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Premios Princesa

Una "inmoral" ciclista afgana en el escenario del Campoamor

La deportista simbolizará en Oviedo la lucha de las mujeres contra los talibanes, lo que en su caso la llevó al exilio tras ser amenazada, apedreada y atropellada por disfrutar de la bicicleta

Masomah Ali Zada. EPC

Masomah Ali Zada habrá escalado su Tourmalet particular para cuando le toque subirse al escenario del Teatro Campoamor. Lo lleva haciendo desde hace años. Casi cada día desde que es una niña. Esta ciclista afgana de 26 años, actualmente refugiada en Francia con su familia –tiene una hermana que también es ciclista–, corrió el domingo en la localidad suiza de Aigle, sede de la Unión Ciclista Internacional (UCI), el Campeonato de ciclismo en Ruta de Afganistán. Pero estaba muy lejos de Afganistán.

Con las circunstancias políticas actuales la prueba que disputó es imposible que se celebre en su país de origen. Porque allí los talibanes han decidido que las mujeres, retiradas de la esfera pública, tampoco pueden hacer deporte.

Masomah Ali Zada pasó sus primeros años de infancia en otro exilio, en Irán. Fue allí donde su padre le transmitió su pasión por el ciclismo, que prendió en la joven para siempre. Cuando la familia pudo regresar a Kabul, una vez que los talibanes fueron expulsados del poder, Masomah cursó estudios universitarios de deporte, ejerció como profesora y empezó a entrenar en bicicleta junto a otras mujeres. Pero su pasión, tal como siempre cuenta la joven, no era bien vista por todos y se volvió cada vez más peligrosa.

"Decidí seguir pedaleando y ser un buen ejemplo para otras mujeres. Quería y quiero demostrar que está bien que una mujer monte en bicicleta y me propuse normalizar la visión de una mujer en bicicleta en las calles de Kabul", ha explicado en diversas ocasiones sobre aquella época. Pero el peligro en ese entorno era real. Sufría insultos, amenazas y mofas por la calle. El episodio más grave lo vivió cuando un hombre le atropelló con el coche y lejos de pararse a socorrerla, se jactó de su hazaña. Quizá supo, entonces, que la valentía podía tener un precio.

Su historia llegó a oídos de la Embajada de Francia, que invitó a Masomah Ali Zada y a su hermana a competir en una carrera en el país galo. Tras la invitación, ambas se quedaron a vivir en suelo francés, donde también estudian.

En la Universidad de Lille está terminando la carrera de ingeniería civil, con especialización en ingeniería urbana. Y mientras, el ciclismo se ha convertido en una bandera. "Reforzó para mí la imagen de mi deporte como símbolo de libertad para las mujeres afganas", ha contado Masomah Ali Zada en cuantos foros comparece, convertida, como ya es, en un referente de la lucha contra los talibanes tras su participación en los Juegos Olímpicos de Tokio bajo la bandera del equipo olímpico de refugiados.

La misma bandera que enarbolará cuando en el Campoamor se cite el premio "Princesa" de los Deportes.

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