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Arte

El peligro de una ‘moda’ nada artística

En menos de dos semanas, un Van Gogh, un Monet y un Picasso han sido objeto de ataques | Directores de museos temen que se convierta en tendencia y dañe las obras

Los activistas de Just Stop Oil pegados al lado y en el cuadro 'La joven de la perla'. Just Stop Oil

¿Justifica el fin los medios? La cuestión sigue en pie después de que activistas ambientales atentasen en 15 días contra obras de arte de Van Gogh, Picasso, Monet y Vermeer a las que tiraron desde sopa a puré, o a cuyos marcos o pared acabaron pegando sus manos con pegamento.

La primera víctima fue 'Masacre en Corea' de Picasso en Melbourne a cuyo marco se pegaron las manos dos personas el 9 de octubre.

La siguiente fue 'Los Girasoles', de Van Gogh en la National Gallery de Londres, que sufrió leves daños en el marco sin que se dañara la pintura gracias al cristal protector después de acabar embadurnado de sopa de tomate. Una obra de la serie 'Almiares' de Monet también sufrió un ataque con puré de patata el pasado fin de semana. Y el jueves le tocó a 'La joven de la perla', de Johannes Vermeer, en un museo de La Haya. Un activista pegó su cabeza al cuadro. Hay tres detenidos por un atentado que se atribuye a personas vinculadas a la organización ecologista Just Stop Oil.

Quienes realizaron los ‘atentados’ se justificaron señalando que protestaban así para llamar la atención sobre el cambio climático.

Es un poco extraño todo esto”, señala el historiador del arte y profesor Miguel Ángel Cajigal, conocido como El Barroquista en Redes. “Esperemos que la moda amaine antes de que alguien se haga daño porque algunas de estas acciones pone en peligro a las personas que las realizan. Encolarse las manos contra el marco de una obra de arte es peligroso: puede caer la pieza encima de alguien”, agrega El Barroquista quien demanda que, esta ola pare “antes de que un día tengan un error de cálculo y acaben provocando un destrozo que sea serio o irreversible en una obra de arte”.

“Espero que la moda amaine antes de que un día tengan un error de cálculo”

El Barroquista - Divulgador e historiador

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Desde la Fundación Laxeiro, su director, Javier Buján, señala que “lo más preocupante es que se convierta en una tendencia. Parece que es una estrategia de un acto reivindicativo sobre cualquier tema. Me parece preocupante como profesional del arte pero también como ciudadano. El patrimonio artístico es un bien a conservar y difundir, no tiene connotación negativa. Ir contra ese bien me parece preocupante”.

Manuel Vilar, director del Museo del Pueblo Gallego, considera que “hay otras maneras de llamar la atención. Personalmente, no tengo miedo de que lleguen a hacer algo así en nuestro museo. Esa gente busca lugares con mayor reclamo. No obstante, me preocupa”, para añadir que “hay que conocer la historia del arte y si se conoce esta, hay que respetarla”.

El máximo responsable del Centro Galego de Arte Contemporáneo (CGAC), Santiago Olmo, cree que “hay un cierto fanatismo en estas acciones y poca coherencia. La cultura es patrimonio de todos. Es como si para protestar contra la deforestación quemáramos bibliotecas. Creo que va determinado por una degradación de la enseñanza y la cultura en general”.

Reflexiona sobre que “esos ataques van dirigidos a obras de mucho impacto mediático” por lo que considera que las obras expuestas en su centro actualmente “no son susceptibles de recibir ataques”. Ahora bien, reconoce que “siempre hay riesgos, no hay seguridad al 100% en estos casos”.

“La vigilancia y las medidas de seguridad en los museos –continúa El Barroquista– son fundamentalmente disuasorias. Es cierto que si buscas hacer algo así, al final encuentras la manera de hacerlo. Los museos no son espacios con unas medidas de seguridad extraordinariamente altas. Intentan obstaculizar pero impedir es muy difícil”.

Según su punto de vista, hay que fijarse también en el efecto altavoz que los medios de comunicación puedan estar realizando. Se trata de la duda eterna de si es mejor informar o silenciar para cesar el eco. “Lo que está pasando es que se está convirtiendo en noticia cada una de estas acciones y me da la sensación de que estamos viviendo una escalada. Cada semana se hace algo más sonado que la anterior y se ha abierto la veda para atentar contra obras de arte conocidas. Hay una cierta tolerancia por parte de algunos medios de comunicación que excusan los motivos”, critica el divulgador.

Sobre el papel de los medios también opina el director del CGAC: “Cada vez que hay un caso de estos hay repercusión mediática”.

“Hay una frivolización generalizada en parte por la falta de reflexión que provocan las redes”

Javier Buján - Director Fundación Laxeiro

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Miguel Ángel Cajigal señala que “los museos tienen un papel muy pequeño en el cambio climático para que se conviertan en objetivo en este tipo de acciones. La mayor parte de estas acciones son reivindicadas por grupos que acaban de llegar a la lucha medioambiental y se quieren distinguir haciendo este tipo de cosas para conseguir publicidad”.

Además, se pregunta: “¿Dónde están los límites ante un patrimonio de todas y todos, que está protegido por ley y que nos cuesta un esfuerzo económico, científico e intelectual mantenerlo? Siempre justifican que no quieren hacerle daño a las obras de arte pero un día acabará pasando algo gordo”.

Contraproducentes

Para él, estas acciones pueden ser contraproducentes ya que corren el peligro de acabar siendo “publicidad negativa” ya que a día de hoy “hay tanta gente criticándolos como estando de su parte. No creo que sea una buena manera de llamar la atención sobre un problema que tenemos todo el mundo”.

El Barroquista, que ya está trabajando en un segundo libro, opina que no ve “clara la verdadera motivación que hay detrás. No entiendo que para un movimiento de protesta sea deseable salir en los medios como vándalos”.

Buján concluye que “las obras de arte son siempre inocentes. Hay varias formas de utilizar las obras de arte como protesta. Hay quien hace algo delante de ella sin deteriorarla”.

Para él, habría que realizar “una reflexión profunda” sobre si cada vez importa menos el arte a la sociedad. “Desde un tiempo a esta parte, está todo tan banalizado que parece que todo tiene la misma importancia, desde las cosas más frívolas a las más importantes. Hay una frivolización generalizada en parte por la falta de reflexión que provocan las redes”.

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