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Diario de Mallorca

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Es Trenc: La odisea que conduce al paraíso

El estrecho camino y los coches mal aparcados en los bordes dificultan el acceso al aparcamiento

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Es trenc: La odisea que conduce al paraíso Guillem Bosch

El caos y el edén están a menos de dos kilómetros de distancia. Y es que para llegar al paraíso mallorquín por excelencia, es decir, es Trenc, es necesario una buena dosis de paciencia si uno no es de los previsores que llega al paradisíaco arenal a primera hora de la mañana, antes de que una marabunta de bañistas en coches, motos y furgonetas se adueñen del camino que transcurre por el parque natural marítimo-terrestre de es Trenc-es Salobrar de Campos con el fin de llegar al aparcamiento que les conducirá a las dunas y aguas cristalinas más famosas de la isla. Una misión que a partir de las once de la mañana se convierte en toda una aventura y cuando el reloj marca las doce es más bien una misión imposible. (Vea aquí la galería).

A las diez y media de la mañana, todo fluye. Como mucho, cinco minutos de espera, más que nada porque el camino es tan estrecho que dos vehículos requieren más de una maniobra para pasar. A las once, uno ya avecina el desastre, que llega media hora después. Mientras, en la entrada del aparcamiento con unas 400 plazas disponibles, los trabajadores [que miran el reloj de reojo] sirven tickets de acceso como churros mientras, de fondo, los coches se van acumulando en el camino que conduce al edén. «¿No hay basuras?», pregunta una usuaria en la entrada del parking. «No, los residuos que genere regresan con usted a casa. Estamos en un parque natural», le responden. Mientras, el tiempo de espera para muchos es de todo menos un paraíso. Están de vacaciones pero la paciencia se agota. El sol del mediodía, tampoco ayuda.

Precisamente este colapso que sufre el espacio natural diariamente este mes de agosto ha llevado al GOB ha pedir a la conselleria de Medio Ambiente la eliminación del aparcamiento de es Trenc por el impacto ambiental que conlleva dicha saturación. La propuesta del grupo ecologista es ubicar la infraestructura en una «zona menos frágil», por ejemplo, cerca de la carretera de Campos a la Colònia de Sant Jordi.

Volviendo a la odisea de llegar al cuestionado aparcamiento por los ecologistas, una de las escenas más repetidas es que el conductor se queda al mando de la aventura de aparcar el coche y los acompañantes bajan para acceder a pie al arenal. También están los copilotos que quieren comprobar con sus propios ojos a qué se debe tanta cola. Móvil en mano, va pasando el informe de la situación. Otros [más bien muchos] directamente deciden aparcar el coche en uno de los bordes del camino. «No se puede aparcar aquí. Es un parque natural», les avisan. Ni se lo piensan. Caso omiso. Siguen caminando hacia el arenal. Su día de playa en es Trenc es mucho más importante que respetar el entorno.

Rodolfo Fonseca observa estas escenas desde su garita de la entrada al aparcamiento del restaurante que hay. Es solo para los comensales, unos comensales que con el atasco muchas veces llegan tarde, afirma. «En agosto, cada día hay atascos», asegura. De hecho, algunos conductores optan por utilizar el acceso al aparcamiento del restaurante para dar media vuelta y abordar su misión. Pero, ojo, la odisea para escapar también requiere buenas dosis de paciencia.

Son las 11.30 horas y los encargados del aparcamiento llevan a cabo la primera medida disuasoria. Abren las puertas del camino que utilizan «para emergencias». El camino es demasiado estrecho. Hay vehículos mal aparcados en los bordes. Llega el colapso.

Falta poco para que toquen las doce y la cola de vehículos que pretenden llegar a es Trenc ya alcanza la altura de la carretera que une Campos con la Colònia de Sant Jordi. Diariamente entre las doce y la una del medio día, los que se encargan del aparcamiento se ven en la tesitura de tener que colocar una barrera en el camino que conlleva a es Trenc desde la carretera. No tienen potestad, lo saben, pero hay que actuar para evitar el caos. No cabe nadie más. Se avisa a la policía pero «no solo existe es Trenc». Tienen más frentes abiertos. Mientras tanto, lo más repetido en la entrada del parking: «Si pasa algo, no salimos». «Ni ambulancias ni bomberos podrían acceder».

Como decíamos, la odisea para escapar también tiene su aventura. En este caso, el camino utilizado para las emergencias está abierto y la primera parte se supera en un plis plas. Luego, es otro cantar. Hay tramos muy estrechos. Es difícil que dos vehículos puedan pasar sin tener que hacer maniobras. Si a esto se le suma, una furgoneta de grandes dimensiones y alguna que otra piedra caída del muro que obstaculiza el paso, el resultado es el caos. Furgoneta parada. Y gritos procedentes del primer coche afectado por el parón. No pasa. Transcurren cinco minutos. Diez minutos. Los gritos van en aumento. En este punto, los propios usuarios se ponen a dirigir el tráfico. Dejan pasar unos cuantos coches. Y la furgoneta, logra salir del embrollo. Ya a la altura del salobrar, un conductor pregunta a los que han abordado la misión y se van. Sí, es mejor dar la vuelta. Hay para rato.

La cuestión es que si uno espeta un ¿vale la pena? La respuesta es clara. Vicente Lucas es uno de los visitantes que superó la odisea. Es de Barcelona y no se piensa su respuesta: «Ves las fotos de es Trenc y tienes claro que sí vale la pena». Nada más que añadir.

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