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Los pecados capitales de la cultura según Max

Un poco de Max es mucho y cada vez es más así - El artista afincado en Mallorca publica una antología de las tiras que dibuja cada semana en el suplemento ‘Babelia’, del diario ‘El País’ - Su próximo cómic será un nuevo paso en su camino esencialista: una historia muda protagonizada por el viento y un pájaro

El dibujante Francesc Capdevila, más conocido como Max, en una imagen de 2017.

Saboteando a Shakespeare (Salamandra Graphic) recopila tiras de la serie Trampantojo, que el artista afincado en Mallorca publica en el suplemento Babelia, de El País. Lacónicas viñetas que muy a menudo producen fogonazos sinápticos y en las que expresa su amor por la cultura de la mejor manera que puede expresarse: riéndose con cariño del tinglado cultural. Dante, Shakespeare, Picasso, Dalí, genios todos, os lo reconocemos allí donde estéis, pero ¡no hay para tanto!

Lo que consideren 999 de cada mil personas que son los tres pecados capitales de un creador nos da igual. Pero Max es esa persona de cada mil cuya opinión nos importa. «Endiosamiento», «torre de marfil» y «solipsismo», dice. En cuanto a las tres virtudes favoritas en un creador: «Inquietud» para no convertirse en una fórmula, «zozobra» ante la exposición pública de cada nuevo trabajo, una forma de «valentía», y «coherencia», añade el artista catalán.

Max desprecia la «apropiación innoble» que han hecho la política, la publicidad y el periodismo de la palabra ‘relato’. «El relato es una necesidad humana ancestral que nos han birlado. A mí los relatos que me interesan son los que me cuentan lo que no sé y quizá no quiera saber», dice. Mientras que el actual ‘relato’ mercantil es una reafirmación de lo que crees saber y quieres oír.

Tres tiras de ‘Saboteando a Shakespeare’.

Tres tiras de ‘Saboteando a Shakespeare’. MAX

Harto de autoficción

Del concepto ‘novela gráfica’ aplaude Max que ha generado «un espacio físico y mental» nuevo para el cómic. Esto es, que ha funcionado como etiqueta comercial para ennoblecer la historieta, maldita la necesidad que tenía de ennoblecerse la historieta, aunque bienvenidos sean el respeto y los nuevos lectores. Pero está hasta la coronilla de tanta autoficción y tanta recuperación de la memoria. «A mí lo que me gusta es la ficción», afirma.

La desmitificación del proceso creativo es una especie de running gag en los trampantojos. Max tiene un proceso creativo, «aunque no un sistema». Consiste el proceso creativo en ir regularmente muy pronto a un bar de un polígono industrial que tiene cerca de casa y, en medio del ruido de la cafetera, la radio y los gritos carajilleros, crearse una burbuja durante una hora y media o dos horas y tener ideas. «El 80% no van después a ningún sitio, pero algunas brotan en el estudio», asegura Francesc Capdevila.

Tres tiras de ‘Saboteando a Shakespeare’.

Tres tiras de ‘Saboteando a Shakespeare’. Max

Tres tiras de ‘Saboteando a Shakespeare’.

Tres tiras de ‘Saboteando a Shakespeare’. Max

Los Bosé, los Flores, la Trinca junta y por separado, la Dharma siempre han estado allí como maldiciones endémicas para una quinta. También Max, pero como una bendición. Su trayectoria es un cañón de bobsleigh hacia un esencialismo gráfico e intelectual sin par. Si bien en los trampantojos para Babelia tiene que cortarse un poco. «Unas personas me dicen que compran el diario por mis tiras y otras me dicen que no entienden mis tiras. Es jodido no tener claro a quién te diriges», según sus palabras.

Sí, todavía puede ser más esencial Max. Trabaja en «un cómic, un libro, no una novela gráfica», sin palabras, aunque con onomatopeyas. Los protagonistas son el viento y un pájaro. Todo pasa en el cielo, un cielo sin fondos. Es «una historia de acoso», dice Max, del viento al pájaro. La inspiración le vino tras leer el relato de César Aira La costurera y el viento. Más que inspiración, un reto le inyectó Aira. «La dificultad está en convertir el viento en un personaje gráfico». ¿Modelo Eolo soplando, tanto que le gustan a Max los mitos? «No». Habrá que ver cómo se las ha apañado para dibujar el invisible viento. Sin fondos.

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