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Lluc afronta cambios de gestión interna para «recuperar» a los mallorquines

El equipo de la Diócesis que administra el santuario se siente incómodo con el actual papel del complejo religioso como un gran centro turístico que ha desplazado a los isleños que tradicionalmente persiguen «paz y tranquilidad»

Monasterio de Lluc

Monasterio de Lluc B. Ramon

El santuario de Lluc afrontará el próximo año 2021 una profunda modificación del organigrama interno del centro espiritual de la Serra de Tramuntana que implicará cambios de calado en la gestión de la hospedería del santuario y otros servicios con el objetivo de recuperar el complejo religioso para los mallorquines ante la masificación turística que se ha producido en los últimos años. Así lo han explicado fuentes diocesanas y lo ha confirmado a este diario el actual prior de Lluc, Marià Gastalver.

En septiembre de 2019, la Diócesis de Mallorca se hizo cargo de la gestión del santuario tras la marcha de los Missioners dels Sagrats Cors tras 128 años de presencia. Tras este primer año de administración de Lluc por parte de la Iglesia mallorquina, la Diócesis tiene intención de aplicar una serie de cambios de gestión para que el equipo del santuario «asuma de forma más directa la administración» del complejo, según el prior, que precisa que el futuro organigrama «todavía está en fase de estudio».

Un santuario «más autónomo»

Gastalver explica que los misioneros que gestionaban el santuario hasta septiembre de 2019 «habían delegado en un gerente y en un equipo de colaboradores el funcionamiento del santuario», un sistema que ahora se pretende corregir mediante la creación de un nuevo «organigrama empresarial» que implicará que el santuario sea más «autónomo» a la hora de explotar los servicios que permiten su supervivencia económica.

De hecho, el actual gerente de Lluc, Sebastià Sureda, tiene intención de jubilarse el año próximo y la actual administración del santuario aprovechará esta circunstancia para iniciar una nueva etapa de la que todavía no han trascendido los detalles.

En principio, los cambios no afectarán a corto plazo a la explotación del aparcamiento del santuario, concedida a una empresa externa que todavía tiene contrato en vigor. Actualmente, las plazas de pago suponen uno de los principales ingresos para el complejo religioso, que también sufre las consecuencias de la actual crisis económica derivada de la pandemia, ya que una parte de sus empleados siguen en ERTE y el resto ha regresado al trabajo con horarios reducidos. El prior no quiso avanzar qué ocurrirá con la explotación del parking cuando finalice el contrato externo.

Lo que tiene claro el santuario es que quiere ser autónomo y que las empresas colaboradoras tienen que «resituarse» y adaptarse a esta nueva situación.

Los primeros cambios afectarán al funcionamiento de la hospedería, que durante los fines de semana alcanza una ocupación del 50 por ciento. «Queremos potenciar este servicio; uno de los objetivos del nuevo equipo del santuario es el de potenciar mucho la llegada de familias mallorquinas, crear actividades y reforzar la participación; crear más espacios comunes», señala el prior.

Y es que existe la idea de que el santuario se había convertido en los últimos años en un gran centro turístico y había perdido parte de su identidad histórica como centro de recogimiento espiritual. «Se habían hecho muchas gestiones para favorecer la presencia de turistas en Lluc; está muy bien, pero esto desbancaba a los mallorquines para que subieran con paz y tranquilidad; queremos recuperar las tradiciones, la fe y la naturaleza que siempre han caracterizado a Lluc», concluye.

El Pujol dels Misteris sigue pendiente de una reforma

La barrera que impide el paso del cuarto al quinto misterio está en mal estado.

El Pujol dels Misteris de Lluc, un itinerario creado en 1913 a través de diversos monumentos que reproducen pasajes bíblicos, sigue pendiente de reforma. Actualmente, el acceso del cuarto al quinto misterio permanece cerrado al público por el mal estado que presenta, por lo que los visitantes están obligados a dar marcha atrás. No obstante, la presencia de una barrera que impide el paso no es suficiente para evitar que muchas personas hagan caso omiso a la prohibición y decidan cruzar de un misterio a otro, a pesar del peligro de desprendimiento. El prior Marià Gastalver explica que existe un proyecto de rehabilitación para reparar los desperfectos, aunque actualmente el proceso «está paralizado» y pendiente de las diferentes autorizaciones patrimoniales.

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