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El primer ‘miró’ pasa por el taller

El restaurador de la Fundació de Palma, Enric Juncosa, pone a punto el primer óleo que el genio pintó cuando apenas tenía 15 años, un paisaje fauvista que ha recobrado la paleta de colores

Restauran el primer óleo de Miró B. Ramon

Fue una tela descartada por el propio Joan Miró, quien en 1960 (y a en Mallorca) usó el reverso para pintar otro cuadro. Se desconocen las motivaciones de aquella repudia. Ahora, el primer óleo que ejecutó el genio catalán con tan sólo 15 años está incluido en el catálogo razonado de su pintura y acaba de pasar por el taller para lucir como el primer día.

El restaurador de la Fundació Miró Mallorca, Enric Juncosa, ha realizado un limpieza de la obra, «los colores han recobrado su viveza», y ha eliminado unos repintes posteriores que no eran originales. «También he pegado a las fibras primigenias del cuadro, que no tenía bastidor, unos injertos de tela que son para protegerlo», explica con la pieza entre sus manos, protegidas con unos guantes.

La pintura es un paisaje fauvista (propio del fauvismo, un movimiento pictórico caracterizado por un empleo provocativo del color), una naturaleza donde se distingue un árbol y un puente. «Debía ser uno de los primeros paisajes que pintaba al natural, en Mont-roig o Cornellà», comenta Juncosa.

Esta pintura guarda un significado bastante especial para este trabajador del museo de Cala Major, pues fue él quien la descubrió durante la restauración de la obra que llevaba en el reverso y que fue la que Miró dio por buena. El hallazgo se produjo en 1995. «Detrás del cuadro de 1960, pegó un papel de periódico justo para poder firmarlo», refiere. «Por mis conocimientos en la restauración de papel, vi que ahí podía haber algo. Y así fue. Debajo estaba el que después supimos que fue el primer óleo que pintó Miró. Lo ejecutó en el año 1908», relata. La pintura no está en estos momentos en exposición y la última vez que se exhibió fue en 2012, en el Palacio Ducal de Génova (Italia), para la muestra Poesia e luce.

Juncosa trabaja sobre una extensa mesa en el sótano de la Fundació, donde se encuentran las cámaras que custodian las piezas que no están en exposición. Allí cuenta con el material necesario para curar las heridas de las piezas mironianas. «Aquí hay de todo, grabados, matrices, objetos en diferentes materiales, pinturas, dibujos, esculturas», enumera. Los cuidados que allí se dispensan sobrepasan, por las propias características del museo de Cala Major, a los habituales que se aplican en las pinacotecas. La multiplicidad de formatos y materiales a restaurar en Palma ha comportado que en diversas ocasiones Juncosa haya consultado con especialistas de otras instituciones. «Por ejemplo, para la conservación de una caja de mariposas del taller Sert, hube de contactar con el Museo Etnológico de Barcelona. Para otros objetos de fibras vegetales, he consultado con el Museo Textil y de Indumentaria», apunta.

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El primer 'miró' pasa por el taller B. Ramon

En estos momentos, sobre su mesa de operaciones, hay un fragmento de un utensilio de labranza que Miró guardaba en Son Boter «que ya debía estar en la possessió cuando la adquirió y que él supo convertir en objeto mironiano». «Esta herramienta estaba totalmente seca. Le he aplicado un tratamiento contra la carcoma, la he limpiado, fijado y ahora he de administrarle una resina a este hierro que está oxidado», señala.

Además del plan de conservación que de manera habitual se desarrolla en el museo, «que tiene como objetivo principal el de mantener todas las obras en un ambiente con una temperatura y una humedad idóneas», Juncosa examina las piezas en sala al menos una vez por semana. «Precisamente por esa necesaria conservación de las obras con un sistema de climatización se decidió instalar reproducciones en el Taller Sert. Fue un tema algo polémico, pero era la única manera que había para que las piezas no se degradaran. Hay que decir que ya había algunas que empezaban a sufrir», espeta.

Además del libro de litografías Le lézard aux plumes d’or, el restaurador acaba de aplicar un tratamiento a algunos papeles del artistas cuyo fondo amarilleaba. «Se blanquean con una serie de baños en productos químicos. Se le aplica una solución, luego otra para neutralizar el blanqueo, a continuación se le administra una reserva alcalina, porque el papel con el paso del tiempo coge acidez, y por último se vuelve a encolar», explica.

"Restaurar a MIró es un reto por su grado de experimentación y una manera de adentrarse en su proceso creativo"

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Otra de las labores de Juncosa es intervenir de urgencia cuando ha habido exposiciones temporales y alguna pieza ha sufrido algún desperfecto, además de estar presente siempre que se monta o se desmonta una muestra, todo con la finalidad de supervisar la manipulación de las piezas artísticas. En cuanto a la colección, asegura que está muy bien conservada en general. «De momento, no se han precisado grandes intervenciones. A veces ha saltado la pintura de algún cuadro y se ha repuesto», aclara.

Restaurar a Miró es siempre un reto «porque experimentaba en cada obra». Para Juncosa, emprender la restauración de alguna de ellas equivale a profundizar en su proceso de creación. «Cuando estás ante una pintura, lo primero que debes hacer es preguntarte por los materiales con que está hecha. Miró empezó con el óleo, luego lo mezclaba con acrílico y al final casi sólo empleaba este último material. Pero de repente te encuentras que ha introducido un esmalte sintético o un barniz», puntualiza. «En este sentido, es complejo restaurar sus obras. Yo ahora, con un golpe de vista, reconozco la técnica y lo que ha empleado, pero si tengo dudas encargo una analítica», confiesa el restaurador, quien informa de que una de las becas Pilar Juncosa & Sotheby’s se ha destinado a un proyecto que analiza los pigmentos empleados por el pintor en la colección de Palma. «Es un trabajo que va a aportar una certeza científica sobre técnicas y materiales que nos va a ser muy útil».

Paralelamente al trabajo de restauración y conservación, Juncosa ha iniciado el inventario de los papeles en blanco que tenía Miró en Cala Major. «Estoy trabajando para relacionar los distintos tipos de papel con las obras, me gustaría llegar a saber cuál empleaba y por qué motivo. Arrojar luz sobre esta cuestión», desvela acerca de esta investigación que arrancó durante el confinamiento.

«Cuando restauras no sólo curas o cuidas, sino que estableces conexiones con la obra de ese artista. Llevo muchos años restaurando al genio, desde que el director del museo Pablo Rico contó conmigo, y puedo decir que hay pocos pintores como Miró, es un artista que no se agota nunca, una fuente fértil de descubrimientos», concluye.

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