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Cine/Televisión

Mario Casas: "El verdadero Goya es que te llamen para trabajar"

Mario Casas, durante el rodaje del anuncio de Estrella Damm

Mario Casas, durante el rodaje del anuncio de Estrella Damm Yosigo/Estrella Damm

Mario Casas protagoniza 'Amor a primera vista', la nueva campaña de Estrella Damm, una historia mediterránea rodada en Menorca, en Cala en Turqueta y el Teatre Principal de Maó

Participa en el anuncio de verano de Estrella Damm, cuyo estreno está programado para el 15 de junio. ¿Qué le enganchó a este proyecto?

La apuesta por la sostenibilidad, por un Mediterráneo más limpio, además de que es un anuncio que he ido viendo desde hace mucho tiempo y me parece uno de los más interesantes del año. Para mí es un placer y un honor que hayan querido contar conmigo. 

El compromiso con el medio ambiente también se ha instalado en el cine. ¿Hay futuro para un cine sostenible?

Desde hace años el cine está volcado en este tema. Los rodajes con un control en cuanto a impacto ambiental son necesarios.

El publicista Oriol Villar y el realizador menorquín Ian Pons dirigen este anuncio. ¿Se sintió cómodo a sus órdenes?

Oriol Villar ha demostrado desde hace años que tiene una gran capacidad para contar historias. Tiene que ser difícil y hay que tener talento para que cada año el anuncio de Estrella funcione. Este año se han reinventado y ha vuelto a hacer algo distinto que creo llamará bastante la atención. Es un anuncio curioso, por cómo contamos la historia. A Ian Pons le conocí hace poco, en Menorca, y me ha parecido un tipo fantástico, con unos trabajos detrás, sobre todo de publicidad, para Apple, que son una pasada. Estaba deseando currar con él. Su personalidad estará presente en el anuncio de Estrella. 

El verano pasado estuvo por Montuïri, en Mallorca, desconectando en plena naturaleza. ¿Qué le inspiran nuestras islas?

Me resultan interesantes y relajantes, sobre todo en los meses en los que no hay demasiada gente. Mayo, en este sentido, es un mes estupendo para venir.

Sé que habla catalán, ¿algún día rodará un película en nuestra lengua?

Creo que sí, si algún día tienen un personaje y quieren contar conmigo para mí sería un placer. Cuando doblemos el anuncio al catalán lo haré yo.

Mario Casas, en Menorca Yosigo / Estrella Damm

Hablando de cervezas, brindo por su actual momento profesional. ¿El mejor de su carrera?

No lo diría de esa manera, pero me siento afortunado y brindo por la suerte que estoy teniendo y por el momento que estoy viviendo, que es muy bonito. Para mí el momento bonito ha sido el proceso de quince años atrás hasta el día de hoy.

Hábleme de uno de sus últimos trabajos, El inocente, que ha arrasado en Netflix en todo el mundo. ¿Se esperaba semejante tirón? 

Uno nunca sabe qué es lo que va a ir bien. Uno puede tener un proyecto precioso entre manos y puede ser que al final no funcione del todo. Lo que sí me podría esperar era que con Oriol Paulo, un director con un talento especial que sabe muy bien cómo enganchar desde la trama y el guion, con esos giros como de thriller que él maneja tan bien, pues que estos ocho capítulos conectaran con el público y que la gente quiera saber qué es lo que pasa realmente en la serie, quiénes son los personajes, si realmente los buenos son buenos y los malos son malos. Esa era la esperanza que yo tenía. 

¿Qué les exige Mario Casas a las series como telespectador?

Que me entretengan. A mí me gustan mucho series como El inocente. Las series muy largas, de muchas temporadas, me cuestan. Series como El inocente, de ocho capítulos, me gustan porque con ellas me puedo hacer un maratón, las puedo ver de un tirón. También estoy muy enganchado a los documentales, un formato que Netflix sabe hacer muy bien. Veo todos los documentales nuevos de esta plataforma.

¿Usted conserva parte de la inocencia que todos tuvimos algún día?

