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¡Qué tiempos aquellos!
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Sobre este blog de Cultura

Dicen que hay una memoria en nuestro cerebro de todas las experiencias vividas por nuestros antepasados.


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  • 30
    Octubre
    2017

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    Cultura Mallorca

    Y sin embargo te quiero

    Y sin embargo te quiero

    Eran domingos con aromas de café con achicoria y camisas de Terlenka recién planchadas. Misas de comunión general con velo y misales nacarados. Niños endomingados con raya al lado y señoras con tupé Arriba España. Procesiones con las Hijas de María, coros parroquiales y  solemnes Cuarenta Horas. Trajes de sastrería y zapatos lustrosos con medias suelas recién puestas.

    Tiempos del parte en Radio Nacional, No-Do y concursos radiofónicos. Canciones de Concha Piquer y Juana Reina. Combates de boxeo en el Balear y estrenos con gran concurrencia en el cine Borne. Giras por provincias en el Lírico y zarzuelas en el Principal. Partidos de fútbol en el Fortí y tardes de corridas de toros en el Coliseo. Helados y chocolate en la Granja Reus. Mesas petitorias y tómbolas benéficas. Visitas del Caudillo y congresos eucarísticos. Canciones dedicadas y bailes de tarde en sala de barrio. Vigilias y cuaresmas de lentejas y garbanzos con dispensas y bulas. Censuras y nihil obstat. Silencios con banderas a media asta por lutos y entierros en carruajes. Papel de estraza y oficios de Semana Santa. Tabletas Okal y fotomatón en el paseo. Paragüeros y afiladores callejeros, modistas y talleres de costura. Chaquetas de piqué y blusas de organdí. Máquinas de coser Singer y calcetines zurcidos. Popelines y medias de cristal con los puntos cogidos. Servicio Social y canastillas. Flechas y Pelayos y tebeos.

    Fueron días de ilusiones y de hacer grande lo pequeño, de heroicas gestas en batallas perdidas de antemano. Tiempos de conformismos y exageraciones, de valorar con generosidad lo poco que llegaba y escapar de la dura realidad diaria a través de las ondas de la radio. Domingos de sesiones interminables de cine, que como magníficos trampantojos ilusionaban a unos espectadores que buscaban una evasión casi imposible. Años de últimos cuplés y leonas de Castilla, de balarrasas y marcelinos pan y vino, de coplas y cantares que cantaban precisamente aquella misma realidad a modo de queja y desahogo.

    La dureza y la particular cotidianidad de aquellos años los hacen extrañamente tan frágiles y bellos, que se recuerdan con la condescendencia de quien ama a pesar del sufrimiento, como si se tratara de la letra de una de aquellas canciones.

    Fotografía: Fotos Antiguas de Mallorca.

     

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