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Caso Abierto - Diario de Mallorca

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Día Internacional de la Mujer

Mujeres en la Guardia Civil y la Policía Nacional: Una minoría normalizada

La presencia de las mujeres se ha asentado en los cuerpos policiales / Varios mandos comentan que nunca han detectado casos de machismo, aunque la conciliación es mejorable

La inspectora Lorena García y sus compañeras de la UPR ante uno de sus vehículos. | GUILLEM BOSCH

«Nunca he tenido ningún problema por ser mujer ni he detectado una actitud machista entre mis compañeros». Lorena García es inspectora de Policía y jefe de uno de los grupos de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR). Y en esto coincide con Irene Blanco, sargento de la Guardia Civil y actualmente jefa de la Central Operativa de Servicios (COS): «¿Machismo en el cuerpo? No, los compañeros siempre me han tratado con normalidad». Son dos representantes de la minoría de mujeres que trabajan en los Fuerzas de Seguridad. En la Policía Nacional suponen el 16% de la plantilla, mientras que en la Guardia Civil son el 8%. Son ya la segunda generación de agentes policiales, por lo que se han integrado en las plantillas con total normalidad. «Una mujer de uniforme en un grupo operativo en la calle ya no llama la atención».

Las primeras mujeres entraron en la Policía Nacional en 1979, y en la Guardia Civil en 1988. En este tiempo se han integrado en todos los grupos, incluidos aquellos que tradicionalmente parecían marcadamente masculinos. La cabo de la Guardia Civil Noemí Colinas es mecánico de helicóptero. Antes estuvo varios años en la Armada y fue una de las primeras mujeres que formó parte de la tripulación de un submarino, así que no parece alguien que se deje arredrar ante las supuestas barreras de género.

En sus casos hay mucho de tradición familiar. La sargento Blanco y la cabo Colinas son hijas de guardias civiles. «Yo me he criado en una casa cuartel, y desde pequeña recuerdo que siempre quise ser guardia», dice Blanco. Noemí Colinas coincide: «Mi padre estaba destinado en el Grupo Rural de Seguridad (GRS) en León, mi abuelo también fue guardia. Mi hermana y mi marido también lo son. Supongo que lo llevo en la sangre».

La mecánico de helicóptero de la Guardia Civil Noemí Colinas. |

El caso de la inspectora de Policía es similar. «Tengo tíos policías, y también mi hermano. Fue sobre todo él quien me hizo decidirme. Me gustó lo que me contaba». Lorena García ha estado siempre destinada en grupos de intervención, siempre en la calle. Durante cinco años fue jefa del Grupo de Radiopatrullas. Tenía a sus órdenes a agentes veteranos, con mucha más experiencia, «pero nunca tuve problemas con ellos. En este trabajo no se tiene en cuenta el sexo, sino la competencia. Yo siempre he sido humilde y he intentado aprender lo máximo y lo más rápido posible. Nunca tuve la sensación de que me cuestionaran».

«¿Cuestionar mis órdenes? Para nada, y más les vale», ataja la sargento Irene Blanco, que en su puesto en el COS recibe todas las llamadas de emergencia que se hacen a la Guardia Civil y coordina todas las patrullas de servicio en las islas.

«Las mujeres nos complementamos con los hombres», prosigue la inspectora de Policía. «La integración de hombres y mujeres es necesaria, porque nosotros trabajamos de cara al ciudadano. Hay situaciones, como cuando tienes que hacer cacheos o intervienes con familias, en las que es necesario contar con mujeres. Y la gente tiene normalizado que haya mujeres en la Policía, porque es un reflejo de la sociedad».

Mujeres en la Guardia Civil y la Policía Nacional: una minoría normalizada

Mujeres en la Guardia Civil y la Policía Nacional: una minoría normalizada B. Ramon/Guillem Bosch

La cabo Noemí Colinas se expresa de forma parecida: «Nos complementamos, aportamos otro punto de vista. A la hora de trabajar ellos tienen más fuerza, pero nosotras aportamos otras soluciones y eso es positivo para el equipo. En el trabajo como mecánico de helicóptero muchas veces es una ventaja tener las manos más pequeñas, para llegar a sitios recónditos. Somos necesarias».

El hecho es que, varias décadas después de la entrada de mujeres en los dos cuerpos policiales, todavía son una minoría. El 16% de la plantilla de la Policía Nacional y el 8% en la Guardia Civil. «No sé por qué somos tan pocas», comenta la inspectora García. «Quizá porque la gente no conoce bien la Policía, y es una profesión un todavía un poco ajena para muchas mujeres. Pero las cosas están cambiando, y cada vez somos más». La minoría se acentúa todavía más en el caso de los mandos. «Eso es una cuestión de tiempo», añade. «Cada vez hay más mujeres en la escala ejecutiva, y con el tiempo habrá más en la escala superior, de comisarios». La sargento Blanco admite que «es verdad que somos pocas, pero eso no es un problema. Desde luego, sería bueno que hubiera más, aunque hace falta tiempo».

La sargento Irene Blanco (centro) y la cabo Noemí Colinas (dcha), con otras dos guardias civiles frente a la Comandancia. B.Ramon

Conciliación familiar

Varias de las integrantes de la UPR son madres, incluida la inspectora García. «Cuando me quedé embarazada pasé a hacer labores de gestión hasta que di a luz. Y cinco meses después, cuando me reincorporé de la baja, volví a trabajar en la calle. He podido conciliar porque estoy casada con un policía y tenemos turnos distintos, uno trabaja por la mañana y otro por la tarde. Hemos podido compatibilizar, aunque está claro que hay cosas mejorables».

En este sentido, los problemas surgen sobre todo a la hora de optar a un ascenso. «Si asciendes, en muchos casos tienes que cambiar de ciudad, y eso frena a muchas mujeres con hijos», comenta una de las agentes de la UPR.

La situación es similar en la Guardia Civil. «Cuando estaba en la academia tenía una compañera con hijos que lo pasó mal, porque los tuvo que dejar con los abuelos. Pero es el proceso, si quieres ser guardia tienes que pasar por la academia», explica la sargento Blanco.

«Yo tengo dos hijos y me estoy preparando para ascender a sargento», añade la cabo Colinas. «Y es difícil sacar el tiempo para estudiar. Pero es algo que he elegido yo. Si quieres ascender tienes que renunciar a cosas. Al final es una decisión personal, pero hay gente dispuesta a hacer ese sacrificio. Claro que se podría mejorar en las medidas de conciliación, pero no solo para las mujeres, también para los hombres».

Al final, todas ellas se muestran satisfechas de su elección. «La mejor decisión de mi vida ha sido ser guardia civil», resume Blanco.

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