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IX Legislatura/ Toma de posesión

Un Consolat "abierto a todo el mundo" encumbra a Armengol

En el patio de la sede del Govern no cabía un alfiler y, aunque la ausencia de varios de los hoteleros más significativos se dejó notar, no deslució la toma de posesión de la socialista, que se convierte en la primera mujer en presidir esta comunidad autónoma

­El sofocante calor no arredró a todos los simpatizantes del nuevo Govern que hoy inicia su andadura y el patio del Consolat de la Mar se quedó pequeño para albergar a tanta gente que se aliviaba como podía del calor con abanicos y bebiendo mucha agua. Anticipándose al discurso de la ya flamante presidenta, en el que aseguró que las puertas del Consolat dejarían de estar abiertas solo para algunos, numerosas personas quisieron ser testigos directos de la toma de posesión de Armengol. Y "tomaron" literalmente la sede del Govern.

Pese a que desde fuentes de la organización se aseguró que 655 invitados habían confirmado su asistencia al acto de toma de posesión, un simple vistazo permitía darse cuenta de que allí había más personas ya que, a pesar de las invitaciones, no se prohibió la entrada a nadie.

No se vio a tantos hoteleros como en la toma de posesión de José Ramón Bauzá, hace ahora cuatro años, pero sí estuvo Aurelio Vázquez, de la Federación Hotelera de Mallorca, Miguel Nigorra, aunque guardando distancias, en un segundo plano, Pedro Iriondo, de Aviba, y Joan Melis, presidente de la Asociación Hotelera de Menorca, entre otros representantes del sector.

Antes de la salida de los consellers y de las principales autoridades, una señora de un inmueble vecino arrancó los aplausos de los asistentes al colgar una senyera de su balcón. El ministro de Justicia, Rafael Catalá, que llegó con unos minutos de retraso, se perdió ese pequeño reconocimiento a uno de los símbolos de esta tierra que el anterior Govern quería prohibir con una ley que será derogada hoy en el primer Consell de Govern de esta legislatura.

Tras la anécdota, el acto de toma posesión arrancó con los acordes de la Orquestra Simfònica de Balears, que interpretó varias piezas y sirvió de prolegómeno de la promesa del cargo de presidenta por parte de Armengol y su posterior discurso de investidura, interrumpido por los aplausos en varias ocasiones.

La familia socialista estaba casi al completo. El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, no quiso perderse la toma de posesión junto a Ximo Puig, flamante presidente de la Comunidad Valenciana. Ambos dirigentes fueron homenajeados más tarde por sus correligionarios con una fiesta en es Baluard. El alcalde José Hila, la exalcaldesa Aina Calvo, el próximo director del Servei de Salut, Juli Fuster, el senador Francesc Antich, Javier Clavero, jefe de gabinete en la conselleria de Salud de Vicenç Thomàs, el propio vicepresidente primero del Parlament, el exdelegado del Gobierno Ramon Socías, Joan Mesquida, director general de Proyectos estratégicos del ayuntamento de Calvià, y veteranos como Antoni Diéguez o Bel Oliver también participaron de la fiesta.

La presencia del PP fue más discreta. Un estoico José Ramón Bauzá aguantó las continuas referencias a su mandato dictatorial acompañado por su inseparable Antoni Gómez, escoltándole varias filas más atrás, más postergado incluso que Margalida Durán o Marga Prohens. También pasó el mal trago la ya exconsellera de Asuntos Sociales y Familia, Sandra Fernández, que hoy le dará el relevo a Fina Santiago.

El presidente de El Pi, Jaume Font, secundado por su diputado Josep Melià, no tuvo reparos en elogiar el discurso de la presidenta. "Mejor que el del Parlament", sentenció este último.

El mundo judicial contó con la representación institucional de Antoni Terrasa, presidente del TSJB, y Bartomeu Barceló, fiscal jefe de Balears. Incombustibles como el presidente del Consultiu, Rafael Perera, o Alexandre Forcades, del Cercle d´Economia, también se acercaron al Consolat a escuchar a la primera presidenta de esta comunidad. De la misma manera que lo hicieron Carmen Planas, presidenta de la CAEB, Pau Bellinfante, de Afedeco, o la sindicalista Katiana Vicens. Para animar una fiesta a la que acudió mucha gente, aunque quizá no tan importante como en ediciones anteriores, los camareros sirvieron agua y Brut Veritas, un cava de la tierra.

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