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Entrevista

Agustín Fernández Mallo: «Hemos perdido la capacidad de orientarnos en el amor»

«Se ha abierto un abanico de posibilidades, muchas derivadas de la sociedad de consumo»

Agustín Fernández Mallo: " Un libro sobre el amor siempre es pertinente porque trata de un tema universal"

Agustín Fernández Mallo: " Un libro sobre el amor siempre es pertinente porque trata de un tema universal" G. Bosch

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Agustín Fernández Mallo: " Un libro sobre el amor siempre es pertinente porque trata de un tema universal" Pere Estelrich i Massutí

El físico y escritor Agustín Fernández Mallo, residente en Mallorca presenta hoy en la librería La Biblioteca de Babel su última novela, ‘El libro de todos los amores’, donde ofrece una nueva mirada sobre un tema universal e indaga en las diferentes dinámicas que el amor adopta, tanto en el ámbito íntimo de la pareja como en la vida pública

¿Por qué ahora un libro sobre el amor?

Un libro sobre el amor siempre es pertinente porque trata de un tema universal. Y, además, en esta época que vivimos se ha abierto un abanico de posibilidades nuevas, muchas derivadas de la sociedad de consumo y otras a través de las redes sociales. Hemos descubierto que además de los amores románticos o cortesanos, hay otras formas de amor.

Hablamos de una novela, no de un ensayo a lo Ortega.

En efecto, es una novela, llena de reflexiones sobre los micro amores. Doy pequeñas ideas que he visto en mi entorno y reflexiono sobre ellas, pero se trata de una novela. Y si hay algo de orteguiano, no es voluntario. En todo caso será por la influencia que el pensador español ha tenido sobre otros escritores. Por otra parte, en esta novela he querido poner algunos elementos fantásticos, sin ser novela fantástica.

No habla del amor, sino de los amores, en plural.

Claro, porque siempre está el tema de que el amor tiene muchas caras incluso algunas de signo negativo, como el amor al prójimo, con el que se han realizado auténticas barbaridades, o ya en el terreno personal, los amores que llevan al maltrato. Me interesaba darle una vuelta al tema del amor y volver a llenarlo de contenido, pues se había convertido en una palabra vacía.

En el título, la palabra amores aparece en minúscula.

Porque hablo de pequeños amores. Es muy difícil hoy hablar de algo en mayúscula. Nos hemos dado cuenta de que los grandes relatos tienen algo de trampa y al final todo es materia orgánica, impura. No podemos hablar de un amor como tampoco podemos hablar de un dios ni de una moral. Tampoco podemos hablar de sexo, sino de sexos.

Novela que se sitúa en el futuro, pero no porque sea futurista.

No es ni futurista ni apocalíptica. Yo no soy nada apocalíptico. El apocalipsis no existe, lo del fin del mundo es una mentira para meter miedo y así poder controlarnos. Hablo de un fin del mundo que da pie a otro mundo nuevo, más esperanzador.

Afirma que «conocer el pasado y el presente permite predecir qué nos ocurrirá mañana». ¿La teoría de la inducción matemática sirve para el amor?

(Sonríe) Para el amor no vale la inducción. Para las emociones no es aplicable ese principio científico.

¿Cómo es el amor en los tiempos de la pandemia?

Un tanto cursi, más emocional. Pero tiene una parte buena y es que es más sólido socialmente. Pero sin duda está más sujeto al mercantilismo.

¿Y en tiempos de guerra?

En tiempos de guerra, el amor se manifiesta en su estado más primario. Aparece a través de la empatía con personas que lo pasan mal. Sin olvidar que tiene una cara B: en todas las guerras, algunos aprovechan el amor económicamente.

Hablando de guerra, usted se pregunta: «¿existe ya en el planeta algo que no sea internacional?».

Es una idea que aparecía en mi novela Trilogía de la guerra, en la que un personaje se pregunta hasta qué punto una guerra puede pasar a ser mundial cuando hoy todo es mundial. Toda guerra, como cualquier cosa, es hoy mundial, internacional.

Empieza el libro con una declaración poética: «Se escribe el silencio mismo. En eso consiste amar el mundo».

