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Hoja de calendario | Nacho Cano, el melifluo adulador

Nacho Cano, reconocido por la Comunidad de Madrid con la Cruz de la Orden del Dos de Mayo, tiene probablemente méritos artísticos suficientes para no tener que arrastrarse ante los políticos. Pero ha preferido hacerlo ante quien le había distinguido, Isabel Díaz Ayuso, a quien ha elogiado hasta la babosidad por «haber mantenido abiertos los teatros» durante la pandemia. El elogio acabó con teatralidad: se quitó la banda de la que colgaba la medalla y se la impuso a Ayuso, que se la había entregado en primer lugar y que era quien, al parecer, la merecía verdaderamente. Ayuso no hizo gesto alguno de contrariedad.

Cano agradecía así, al parecer, la continuidad de su propia compañía, que sobrevivió a la pandemia. Pero es objetivamente incuestionable que cuanta más liberalidad se ha mostrado frente a la pandemia, más víctimas se han producido, aunque no haya modo de cuantificar esta relación con exactitud. La gente moría a chorros en USA mientras Trump negaba la pandemia y escamoteaba la vacuna, y dejó de hacerlo cuando Biden ha reconocido el peligro y ha vacunado a todos. En consecuencia, hay algo de bajeza moral en este elogio, que ensalza la imprudencia y la irresponsabilidad, y que acusa de no se sabe bien qué a los gobernantes prudentes que han intentado reducir al máximo el número de víctimas.

El castellano tiene una palabra malsonante para estos casos: lameculos, que se aplica, según la Academia, a la persona aduladora y servil.

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