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Provecho y codicia de un viejo fruto

Provecho y codicia de un viejo fruto

En Mallorca abundan los algarrobos desde tiempo inmemorial. Integrados en el clima mediterráneo, estos árboles han ido envejeciendo en la isla sin que nadie se los mirara de cara. Ha sido así hasta que se han desvelado nuevos usos industriales para su fruto y éste ha adquirido un precio decente y rentable. La algarroba ya no es solo un elemento de preferente consumo animal. El dinero, siempre el dinero, establece el orden de prioridades y actuaciones.

Pagar la algarroba entre 0,80 y 1,10 euros el kilo es toda una novedad. Estos días es el tema recurrente de conversación en los ambientes rurales y de comercio agrícola. También un alivio para trabajadores en paro o empleados turísticos en ERTE. Ahora recogen las algarrobas que en los últimos tiempos dejaban perder. Este año vale la pena hacerlo.

Y como el dinero lo mueve todo, los cacos se han dado cuenta de ello y proliferan ya los robos de algarrobas. Otra plaga para la siempre castigada fora vila y no precisamente en forma de insectos. El campo ya es una selva, no solo por el abandono de su explotación. También por el modo en que actúan algunos humanos en él.

En esta situación, no es extraño que los payeses reclamen mayor seguridad y presencia estable de la Guardia Civil. No es el único frente de reivindicación que mantienen abierto. También necesitan que se les reconozca el coste de la insularidad para que su producto pueda ser competitivo de forma regulada y alejar los fantasmas de la especulación. En este sentido, es interesante la fórmula que experimenta Camp Mallorquí basando el sistema de pagos en el rendimiento del garrofín. Se trata de dar crecimiento a la nueva vida que genera el fruto del algarrobo.

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