Claro. Escribir el silencio, en este caso, significa que en el momento menos ruidoso, en el silencio absoluto, debe estar el amor mirando al mundo. Cuando no hay nada, está el amor. Los amores de los que hablo son no ruidosos, desapercibidos. Y eso es, en parte, la poesía: detectar algo extraordinario en lo que no parece que lo sea.

¿Realmente cree que «El dinero es el objeto más poético que existe»?

Y no es una ironía. Cuando queremos aportar algo, pensarlo, debemos ser radicales, en eso consiste ser punk. Una de las cosas que podemos pensar es si en el dinero hay amor. Y en un billete de cinco euros, por ejemplo, están todas las cosas que se pueden comprar con él. ¿No es eso una metáfora? Y en una metáfora, ¿no hay poesía?

Encontramos una definición más prosaica: «Enamorarse consiste en permitir que otro te meta en su cabeza».

Y añado: y que contigo juegue a su antojo. Eso es estar enamorado, conceder al otro ese teatro, ese poder, ese juego. Y que además no te importe.

«El ruido es música que aún no entendemos». Suena a John Cage.

Cage está ahí, está en casi todos mis libros. El ruido es un mensaje de amor que aún no hemos podido descodificar, como la idea de monstruo, que contiene un mensaje que no hemos conseguido descifrar. Frankenstein llora. El monstruo busca amor, busca tener identidad y ser amado.

Libro de ideas y propuestas de ensayo como la que se refiere a la diferencia fundamental entre cristianismo y judaísmo.

Vengo a decir que el judaísmo hace de su propia religión un modo de estudio, es más complejo, pero lo digo para ir a otro lugar, para indicar que, en el amor, las dos religiones tienen en común una idea naíf, que se acerca al amor a las mascotas. Esas religiones han convertido el amor entre humanos en un amor entre mascotas. Como el marxismo, que no es más que el cristianismo secularizado.

¿Cómo debemos entender la frase «Dios no existe todavía»?

Aquí me sale la vena de físico, de persona educada en la ciencia, que en el fondo piensa que debemos dar una oportunidad a todo, que la negación absoluta no existe. Hoy no, pero ¿y mañana?

Libro de ejercicios literarios como el de escribir diez páginas sin ningún punto y aparte.

No ha sido intencionado, no hay experimentación literaria en esas páginas. Pero al describir monólogos, pues me ha salido así, a lo Thomas Bernhard. No hay intención de estilo.

¿Hoy el amor es más eros o más ágape? ¿Más sexo o emoción?

En realidad ni una ni la otra. Lo hemos mezclado, hemos perdido la capacidad de orientarnos en el amor. Trato la diferencia para volver a los colores. El libro se me ocurrió al conocer el método sobre los diferentes colores que utilizó el botánico Tadeo Haenke a la hora de clasificar flores. He querido construir una paleta, no de colores, sino de amores.

Asegura que, en el amor, estamos igual que en el siglo XIII o en el XIX.

Lo digo irónicamente; si lo pensara realmente no habría escrito el libro. Pero sí es cierto que parte de la sociedad sigue estando ahí, creyendo en el amor cortés o el romántico.

¿Por qué sitúa parte de la historia en Venecia?

Primero porque hay algo histórico en esa ciudad, ya que en ella se inició el capitalismo. En Venecia se firmó el primer cheque bancario y allí se empezó a fabricar en cadena a la hora de construir barcos. Pero luego también por querer construir una alegoría, ya que Venecia es una ciudad inversa: es de piedra, de mármol, pero sus cimientos son vegetales. Los troncos sujetan algo tan sólido como una ciudad. Y eso es el amor, que siempre se asienta sobre algo frágil, sobre terreno fangoso.

«El amor es una fantasía exacta». Suena a oxímoron.

Juego con la poesía. Contradicciones, oxímoron, fantasía… que cuando se dan nos parece perfecto, pero que en el fondo son un delirio controlado y casi siempre saludable.

Escribe que «la diferencia entre leer y estudiar es que quien estudia subraya».

Pues debo estar estudiando siempre pues todos los libros que leo están llenos de anotaciones. Los libros están para usarlos. Una obra debe ser releída. La vocación de todo libro es ser releído, como las películas o las personas, ya que si no necesitas verlas de nuevo, poco te han aportado. Revisitar las cosas; eso tiene algo que ver con el amor.

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