La calle Nuredduna, dividida diez meses después

Vecinos y comerciantes de la zona ofrecen opiniones contrapuestas acerca de la peatonalización de la calle, asegurando que «hay más ambiente» pero también «más inseguridad»

Jordi Sánchez

Jordi Sánchez

Tras diez meses, parece que las obras de mejora y peatonalización de la calle Nuredduna y la plaza de las columnas, ubicadas en el barrio de Pere Garau en Palma, no han logrado enterrar el malestar de los trabajadores y vecinos de la zona. La obra, que costó más de 1,8 de euros y fue financiada a través de fondos europeos New generation, «ha aumentado la inseguridad» según los trabajadores de algunos locales, aunque también ha dado un cambio de imagen a una calle en la que ahora pasean más niños y hay más ambiente. 

«Es verdad que le ha dado un poco más de vida, aunque ya no hay tanto sitio para aparcar. Tampoco es para decir ¡buah!, pero mal no ha ido». Esto comentaba Toni Robles, vecino de la zona, quien se mostraba medianamente satisfecho con la reforma. Las opiniones acerca del gran cambio que sufrió la calle resultaron ser muy dispares, como la de Paz Talens, vecina desde hace seis años de Nuredduna, quien asegura que al principio se mostraba «escéptica» con la reforma, aunque al final confesó que «los peatones ganan mucho». Aún así, también destacó varios puntos negativos, como el paso de patinetes y bicicletas sin ningún tipo de control o los botellones que se realizan en la plaza: «Encima les han dado un espacio mucho más agradable e importante», comentó. 

Los propietarios de los negocios ubicados en la calle también ofrecieron algunas opiniones contrapuestas. Mientras algunos trabajadores, como los del Bar Mónaco, aseguraban que «el negocio va muy bien en parte gracias a la peatonalización», algunos otros, como Lluis Astray, empleado de la Farmacia de Nuredduna, no se mostraron nada satisfechos: «Ahora hay una gran inseguridad en el barrio y los robos también han aumentado». Una empleada del Estanco, ubicado unos metros más arriba, también hizo hincapié en el tema: «Nosotros sufrimos un robo no hará más de dos meses». Esta misma trabajadora también apuntó que la eliminación del paso de las líneas de autobús «se notaba» ya que provocaba un flujo constante de clientes que para aban a comprar al subir y bajar del bus, igual que aquellos que, según Robles, «venían de algún pueblo y se paraban delante de las tiendas en doble fila». Hay que tener en cuenta que estos negocios se vieron inmersos en una brutal reforma nada más salir de la pandemia, y para ellos la normalidad retornó hace tan solo diez meses. 

La circulación de bicicletas y patinetes también se ha convertido en uno de los puntos más polémicos entre los vecinos. El uso de estos medios de transporte ha aumentado considerablemente en los últimos años y algunas zonas peatonales de Palma como Plaza Espanya ya recogieron quejas acerca de su circulación. Para Talens suponen un problema ya que «hay muchos niños y « y «algún día podría haber un accidente importante». Robles, sin embargo, apuntaba que este problema s común en las zonas peatonalizadas: «Antes no pasaba porque no era peatonal. Si te das cuenta, no es esta cale en concreto, tu vas por este tipo devías y pasan a toda velocidad».

En cambio, Joan Casasayas, otro vecino de la calle, destacó algunos puntos más invisibles como la calidad del aire o la contaminación acústica, asegurando que «habían mejorado considerablemente», algo en lo que el pasado gobierno de Hila se esforzó en mejorar con medidad como la limitación de velocidad en la vía de cintura o la incorporación del polémico carril VAO. 

Más allá de los problemas de aparcamiento y los patinetes, parece que el conflicto entre los vecinos y las personas que acuden  a la Plaza de las Columnas sigue latente. Todos coinciden en que sigue siendo el gran problema del barrio pese a la peatonalización, y aseguran que los niños ya no acuden al parque ubicado en la Plaza. «Me encuentro cristales rotos, botellas vacías, lo que es en sí los elementos del botellón», comentaba un empleado del Ayuntamiento que se encontraba limpiando las zonas verdes de la Plaza. «La gente ya no quiere traer a los niños al parque debido a la inseguridad», comentaba también Astray acerca de la situación. En la reforma se instalaron varios parques infantiles a lo largo de la calles, así como también varios juegos pintados sobre el suelo peatonalizado de la rotonda de la Plaza para poder ofrecer nuevos espacios de juego a los niños del barrio, quienes parece que prefieren disfrutar de las zonas más lejanas a la propia Plaza. 

En general la peatonalización ha dejado con un sabor agridulce tanto a los vecinos de la zona como a los comerciantes, quienes pese a haber asegurado que la gran obra ha influido, en mayor o menor medida, positivamente en sus negocios, siguen quejándose de los problemas provenientes de la Plaza. Además, algunos propietarios hicieron referencia una reunión que tuvo lugar antes del inicio de la reforma en el Bar Mónaco, en la que una comitiva del ayuntamiento de Palma explicó el desarrollo de la misma y abrió las puertas a nuevas propuestas. Sin embargo, según apuntaron algunos de los propietarios, «era una reunión para quedar bien» y «no nos hicieron caso». Entre dichas propuestas se encontraban mantener el tránsito del transporte público en la calle o simplemente llevar a cabo obras de embellecimiento de la misma. 

Hace un año algunos colectivos como ARCA, Flipau o la Associació de Comerciants de Pere Garau impulsaron la campaña ‘Pere Garau, molt més que Nuredduna’, en la que ya realizaron las primeras críticas al proyecto debido a su «falta de sentido común». Una de las grandes quejas fue el levantamiento de los antiguos adoquines, así como  la destrucción de la unidad estética de la zona y la eliminación de dos pasos de peatones. Tras la reapertura de la calle, los colectivos no se han vuelto a pronunciar acerca de los efectos generados por la obra.