Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Manuel Borja-Villel Director del Museo Reina Sofía

«No se puede entender el arte contemporáneo sin el feminismo»

El historiador del arte y escritor presentó el viernes en Mallorca su nuevo libro y habla sobre Miquel Barceló: «Existe la leyenda negra de que está vetado en el Reina Sofía, pero no es así. Allí lo único inamovible es el Guernica»

El director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, ayer, en Es Baluard.

El director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, ayer, en Es Baluard. Guillem Bosch

Manuel Borja-Villel (Burriana, 1957) dirige el Museo Reina Sofía desde 2008. Ha vivido dos grandes crisis y augura un cambio radical en el modelo museístico. El viernes presentó su libro Campos magnéticos en Es Baluard Museu de Palma.

¿Qué encontrará el lector en ‘Campos magnéticos’?

Tiene tres secciones muy claras. La primera habla sobre el museo como institución porque es el tema que he trabajado como comisario y director. Me pregunto cómo transformar las instituciones culturales y hago una reflexión sobre el museo de arte contemporáneo. La segunda trata sobre la práctica artística, que es lo que da sentido al museo. A partir de una serie de artistas que me interesan reflexiono sobre la condición artística. En la última parte hablo sobre la condición neoliberal y trato de investigar el mundo en el que vivimos. Borges decía que nosotros no hablamos la lengua sino que es ella la que nos habla. También medito sobre la rigidez disciplinaria.

Lleva 13 años al frente del Museo Reina Sofía. ¿Cómo definiría su etapa?

Deleuze decía que no hay revolución sin proceso instituyente, entendiendo revolución como dar la vuelta a las cosas. Todo arte tiene la capacidad de hacernos ver la realidad de otra forma. Cuando Duchamp decide que un urinario es una obra de arte está cambiando elementos de la realidad. Provocó un gran lío con las aduanas y los impuestos. Todo esto tiene que ir acompañado de prácticas institucionales que democraticen radicalmente la experiencia artística. Por muy críticos que sean los cuadros de Goya, si están en palacios reales el contexto no promueve esa crítica. En cambio, si están en lugares donde sí se practica la crítica, sus cuadros adquieren un papel importante. De ahí que hayamos replanteado el relato de un museo nacional para que haya aéreas dedicadas al exilio, por ejemplo. Antes no había ninguna que tratara este tema. Una gran parte de la población vive permanentemente en estado de exilio. La prueba es que, en los campos de refugiados de Palestina que en teoría son temporales, uno de los elementos más preciados es el cemento para construir casas. Esto cambia todo y convierte algo temporal en permanente. El museo tiene que dar instrumentos para entender la época en la que vivimos y debe modificar una estructura demasiado basada en la representación a otra que incida en el diálogo y el debate.

El director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, ayer, en Es Baluard. Guillem Bosch

¿Los museos deben dar cabida a las posturas políticas como el feminismo o el ecologismo?

Totalmente. Todo museo es político. No porque los gestores o los artistas decidan que van a hacer arte político, sino porque están ubicados en un lugar concreto, tienen presupuestos limitados y tratan temas actuales como la recepción de turistas. Son decisiones políticas. La separación por disciplinas es, obviamente, arbitraria. Cuando la gente disfruta del arte no solo piensa en la obra. Tiene una serie de ideas, pensamientos y situaciones que condicionan la recepción de lo que está viendo. No se puede entender el arte contemporáneo sin el feminismo. Con esto no me refiero a las cuotas, sino a la visibilización y reivindicación de mujeres que han sido apartadas o no se les ha prestado la suficiente atención. El feminismo es otra forma no binaria de entender el mundo.

¿Debe seguir reflexionando sobre la democracia?

También. Debemos preguntarnos qué es un museo. ¿Un lugar donde unos cuantos le explican al resto lo que saben? ¿Una élite que puede crear noticias falsas o modificar el relato para su beneficio? Debemos entenderlo como espacio de negociación. Incluso cuando se dice que un museo no es político, es una forma bastante reaccionaria de ser político.

Ha vivido dos crisis como director: la de 2008 y la actual. ¿Va a cambiar nuestra forma de relacionarnos con el arte y los museos?

