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Música

Sami Yaffa: "Mi relación con las drogas terminó en un divorcio muy chungo, nunca más hemos vuelto a hablar"

El que fuera integrante de bandas como The New York Dolls, Hanoi Rocks y The Hellacopters presentará el próximo 7 de mayo en Palma (Es Gremi) su primer disco en solitario, 'The Innermost Journey to your Outermost mind'

Sami Yaffa: "Los que anuncian la muerte del rock se equivocan década tras década"

Sami Yaffa: "Los que anuncian la muerte del rock se equivocan década tras década" Manu Mielniezuk

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Sami Yaffa: "Los que anuncian la muerte del rock se equivocan década tras década" Gabi Rodas

¿Qué le trajo a Mallorca en su primera visita?

Fue en 1982. Vine por mi hermana, que ya vivía aquí. En 1995 me instalé en Montuïri y luego, ya en 2015, en Banyalbufar, adonde vengo siempre que mi agenda me lo permite. Aquella Mallorca, la de los años 80, me impresionó mucho. Me llamó la atención que después de cenar la gente se liara porros en bares y restaurantes. Y eso que yo venía de Londres. Un día me lié un canuto y se lo ofrecí a un policía que estaba al lado. "¿Quieres fumar?", le solté. “No, estoy trabajando”, me respondió.

¿Qué barrios frecuentaba cuando salía de copas?

Iba por Magaluf, por bares como el Makoki. En esa época Magaluf era muy familiar y divertido, no como ahora, que se ha convertido en una casa de locos. Sé de lo que hablo porque mi hermana ha trabajado muchos años en Magaluf.

¿Cómo conoció a Puter, el músico mallorquín con el que ha trabajado en distintos proyectos y con el que ha grabado su último disco, el primero en solitario?

Fue a través de Maukka Palmio [batería finlandés que luego ganaría un Concurs Pop Rock como integrante de The Nash y que tocaba en Mad Juana con Sami], a quien Puter había conocido en Gomila, en el Chotis. Un día Puter le comentó que tocaba en un grupo, los Satellites, y decidió ir a verles al estudio. Ese mismo día Maukka le invitó a cenar a Montuïri, y ahí nos conocimos. Las primeras demos de Satellites las grabé yo. Me pareció un grupo muy especial, por su manera de hacer las canciones, muy rara, y por la voz de Jordi Herrera, muy especial. Yo les puse en contacto con Gordon Raphael para la grabación del segundo disco de Satellites en Nueva York, que produje yo mismo. Por aquel estudio, recién construido, pasaron seguidos Mad Juana, Satellites y a continuación The Strokes.

¿Necesita estar en constante experimentación, como los Satellites?

Todo el tiempo. El mundo del rock es pequeñito y el del universo de la música, gigante. Hay mucho espacio para experimentar. La buhardilla de mi casa de la Serra está llena de instrumentos que he ido recopilando por mis viajes alrededor del mundo. Es una especie de museo-estudio de grabación, algo así como un laboratorio de sonidos. Muchas de las cosas de este disco se han creado allí, como los tambores brasileños de You Gimme Fever.

42 años después de iniciar su carrera presenta su primer trabajo en solitario. ¿Por qué tardó tanto tiempo?

Porque nunca tuve la necesidad de hacerlo antes. En las grandes bandas en las que he estado, como The New York Dolls, Hanoi Rocks o Joan Jett, participé de modo activo en la composición de las canciones. Es un trabajo, el de la composición, que conozco pero que hasta ahora no había decidido mostrar en solitario. Con el paso del tiempo se me fueron acumulando temas propios, como The Last Time, que fue de las primeras, allá por 2013, y que supuso el germen de este disco. ¿Qué hago con estas canciones?, me dije. Así que decidí cantarlas yo.

Parte de ‘The Innermost Journey to your Outermost Mind’ lo grabó en Palma, en Son Dameto, en el estudio de Puter.

Sí. Fue un proceso lento. Cuando tuve un puñado de temas me fui para el estudio de Puter con mi batería de toda la vida, Janne Haavisto, con el que llevo tocando desde que tenía 14 años. Janne había estado con Laika&the Cosmonauts, una banda de surf instrumental, de un rock extraño y experimental, hasta el punto de que Ministry, la banda de metal industrial, decidió llevárselo en su tour por Estados Unidos y Europa. Volviendo a lo anterior, fue en el estudio de Puter donde se compactó todo realmente. En principio yo quería grabar un EP pero en la grabación me di cuenta de que tenía algo más.

A diferencia de lo que ha ocurrido con todos los discos en los que ha participado, ahora todos los ojos estarán pendientes de usted. ¿Se siente cómodo siendo el centro de atención?

Yo siempre creí que me miraban a mí y no a mis compañeros (risas). En realidad siempre preferí estar más en un segundo plano, quizá por mi carácter, más reservado, hasta que viví la experiencia de grabar una serie de capítulos para la televisión como fue lo de Sound Tracker. Esa serie me permitió viajar por 18 países, como la India, Colombia, Indonesia, Rusia, Serbia o Brasil, y descubrir las músicas de cada lugar. Aquello me acostumbró a ser el centro de atención. De todos modos, cuando llegó el primer concierto de este disco en solitario pensé que me iba a morir, que me colapsaría cantando. Estaba equivocado: me lo pasé genial, disfruté un montón. Así, hasta el día de hoy.

Su voz suena maleable, casi rota y cazallera en unas canciones; potente y a lo Stooges, en otras; y hasta en forma de susurro en los temas más lentos. ¿Se ha sorprendido de sus propios registros?

