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En estado de alarma

El Castell d'Alaró, una excepción entre los refugios de montaña que siguen cerrados

La hospedería recibe desde hace semanas a los excursionistas, que llegan caminando ansiosos de disfrutar de la naturaleza

Desde la terraza del Castell se puede contemplar unas magníficas vistas mientras se almuerza.

Desde la terraza del Castell se puede contemplar unas magníficas vistas mientras se almuerza. j. Sitges

La gran mayoría de los refugios de montaña continúan cerrados pese a que Mallorca ha entrado en la fase 2 y desde hoy mismo se permiten las excursiones. Pero algunos de estos establecimientos ya hace semanas que han reabierto sus puertas y han empezado a recibir a sus primeros visitantes. Es el caso de la hospedería del Castell d'Alaró. Diferentes grupos de amigos y familias ya han dormido en ese refugio y sus responsables hace semanas que reciben huéspedes en sus instalaciones.

Además sirven comidas y bebidas a todos los que llegan hasta la ermita. Pero eso sí, han adaptado el funcionamiento de la hospedería para respetar las normas sanitarias y prevenir contagios. "Mantenemos abierto el servicio de bar, ofrecemos pa amb olis y por encargo también ofrecemos otros platos pero no permitimos que nadie entre, servimos a los clientes en sus mesas. Desde allí se pueden contemplar nuestras maravillosas vistas y además es más fácil respetar la distancia de seguridad recomendada", explica el encargado del refugio, Nacho Bou.

En el Castell d'Alaró, además, también se admiten huéspedes. "Aceptamos familias, parejas o grupos de amigos, pero hemos tenido que cambiar el funcionamiento del refugio porque no pueden dormir en una misma habitación compartida las personas que se acaban de conocer o que no viven juntas", añade el responsable de la hospedería del Castell d'Alaró.

De hecho, las diferentes habitaciones sólo se comparten entre las personas que se conocen, y como el agua en la cima de la montaña es escasa, "no podemos limpiar las sábanas continuamente y por eso pedimos que cada uno lleve las suyas", explican en la hospedería.

Volver a la naturaleza

"Echábamos de menos la montaña, nos moríamos de ganas de volver a la naturaleza, caminar y disfrutar de los sonidos y los olores", explica Joan Corró, uno de los huéspedes que ha pasado el fin de semana en este refugio con un grupo de amigos. "Algunos de nosotros hemos estado confinados en Palma, añade Rosa Penya, otra de las huéspedes del Castell.

"La verdad es que estamos satisfechos de haber reabierto, esto es un refugio y mucha gente ha vuelto al Castell para refugiarse de la locura que supone la pandemia mundial en muchos pueblos y ciudades", admite el responsable del refugio, Nacho Bou. "Cuando nos enteramos de que el Castell d'Alaró estaba abierto, no nos lo pensamos, llamamos por teléfono y enseguida reservamos para dormir y cenar, es una auténtica oportunidad porque podemos disponer de una habitación para nosotros solos, de unas vistas maravillosas y a precio de ganga", relata Juanjo Suñer, que ha pasado una noche con su pareja en la hospedería del Castell d'Alaró.

También pasaron la noche en la cumbre Julia, Ali, Sabina, Martina y Alma, que junto a sus familias celebraron las fiestas de cumpleaños que frustró el confinamiento". El precio para pasar una noche en el refugio es de 28 euros e incluye cena y desayuno. "Está todo buenísimo y es una gozada reencontrarse con los amigos, llegar hasta el antiguo castillo y disfrutar de la naturaleza, la historia y el patrimonio", confiesa Jaume Bernat Adrover, otro de los huéspedes.

Aún así la gran mayoría de los refugios de montaña continúan cerrados. El hecho de que la mayoría cuenten con dormitorios compartidos hace suponer que su reapertura no será inminente. En el refugio de Muleta, por ejemplo, hay 32 literas en un solo dormitorio y el Consell de Mallorca ha confirmado que habrá que esperar a su reapertura y también a la del resto de hospederías.

Así, aunque esta fase 2 que hoy se estrena abra la puerta a caminar por la montaña, los excursionistas no podrán contar con el servicio de bar que los refugios ofrecían antes de la llegada del coronavirus. Eso sí, siempre les quedará el Castell d'Alaró.

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