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En estado de alarma

Muchos negocios turísticos ya se plantean no abrir hasta 2021

Los argumentos esgrimidos son caer en gastos que no se puedan amortizar, bajada en el turismo de masas y rechazo a las grandes concentraciones - Los hoteleros de Platja de Palma amenazan con cerrar si sus ayuntamientos no perdonan impuestos

Los hoteleros de la Platja de Palma amenazan con no abrir este año si no se les perdonan los impuestos municipales.

Los hoteleros de la Platja de Palma amenazan con no abrir este año si no se les perdonan los impuestos municipales. G. Bosch

Hay ya muchos negocios turísticos que se plantean no abrir sus puertas hasta la Semana Santa del año que viene a causa de la crisis generada por el coronaviruscrisis generada por el coronavirus, manteniendo así paralizada toda su actividad en lo que queda de año. En el caso del comercio, la restauración o el ocio nocturno, el argumento más esgrimido es el temor a incurrir en los fuertes gastos que conlleva el inicio de la actividad para luego no poder amortizarlos por la escasez de clientes o por no disponer de tiempo suficiente para obtener los ingresos necesarios. Desde el sector hotelero, y más concretamente en el caso de los establecimientos de la Platja de Palma, la amenaza de no volver a abrir durante 2020 va dirigida a los ayuntamientos de Palma y Llucmajor, a los que exigen que condonen sus impuestos y tasas.

El presidente de la asociación de restauración de Mallorca, Alfonso Robledo, aporta un argumento que refleja el ambiente que se está viviendo: "Nos da más miedo volver a abrir que el cierre que estamos registrando en estos momentos".

La tesis expuesta por Robledo es señalada también por los presidentes de la asociación balear de comercio Afedeco y de la asociación de salas de fiestas y discotecas de las islas (Abone), Toni Gayá y Jesús Sánchez respectivamente: la reapertura de estos negocios en las zonas turísticas supone entrar en unos fuertes gastos de personal y suministros, y hay mucho miedo a que no llegue un número suficiente de turistas y de que lo que quede de temporada sea demasiado breve como para poder compensar esas inversiones, lo que supondría entrar en pérdidas, algo que muchos no se pueden permitir.

El representante de la patronal de ocio nocturno hace una reflexión adicional: buena parte de su sector genera elevadas concentraciones de personas, que se mueven muy cerca las unas de las otras en establecimientos cerrados, y que son necesarias para que la actividad sea rentable. El temor radica en que esas concentraciones se limiten durante mucho tiempo, con reducciones en los aforos, a lo que se suma la sospecha de que habrá mucha gente reticente a participar en este tipo de fiestas dado que previsiblemente se va a mantener un cierto miedo al contagio.

"Las actividades al aire libre, como ir a la playa, pasear o tomarse algo en una terraza posiblemente se van a ver menos afectadas que los negocios como los de salas de fiesta y discotecas, donde la concentración de personas es muy superior", apunta Sánchez.

Es por ello que en este sector el temor a tener que dar por liquidado este año está creciendo, todo ello en un contexto de enormes incertidumbres.

Escasez de clientes

Porque en el ocio nocturno se tiene en cuenta además otro elemento que se baraja igualmente en el comercio y la restauración, de enorme importancia si se trata además de establecimientos de costa: la escasez de clientes.

Toni Gayá afirma que cada vez son más los comercios que comunican su intención de no abrir sus puertas hasta la Semana Santa de 2021 al considerar que la facturación que pueden alcanzar durante este año es insuficiente para cubrir los gastos que se van a tener que asumir.

El presidente de Afedeco recuerda que muchos de los visitantes que llegan a la isla, en el marco del turismo de masas, tienen un limitado poder adquisitivo que se puede ver muy reducido si las medidas que se adopten en países como Alemania o el Reino Unido suponen también recortes en los ingresos de las familias, lo que podría conllevar la decisión de no viajar.

No se descarta que las grandes cadenas hoteleras opten por abrir solo una parte de sus establecimientos, para concentrar a sus clientes en unos pocos y así reducir gastos, debilitando algunas zonas del litoral mallorquín.

Es por eso que Alfonso Robledo habla del temor a la reapertura más que al cierre actual. Porque un restaurante cerrado, y más con un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) de fuerza mayor, apenas conlleva gastos. Pero la apertura posterior, si no hay suficientes clientes, puede generar más pérdidas que beneficios, y más con la obligación de mantener la plantilla estable durante seis meses. Por ello, reclama un plan de choque que permita, por ejemplo, potenciar el turismo nacional si se detecta que falla el internacional.

Amenaza hotelera

La asociación hotelera de la Platja de Palma también ha puesto sobre la mesa la posibilidad de no abrir este año, aunque en este caso en un marco de amenaza dirigida a los consistorios de Palma y Llucmajor en el caso de que no condonen el pago de impuestos y tasas municipales de 2020.

La presidenta de esta asociación, Isabel Vidal, ha señalado que estos negocios no pueden asumir los gastos que supone esa presión fiscal municipal en un momento en el que sus ingresos son nulos. "No podemos volver a abrir si los gastos nos siguen comiendo", añade, al tiempo que recuerda el impacto que ello puede suponer sobre el empleo.

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