13 de septiembre de 2018
13.09.2018
Club Diario de Mallorca

Magia, brujería y superstición abarrotan el Club Diario de Mallorca

Rafel Perelló Bosch hace rememorar a más de 200 personas las creencias populares de la isla

13.09.2018 | 02:45
Magia, brujería y superstición abarrotan el Club Diario de Mallorca

Ni una butaca quedó ayer vacía en el Club Diario de Mallorca. A pesar del escepticismo imperante hoy en la sociedad, magia y brujería atrajeron a más de doscientas personas al recinto para escuchar a Rafel Perelló Bosch, "escudriñador de las personas y la letra de Mallorca", según lo describió el colaborador de este diario, Felip Munar. "Vengo a contar lo que otros me han contado", así comenzó su relato sobre los ritos y las supersticiones más ancestrales de la cultura popular mallorquina.

Maria Vivas, Maria Gall, Joan des Racó, Àngels des Molí o Biel de Son Bontemps son algunos de quienes han nutrido a Perelló de todo un entramado de creencias populares de la payesía de la isla bien reconocidas por el público presente, que muy animado se carcajeó cuando en las palabras de Perelló rememoraba hábitos que sus abuelos, madres o padres tenían o incluso tienen en la actualidad.

Quién no ha escuchado en alguna ocasión aquello de "pon la escoba boca arriba para que se vayan ya", un rito popular que ha llegado a nuestros días para tratar de que las visitas molestas se vayan rápido de casa. Aunque también se puede hacer lo mismo, aseguró Perelló, "para evitar el impacto de un rayo".

Augurios de muerte, ritos para enamorar a quien deseamos o para sanar son los más curiosos y populares. "Se decía que las mujeres que habían tenido gemelos curaban, sobre todo a los animales", comentó el investigador, quien añadió que "los séptimos hijos eran capaces de curar el dolor de barriga". Se creía que si se pasaba un pañuelo por su sudor y esta prenda tocaba la zona dolorida, el dolor se pasaba.

Sobre los hijos son innumerables las creencias existentes. Se pensaba, por ejemplo, que un niño había nacido con suerte cuando había "nacido vestido", es decir, con la placenta, por lo que, relató, esta era dividida en porciones y repartida entre la gente del pueblo.

También se tenía el convencimiento de que "todo lo que hacía daño se tenía que freír", comentó entre risas el investigador, tras lo cual explicó lo que le ocurrió a Pere de Artà: "Un perro le mordió, lo cocieron en aceite hirviendo y ese aceite lo untaron en la herida" para que sanase.

El papel de las mujeres


Había todo tipo de creencias en torno a las mujeres, de hecho, aseguró Perelló, "la idea de la transferencia mágica es constante en el caso de las embarazadas". Así, se creía por ejemplo que no podían mirar a personas feas porque su hijo podía nacer feo; no podían tampoco ver a una persona muerta, pues su niño podía fallecer.

En cuanto a las mujeres menstruantes también existen innumerables supersticiones, algunas vigentes hoy día, como es el caso de pensar que no pueden preparar allioli porque se corta, ni entrar en una plantación de champiñones, ni salar aceitunas. Además, se creía que la sangre menstrual servía para enamorar, por ello "había mujeres que la metían en la bebida", explicó Perelló, y así quienes ellas querían se enamoraban rápidamente".

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