Tenemos que partir de la base de que todo museo es contemporáneo. Por mucho que trabajen obras de hace miles de años, el director no va vestido de romano. Los museos deben ofrecer herramientas para hacernos entender la genealogía del pasado. No es una realidad metafísica. Son relatos, historias y ficciones que nos han legado. La idea de crisis es principal. Se nos hace creer que la crisis es temporal entre dos momentos buenos. Suele pedirse a la gente que tiene malos salarios que aguante y luego viene otra crisis. El siglo ha nacido y crecido con grandes crisis estructurales, así que va a necesitar un gran cambio. La pandemia nos ha enseñado que hay modelos museísticos y sociales que no son sostenibles, como los vinculados al turismo. No todos los museos deben ser el Reina Sofía.

«No se puede entender el arte contemporáneo sin el feminismo» Guillem Bosch

Ahora hay un nuevo ministro de Cultura. ¿Cómo es la relación con Miquel Iceta?

Hemos hablado sobre dos temas importantes: el primero es la defensa necesaria de la cultura, y el segundo es entender que los museos del Estado que están en Madrid no son toda la cultura española. Iceta entiende que hay que estar conectados y ser solidarios.

¿Qué importancia deben tener las actividades complementarias en los museos?

A nosotros no nos gusta llamarlas actividades complementarias porque eso supone que lo central son las exposiciones. El centro de estudios y el museo en red es tan importante como las colecciones. Muchas de las temáticas que presentamos como el colonialismo son fruto de esas actividades. Ahora estamos preparando una exposición sobre artistas mayas de Centroamérica. Allí tienen una concepción muy diferente del arte. Estos trabajos suelen poner muy nerviosos a los responsables de los museos.

¿Qué papel juega internet y las redes sociales en esta evolución?

Hay una diferencia clara entre la década de 1990 y el presente. Antes tenías que entrar en internet directamente si querías navegar por la red; ahora con los dispositivos móviles estamos y vivimos en internet. Nosotros no la utilizamos como un sustituto del museo aunque sí introducimos elementos digitales que creemos importantes.

¿Podría hacer una reflexión sobre la situación de los museos en Mallorca?

Debería conocer mejor el estado de los museos de aquí para no meter la pata. Solo conozco bien Es Baluard y me parece una apuesta precisa. Es un museo consciente de su lugar que no quiere duplicar otras cosas. En general creo que todos debemos reflexionar acerca del modelo en el que estamos.

Abogados Cristianos le denunció por la exposición sobre León Ferrari. ¿Vuelve el puritanismo?

En 2015 me quejaba de existía una censura estructural que consistía en unos procedimientos administrativos y tiempos concretos que te van forzando a limitar la creación. Esto cada día es más potente y se ve en las leyes. Hay una sustitución de los directores de museos por puros gestores. Eso transforma una institución educativa en otra vinculada al negocio y la rentabilidad. Pasa lo mismo en los hospitales públicos. En los últimos años ha habido un giro preocupante en los países del este, y los países como España se están contagiando de esa deriva ultra. Criticar a Ferrari a estas alturas es como criticar a Blasco Ibáñez por anticlerical.

¿Para cuándo una retrospectiva de Miquel Barceló en el Reina Sofía?

Ya se hizo una a mediados de los 2000. Existe la leyenda negra de que Barceló está vetado en el museo, pero no es así. En el Reina Sofía no hay nadie vetado ni no vetado. El mundo cambia y allí lo único inamovible es el Guernica. A todo el mundo le gustaría tener retrospectivas en todos los sitios, pero nosotros funcionamos a partir de la idea de servicio público. Durante un tiempo, el Reina Sofía y otros museos del Estado fueron pequeños mausoleos donde artistas como Antonio Saura o Eduardo Arroyo tenían sus propias salas. Eso responde más a una estructura de poder que a una institución que nos cuestione y nos interpele.

A principios de 2020 surgió la polémica porque uno de sus cuadros estaba en la sala donde se reunía el Consejo de Ministros y él no estaba de acuerdo con esa ubicación para su obra.

Ese cuadro fue vendido al Estado y, en teoría, estaba en una sala noble. A raíz de la pandemia decidieron reunirse allí. Igual que la cúpula de Ginebra. Es una obra autónoma, no la han modificado y está en un sitio digno. Por la covid cambiaron la sala de reuniones y parecía un comedor, pero en realidad se trata de una sala noble donde se llevan a cabo actos importantes como entregas de medallas.

Compartir el artículo

stats