaborado, los voluntarios, empresas que nos han enviado material o comida. Todo esto, esta inmensa colaboración no sabemos cómo lo podemos agradecer como pueblo.

¿Y qué es lo más negativo?

Las vidas humanas que se han perdido a raíz de este fenómeno.

¿Ya tienen el balance de daños tras el desastre natural?

No, aún no. Los técnicos están trabajando para evaluar los daños. A nivel particular, los desperfectos son cuantiosos en casas y negocios. Hay una veintena de negocios perjudicados. También hay más de 200 coches dañados. Intentaremos agilizar al máximo las ayudas. A partir de mañana, dos expertos atenderán a los perjudicados en el Ayuntamiento.

El pueblo tiene un problema con las riadas.

Las últimas riadas no han tenido trascendencia tras la ampliación del torrente en 1989, que en aquel momento pensamos que se había sobredimensionado.

¿El pueblo ha crecido en zonas inundables?

Las casas afectadas de las zonas más bajas junto al torrente no son nuevas. Hay algunas que tienen cien años. Las calles afectadas también son antiguas.

¿Cómo podemos ayudar?

La mejor ayuda ahora es con una aportación económica.

El pueblo ha sido muy fuerte.

Se ha contagiado la fuerza entre todos. Nos ha sorprendido la vitalidad y el coraje del pueblo.

¿Sant Llorenç tendrá secuelas tras la catástrofe?

Es evidente que sí, ante una situación tan traumática en la que mucha gente ha estado a punto de morir, cuando el ímpetu pase, tendrá consecuencias emocionales.

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