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Antonio Tarabini

Entrebancs | Estados de ánimos estivales (2): "Dudo, luego existo"

En el ejercicio vacacional del dolce far niente una de las labores, especialmente entre los instalados (para bien o para mal) en las generaciones maduras, suele ser intentar poner orden (?) en las montañas de papeles que pululan sobre nuestras mesas de trabajo. Borradores de artículos que comencé a redactar pero que nunca vieron la luz; reproducción de múltiples escritos y referencias que aluden, desde distintas percepciones y diversas incertezas, a los estados de ánimo con que pretendemos afrontar el presente y el futuro. Y un suma y sigue. En el desarrollo de tal tarea cayó en mis manos parte de un escrito titulado «Dudo, luego existo», escrito por mi menda a finales de agosto del 2020 en plena crisis sanitaria, económica, social, política (…) del que reproduzco parte.

 «(…) A finales de agosto de 2020, nos encontramos inmersos en una crisis sistémica de naturaleza sanitaria, social, económica, medioambiental, política. Y un suma y sigue que afecta a nuestro sistema de convivencia: desigualdades socioeconómicas crecientes, degradación del sistema representativo, desencaje profundo de nuestro modelo territorial, colonización partidista de las administraciones y de otras instituciones. Llegados a este punto no pretendo, ni puedo, ser ingenuo. El estar amortizado políticamente y haber cumplido muchos decenios de años me han inyectado cierta dosis de escepticismo positivo. Motivos para ser optimista a ultranza, no tengo; pero tampoco, aunque tenga la tentación, me instalo en un pesimismo radical. Me inquietan los fundamentalistas de cualquier especie, «conmigo o contra mí». Me desasosiegan los neutrales y los equidistantes. Rechazo a los/as que nunca dudan de nadie, de nada, ni de sí mismo. Dudar no puede convertirse en mirarse el propio ombligo. La duda tiene relación con el sentido del humor y reactiva las neuronas. En la práctica política cotidiana la duda facilita escuchar (¡no sólo oír!) y respetar otras maneras (¡no todas!) de pensar, posibilitando poder llegar a acuerdos y no convertir la acción política en la descalificación, el insulto y en la mentira».

Hoy un año después, principio de agosto de 2021, las circunstancias son diversas pero los problemas de fondo son los mismos. Es muy probable que se cumpla el objetivo de vacunar al 70% de la población; así como que la reactivación de la actividad turística sea positiva (especialmente si conseguimos alargarla hasta el mes de octubre), y en consecuencia se obtengan buenos resultados económicos que posibiliten la recuperación de la actividad empresarial y de puestos de trabajo. Pero ¿cómo hacemos frente a la próxima temporada baja/media y a la próxima temporada alta? «¿Qué puede ocurrir tras el verano? Pasado el verano llegarán meses inciertos», Daniel Capó (Diario de Mallorca 4 agosto 2021). ¿Podemos seguir con los mismos imputs como si no hubiera ocurrido nada? Son significativas las palabras de Carmen Planas, presidenta de la CAEB que, sin negar lo positivo de los últimos datos de recuperación del empleo, afirma : «Balears necesita recuperar aún a 4 de cada 10 empleos perdidos por la pandemia»; y de los representantes sindicales que añaden : «La recuperación del empleo es positiva, pero sigue siendo temporal y precario».

La crisis sanitaria, cívica, económica, social, política… no ha sido un simple accidente. Ha tocado las raíces. Pero el futuro no está inevitablemente escrito, ni en positivo ni en negativo. No es el momento de tirar la toalla. Si queremos tumbar la «curva» de la covid-19, aunque parezca pedir peras al olmo, es imprescindible llegar a acuerdos operativos entre los distintos partidos políticos más allá de sus lógicas discrepancias, las distintas administraciones públicas, los agentes sociales, y la ciudadanía. Fácil no es, pero necesario sí . En una democracia consolidada, y no estoy hablando simplemente del nivel institucional sino más bien de los valores y las actitudes que la ciudadanía deberían hacer suyos, la regla habitual debería ser el diálogo, las conversaciones en vez de los monólogos, el adverbio «quizás» como permanente matiz ante las afirmaciones, el signo de interrogación como puerta abierta a otras miradas.

En nuestra Comunidad se ha llegado, y se sigue llegando, a acuerdos operativos positivos entre Govern, agentes empresariales y sindicales en la Mesa Para el Diálogo. Pero en el contexto político las actitudes políticas en nuestra Comunidad son copia de los planteamientos y comportamientos estatales. Abundan las posiciones extremas, las murallas de verticalidad inexpugnable, los argumentos que sin dejar resquicio a la duda han terminado convertidos en dogmas. Incluso se ha llegado al extremo de abrazarse a la Constitución y al Estado de derecho no tanto como cauce para la canalización de la plural democracia sino como una especie de arma arrojadiza mediante la cual callar la boca al contrario. La oposición debe controlar al gobierno, pero también proponer alternativas a sus propuestas.

Concluyo citando a Victoria Camps (Elogio de la duda Arpa Ediciones, 2016). «Dudar no implica dejar de actuar ni permanecer indeciso. Tampoco significa equidistancia entre opiniones opuestas (..) Dudar es una actitud reflexiva y prudente; el ejercicio de la duda es un elemento positivo para la madurez mental y la convivencia civilizada; es un dispositivo capaz de agitar los juicios, las opiniones, las afirmaciones y explicaciones de lo que ocurre o de lo que está en nuestra mente pidiendo una explicación. La duda sirve para eliminar prejuicios, supuestos no fundados, creencias no examinadas, y no es en absoluto contradictoria con la búsqueda de una supuesta verdad».

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