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Doctor en historia, director del archivo y biblioteca de Palma, autor de 'Tomás Harris'
Entrevista

Pedro de Montaner: «Tomás Harris muere porque sabía demasiado de unos y otros»

Pedro de Montaner (Alicante, 1950) es doctor en Historia, dirigió la Biblioteca y el Archivo municipales de Palma. El señor de Can Vivot acaba de publicar la joya literaria ‘Tomás Harris’, en torno a la vida y muerte en Mallorca del artista a quien se acusa de doble espía británico y soviético.

«Tomás Harris muere porque sabía demasiado de unos y otros»

Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿Se ha enamorado de su personaje?»

No. Le llamo Tommy, y desde el primer momento me atrajo su carácter poliédrico de máxima autoridad en la obra gráfica de Goya, traficante de obras de arte y espía.

¿Le gustaría haber conocido a Tomás Harris?

Una anécdota auténtica refiere que estuvo en esta casa, Can Vivot, en los años treinta. Buscaba rembrandts que aquí nunca ha habido, confundió los apellidos Montaner y Cotoner.

¿En qué orden era Harris artista y espía?

Son naturalezas indisolubles, factores ligados en la vida del hijo de un gran galerista y judío holandés, casado con una andaluza de familia de rejoneadores. Harris se formó artísticamente al máximo nivel, y se integró en la cúpula del espionaje británico.

La clave está en averiguar si era además un espía doble británico y soviético, del grupo de Cambridge.

Hay datos muy inquietantes para sospechar su pertenencia, también se dan razones para considerarlo el quinto hombre, pero no me puedo manifestar.

Incluir a Harris entre los espías dobles es demasiado fácil, excluirlo es demasiado difícil.

Desde mi punto de vista es demasiado difícil desligarlo del grupo de Cambridge. Poniéndome en su papel, es improbable que desconociera la traición a Inglaterra de sus amigos. Cuesta negar la evidencia, ¿cómo creer que no conocía las informaciones que se intercambiaban en las numerosas fiestas que compartían? Me gustaría contemplar su convivencia por un agujerito.

Harris sería el único miembro del círculo de Philby, Blunt y Burgess que no fue espía doble.

Harris estaba absolutamente comprometido con ellos, rodeado de ellos por todas partes. Eran niños cultos, elitistas, muy pijos, tenían a Somerset Maugham como referente intelectual. Y cherchez la femme, Enriqueta Harris, la hermana de Tomás, era la protegida artística de Anthony Blunt.

Por si fuera poco, hay una mesa de despacho mallorquina en la residencia del traidor Kim Philby en Moscú.

Ya la tenía en Beirut, es un buffet mallorquín que le regaló Harris como prueba de amistad, otro dato sobre la fortaleza del vínculo. Graham Greene edita las memorias de Philby, adjuntando un comentario en que relativiza la importancia de la traición cometida por el grupo.

Harris muere al estrellarse en una carretera mallorquina con un árbol que conocía de sobras.

En efecto, lo había dibujado en varias ocasiones, William Graves recogió restos del coche. Hay tres hipótesis, un accidente normal después de haber bebido en exceso como era habitual en un alcohólico que mezclaba con tranquilizantes, un suicidio improbable y un atentado. Se ha descrito un misterioso coche que lo empotró contra el árbol.

¿Qué probabilidad hay de un asesinato orquestado por el KGB?

O por los servicios británicos. Tomás Harris muere porque sabía demasiado de unos y otros. De ahí que se hubiera escondido en Mallorca.

Robert Graves fue el último mallorquín que vio a Harris con vida.

Acababan de comer juntos, y fue también el único amigo verdadero en Mallorca que tuvo Harris, un paranoico con razones para sentirse perseguido. Es muy extraño que Graves no efectuara ni una sola anotación sobre la muerte en su diario, que por aquellas fechas era muy detallado.

¿Por qué hay tan poca información sobre las casi dos décadas de Harris en Mallorca?

Porque vivía refugiado en Camp de Mar, solo se manifestaba en pequeñas exposiciones de su obra en la Galería Costa. En su figura se cumple lo que escribiera Jorge Semprún, «Mallorca es una isla llena de espías que se dedican a espiarse entre sí».

¿Cómo convivían con Franco los espías antinazis y prosoviéticos instalados en Mallorca?

Mallorca era un sitio neurálgico, integrado y apartado a la vez. No se pronunciaban respecto a la situación política. Seguían la máxima de Robert Graves, también sospechoso de haber espiado, «aquí soy un huésped, y los huéspedes educados no cuestionan a sus anfitriones».

¿Quién es hoy Harris en Inglaterra?

Los autores de libros de espionaje lo citan continuamente, hay gran cantidad de material oculto y se aguarda la biografía definitiva de Inigo Thomas. Cabe recordar que Harris fue condecorado, los espías eran servidores del Estado.

¿Quién será su siguiente biografiado?

Estoy preparando Los nuevos Ulises, sobre la llegada de intelectuales extranjeros después de la Segunda Guerra Mundial a Mallorca, fundamentalmente a Banyalbufar o Sóller. Venían atraídos por el faro de Graves, después hubo un enfrentamiento entre ingleses y estadounidenses. Evocan la etapa mallorquina en su epistolarios y diarios, aquí son desconocidos.

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