16 de mayo de 2010
16.05.2010

Bonet y la noche polaca

16.05.2010 | 08:30
Bonet y la noche polaca
Dos noches se abatieron sobre Polonia en el siglo XX, asfixiándola: el nazismo y el comunismo. Eran herederas del águila imperial alemana y del despótico oso ruso, siempre a la greña sobre el territorio polaco, sangrándolo con garra o zarpa. Pero Polonia acaba salvándose, se llame esa salvación somo se llame: Milosz, Szymborska o Zagajewski; es decir, la poesía. Y también Wajda, Kawalerowicz o Solidarnosc. El humanismo que late en la humanidad, el espíritu de los refugiados del bosque, aquella colonia judía retratada en la película Resistencia. Polonia es una nación situada en el centro del dolor europeo –de Katyn a Auschwitz– y quizá por eso en el olvido tantas veces: la sombría noche polaca. Pero también su luz y su felicidad tranquila, o sea, su esperanza. En eso pensé la primera vez que leí Polonia-noche, que es el último libro del poeta Juan Manuel Bonet y para mí el mejor de poesía española publicado en 2009. ¿He dicho española? ¿Debería decir polaca?
Bonet es conocido en España y en distintos países europeos –entre ellos, Polonia– como crítico de arte y comisario de exposiciones. Es autor de un monumental e imprescindible Diccionario de las Vanguardias en España y de centenares de trabajos artísticos y literarios, desperdigados en prólogos, ediciones críticas, separatas, conferencias, plaquettes y catálogos. Tiene 57 años y es uno de nuestros sabios –es decir, un lujo–, pero ya lo era a los 30, que fue cuando le conocí. En su día dirigió el IVAM y luego el MNCARS, pero nada de esto habría sido lo mismo, nada, –ni su vocación por el arte, ni sus pesquisas literarias–, si Bonet no fuese, esencialmente, poeta. Y la palabra "esencialmente" no es sólo modo. Lo esencial en Bonet es la poesía que, a su vez, es una poesía esencial, despojada de cualquier retórica. Una poesía profundamente europea que tantas veces parece oriental debido a esa misma esencialidad. Una poesía que encierra lo mejor de sí mismo e ilumina todo lo demás: desde la bibliofilia y el arte, a los viajes y otras literaturas. Leyendo sus dos últimas entregas –Postales y Polonia-noche– tuve la sensación de que en la poesía bonetiana hay un misterio extraño que viaja paralelo al misterio poético de su sintaxis. Ese misterio está en su escritura: como si los poemas fueran escritos por una mano invisible que estuviera tomando apuntes de su vida. De la vida de Bonet y apuntes felices, desde luego. Como un regalo de su vida privada a la vida pública.

Hace más de quince años publicó otro poemario centroeuropeo, esta vez checo y heterónimo. Bonet se inventó un poeta de nombre Pavel Hrádok –sí, también él pertenece a la secta de los tintinófilos– y bajo ese nombre le dotó de una biografía imaginaria y publicó su libro Praga. Con tan buena fortuna que yo he visto citar a Pavel Hrádok convencido –quien lo citaba (y era poeta)– de su existencia real. Como si Hrádok fuera, sin ir más lejos, un primo de Seifert. Pero si Praga, en Bonet, es una devoción –canalizada a través de las fotografías de Iosef Sudek–, Polonia, concretamente Cracovia, es la vida, el amor, la muerte tal vez: los viejos asuntos de la poesía de todos los tiempos, que en Polonia-noche alcanzan su madura plenitud. Desde, repito, la felicidad de vivir. Profunda, sentida y pensada: nada que ver con un espot publicitario.

No hay que temer a la poesía: siempre nos da más de lo que recibe de nosotros. Polonia-noche es, sobre todo, una historia de amor. Como lo es, por ejemplo, El paciente inglés. Con una diferencia: Polonia-noche acaba bien porque no acaba, porque es una ventana tras la que contemplamos –y disfrutamos– ese amor y sus distintos pasajes, como se contempla y disfruta, cuando se las encuentra uno, con la bondad, la inteligencia, o la vitalidad. Tres cosas, por cierto, que habitan la poesía de Bonet con la misma naturalidad que habitan los libros, las ciudades y la pintura. "Como un niño en un trineo, hacia ti/ deslizarme por las calles dormidas,/ y serte un viento ligero que apenas/ te despierte, y en tus sueños se duerma." Lo olvidamos a menudo y es de eso –nada más que de eso– de lo que se trata.

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