Yo siempre he pensado: si tienes una voz, úsala, explórala. Y creo que cada canción necesita un tipo de voz para completar lo que es la producción de ese tema, es decir, la voz es un instrumento más, con sus registros. Igualmente siempre me he sentido influenciado por grandes cantantes, como Lemmy [Kilmister, de Motörhead], Bob Dylan, David Gilmour...

Hace solo unos días le oí decir: “Ahora tengo mucho respeto hacia los cantantes, no es tan fácil como siempre había pensado”.

Sí, tengo mucho respeto por los cantantes, como también lo tengo por los baterías. Una vez que te sientas ahí te das cuenta de lo que significa su trabajo. Como cantante he descubierto lo que es ser el vehículo de expresión de los sentimientos que hay en cada canción, y hacerlo cada noche en cada concierto, algo tan interesante como duro a la vez. Hay que sentir lo que se canta, y no estar pensando en tomarse un café. Cantar te obliga una presencia, un estar sobre el escenario.

¿Qué otras cosas ha descubierto en esta nueva aventura?

Que no hay que tener miedo a tomar riesgos y grandes decisiones. Si uno toma ese camino tiene que ser fiel con lo que le sale de adentro, con lo que uno es, no con lo que esperan los demás. El mío es un disco que expresa lo que yo soy como creador. Para mí ha sido como nacer de nuevo. Un parto para el que me he rodeado de colegas de toda la vida, como Timo Kaltio (Izzy Stradling, Cheap And Nasty) o Rane Raitsikka (Smack). Un rollo muy familiar.

Llevo en la sangre el vino de Banyalbufar, la Malvasía

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Musicalmente está en forma y no le veo mal físicamente. ¿Se cuida mucho?

Llevo en la sangre el vino de Banyalbufar, la Malvasía. Tocar y crear me mantiene joven. Siempre tengo algo que hacer. Me obsesiona la creación. No necesito que nadie me mande a la hora de hacer cosas.

No sé si ha visto muchas peleas entre músicos. ¿Qué opinión le mereció la bofetada de Will Smith a Chris Rock?

Me pareció divertido, algo gracioso. Le dio rollito al espectáculo. Te contaré un cosa. En 1983, estando en el 100 Club, un famoso local de Londres al que iba todo el mundo, un colega mío que era motero se fue al otro lado de la barra y fue agarrado por un tipo muy grandote que le aplastó la cara. Yo fui a por él corriendo, salté sobre él y le pegué un puñetazo en toda la cara. Ni lo notó. Me cogió por la solapa y me voló un diente de un tortazo. "¿Sabes quién te ha pegado?", me preguntaron. “No”, les contesté. “Es el cantante de ese grupo que te gusta tanto”, me aclararon. Aquel día nació una amistad que duró hasta 2021, cuando murió.

¿Conoció a Taylor Hawkins, el fallecido batería de los Foo Fighters?

Coincidimos en algunos conciertos con él pero no éramos colegas. Me gustan los Foo Fighters, una increíble máquina musical.

Se dice que pudo morir por una sobredosis. ¿Usted cometió muchos excesos en el pasado?

Mi relación con las drogas terminó en un divorcio muy chungo. No nos hemos vuelto a hablar nunca más. Las drogas son muy destructivas. Perdí a muchos amigos.

Entre otros, a Johnny Thunders. ¿Siempre se divirtió con el último maldito del rock?

Sí. Era todo un personaje. Era muy buen colega aunque tenía sus demonios.

Escuchando el disco se adivina el culto que siente por los Clash. ¿Me equivoco?

Noooo. Los Clash siempre han sido una influencia para mí, desde siempre. Yo crecí con discos como Sandinista! y London Calling. Discos que ofrecen variedad en cuanto a estilos, y que funcionan. Suenan como sonaba la misma banda.

El bajista Paul Simonon es vecino suyo. Tiene casa en la Serra, como Richard Branson. ¿Qué tal le ha tratado la industria?

En la industria te encuentras con la misma gente que en la vida: hay auténticos hijos de puta pero también hay gente muy guay. Si tienes la suerte de dar con tipos buenos, pues está muy bien. Yo la he tenido algunas veces, y otras no. La industria quiere hacer dinero contigo, y hay que aceptarlo.

¿Siente, como dicen algunas malas lenguas, que el rock está en peligro de extinción?

Eso lo vengo escuchando desde hace muchos años, y quienes lo dicen se han equivocado década tras década.

¿Cómo ha reaccionado el pueblo finlandés ante la amenaza de Putin?

Rusia y Finlandia comparten 1.200 kilómetros de frontera. Los finlandeses se toman muy en serio la amenaza. Putin es un capullo. Atacando a Ucrania ha conseguido el efecto contrario de lo que buscaba. Muchos suecos y finlandeses sí quieren ahora entrar en la OTAN. Ningún finlandés huirá de su país si Rusia invade Finlandia.

¿Optimista o apocalíptico, ante el futuro?

Hay que ser optimista. La historia es cíclica y cada 20 años algo catastrófico tiene que suceder para reiniciar las economías.

¿Por qué se dice que Finlandia es la capital mundial del heavy?

Ni puta idea. No me gusta ni el heavy ni el metal. A mí me va el rock’n’roll, el funk, el reggae...

¿Qué se encontrarán quienes decidan acercarse a Es Gremi el próximo 7 de mayo?

Será una explosión de música, una gran fiesta. Vendrán muchos amigos de Inglaterra y Finlandia y será una fiesta única ya que no he tocado aquí en muchos años y no puedo esperar. Después tendré que descansar una semana.

Sami Yaffa y Puter, en el estudio del músico mallorquín MANU MIELNIEZUK

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