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Pedro Da Silva

Ya sé que esto no pega aquí

La razón de que un algoritmo pueda completar la sinfonía inacabada de Schubert es que la sinfonía inacabada de Schubert es un algoritmo. De hecho, la frase anterior es un algoritmo, de baja calidad y algo capicúa, pero algoritmo. Más aún: la descripción de cualquier cosa (incluida la de emociones mediante música) es ya un algoritmo, pendiente sólo de traducir a lenguaje matemático, asunto ya formal. Hasta ahí nos movemos en el campo del cerebro, y cualquier cosa será en el fondo una tautología, del tipo A=B, ergo B=A (siendo B cualquier lenguaje cifrado -o sea, cualquier lenguaje- y A su transcripción algorítmica). El paso siguiente es si la cosa que se describe es también algoritmo, y en esa lengua de mar, estrecha pero muy honda, naufraga el invento. Eso nunca podremos saberlo desde un cerebro de hombre o de máquina, por falta de objetividad, y será cuestión de fe (religiosa o laica).

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