Sí. Hay algo puro, de cuando somos niños, que mantenemos toda la vida. Yo siempre intento recordar a ese niño, a ese chaval que se fue a Madrid con 18 años, con esa ilusión y esas ganas, soñando. Muchas veces intento hacer ese trabajo de volver atrás, a esos años, y no olvidar. Creo que es muy importante recordar cuáles eran tus principios, de dónde vienes, qué es lo que tenías...

¿Qué ha descubierto gracias a un personaje como el de Mateo?

Pues que muchas veces o sabemos quién tenemos al lado, y no me refiero solo a una pareja, también a unos amigos, familiares o un conocido. Eso es al final lo que cuenta una serie como El inocente. La gente puede esconder algo. Al final no nos mostramos como realmente somos. El ser humano tiende a tapar y a no mostrarse como realmente es.

Un actor mallorquín ilustre, Santi Pons, le apuntó con una pistola. ¿Le impresionó?

Me impresionó, y mucho, Santi Pons, un actorazo. La pistola también me impresionó, al ser casi real asusta. Aunque sean de fogueo, acojonan. 

¿La pandemia también le aterra?

Sí, da miedo. Ahora podemos llegar a entender, un año y medio después, lo que es este virus, pero al principio de todo esto yo estaba completamente acojonado. Estaba grabando precisamente El inocente cuando a mitad de serie nos confinaron. En ese momento me asusté muchísimo. El no saber qué pasaba, la ambigüedad, me llevaron al miedo total. Parece que la situación empieza a mejorar un poco, ojalá salgamos de esta lo antes posible. 

¿Qué directores le han dejado un profunda huella a lo largo de tu trayectoria?

Todos. Todos los directores con los que uno trabaja te aportan algo, te enseñan. Cada uno tiene una manera distinta de ver el cine, de hacer películas. Yo intento quedarme con eso de cada director pero es cierto que hay veces que hay algo que traspasa lo profesional, como me ha pasado con Uri (Oriol Paulo), que se ha convertido en alguien importante en mi vida personal y es amigo. También me ha pasado con Fernando González Molina, director de Tres metros sobre el cielo y Palmeras en la nieve, o con un director que también me enseñó mucho en su día, Alberto Rodríguez (Grupo 7), al que respeto muchísimo y al que considero uno de los mejores de nuestro país; me fascinaba ver cómo dirigía el cotarro en un rodaje, cómo se llevaba la película a sus espaldas, con humildad y con un trato agradable hacia los actores.

Vaya añito, este 2021. ¿A qué sabe un premio como el Goya, el recibido por 'No matarás'?

Para mí es un honor que los académicos hayan querido regalarme este premio pero al final es algo secundario. Lo hablé el otro día con Coronado, que fue quien me entregó el Goya. Porque tengas un Goya tampoco te van a llamar muchísimo más. Es un premio, que es verdad que es maravilloso, pero al final lo que queremos nosotros es trabajo, que te llamen, que te ofrezcan personajes, ese es el verdadero Goya, el verdadero premio.

¿Qué le enseñó un papel tan extremo como el de No matarás?

La película se grabó con una cámara que constantemente estaba encima del actor, y me dieron la oportunidad de improvisar mucho, el director me dejó hacer lo que yo quería dentro del personaje. Jugué constantemente a la impro y a dejarme ir, a volar. A partir de ahí construí y ellos me siguieron en todo momento. En No matarás hay escenas, planos, tomas, de más de 40 minutos sin cortar, algo que para un actor es una maravilla. Es lo más cerca que he podido estar del teatro. Fue un regalo para mí.

¿Necesita crear personajes de toda clase?

Sí. Nuestro oficio es un riesgo constante. Puedes hacer una peli y que no funcione, y que no te vuelvan a llamar. Nos movemos en arenas movidizas, sin saber lo que va a suceder. En mis personajes también necesito el riesgo, necesito sentir que no estoy cómodo, sentir algo que no he hecho, crear un personaje que desconozco, buscar emociones dentro de mí que desconocía... es decir, ese riesgo, ese salir de la zona de confort es lo que a mí me gusta. Ahí es donde noto que sigo aprendiendo.

¿Qué reclama con urgencia el cine?

Yo deseo, espero y sueño con que las salas, dentro de unos meses, dentro de un año, vuelvan a estar llenas, a rebosar, en auge, que regresen las colas. 

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