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Cómic

De Tarzan a Ka-Zar

El éxito de Tarzán propició la aparición de varios héroes de la selva, entre los que destacó Ka-Zar. Nada sorprendente, cuando ya existían otras ficciones anteriores similares al personaje de Burroughs

Cómic: de Tarzan a Ka-Zar

Del Mowgly de El libro de la selva a Rima, numerosos autores habían fantaseado con protagonistas educados entre animales y en armonía con la naturaleza. Javier Jiménez Barco, en su excelente libro Chicago-Marte por 15 centavos dedicaba un capítulo a esas aventuras exóticas, listando algunas de las imitaciones de Tarzán: Tam, hijo del tigre, Jan de la jungla, Morgo el poderoso, Hawk of the wilderness, Ozar el azteca, Jongor de la tierra perdida, Sheena, reina de la jungla, Ki-Gor... y, por supuesto, Ka-Zar. Este Tarzán rubio tuvo una vida muy breve en el pulp, pero su fortuna mejoró cuando la editorial Marvel se hizo cargo de él, integrándolo en su universo superheroico. Todos recordamos algunas de sus primeras apariciones, acompañado por Zabú y reinando en la Tierra Salvaje. Primero con los contrapicados de Gil Kane y más tarde como escenario para unas trepidantes aventuras de los X-Men más barrocos, con arte de Neal Adams. Con los años Ka-Zar tuvo muchas reencarnaciones. Especialmente afortunadas fueron las dibujadas por Buscema, en plena renovación de los setenta, convirtiendo al malhumorado personaje en una suerte de antecedente de Conan, en episodios violentísimos y rodeado de bellas señoras en paños menores. Por aquel entonces las historias de Shanna (la versión Marvel de Sheena) también se endurecieron, mientras los mensajes ecologistas se radicalizaban. Mucho más tarde, Frank Cho firmó una excelente miniserie de Shanna, convertida para la ocasión en una de sus culturistas sexys y rodeada de ejércitos de dinosaurios. De aquel divertimento a lo que se acaba de publicar median casi veinte años en los que muchas cosas han cambiado.

A. GOODWIN Y GIL KANE. Tarzan. Sunday pages 1979-1981. Dolmen, 112 páginas, 29,90 €.

A. GOODWIN Y GIL KANE. Tarzan. Sunday pages 1979-1981. Dolmen, 112 páginas, 29,90 €.

En cuanto a Tarzán, el personaje se mantiene sorprendentemente fresco. Ya he comentado con anterioridad sus sucesivas reencarnaciones, en prensa y en comic-book. Los mejores se han encargado de él: Foster, Marsh, Manning, Kubert, Buscema, Kordey... Aquí conocemos mejor sus comics que las tiras de prensa, con muchas etapas que nunca se han traducido. Así que es de agradecer que alguien se anime a rellenar huecos. En este caso son los de Dolmen los que nos brindan la breve etapa de Kane y Goodwin. No es lo mejor que hemos leído del personaje. Goodwin parece cansado, evita los aspectos fantásticos y familiares y escribe un conjunto de aventuras que nunca aburren, aunque de interés muy limitado. La parte de Tarzán en Nueva York tiene cierta gracia pero, si hay una razón para adquirir el volumen, sin duda es el arte de Kane. Las limitaciones de la tira afectan a su composición, sin embargo todavía brilla en los movimientos y las abundantes escenas de acción. Como siempre, cada uno de sus cuerpos es una lección de anatomía.

ZAC THOMPSON Y GERMÁN GARCÍA. Ka-zar, señor de la tierra salvaje. Panini, 112 páginas, 14 €.

En cuanto al volumen de Ka-Zar, señor de la tierra salvaje, lo mejor también se encuentra en el dibujo, a cargo de un recuperado Germán García. Tras muchos años de ausencia ha vuelto a Marvel y parece en plena forma, con un grafismo fresco y dinámico. No todo son buenas noticias. El color, aunque de tonalidades agradables, de alguna forma se come la línea, dificultando la lectura. Lo peor con diferencia es el guión, un delirio místico-ecologista literalmente intragable. Parece ser que hay un villano que corrompe al hijo de Ka-zar, que estaba muerto pero no del todo. El señor de la selva es ahora un multiforme que lo mismo se transforma en pez que caga flores. Es uno con la naturaleza y lucha con los malos en paz y armonía con el universo. O algo así. Yo no he entendido nada.

Así que mi resumen es que el Tarzán de Goodwin y Kane es un pelín rancio y el Ka-Zar de García y Thompson... supongo que demasiado moderno.

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