La visión crematística enfatiza que el Túnel de Sóller ya es gratuito. Lo relevante es que por fin es completamente público. Las facturas políticas y económicas abonadas, en la mayor obra pública jamás ideada hasta el 1988 en que fue concedida por el Govern, justificarían que se cegara la carretera para volver a empezar. Todo el mundo conoce la versión de Wikipedia de una vía engendrada por Gabriel Cañellas y estrenada por Jaume Matas, que le costó la carrera a un president eterno y sacudió para siempre la hegemonía del PP en Balears, por culpa de un soborno probado ante el Tribunal Superior aunque oportunamente prescrito. Sin embargo hay al menos diez cosas que usted no sabía sobre el Túnel de Sóller. O que prefería olvidar.

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No era un Túnel, era un puerto deportivo

El PP vendió astutamente el Túnel de Sóller como una reparación histórica al aislamiento de Sóller y Fornalutx. Sin embargo, el negocio privado imperaba sobre el proyecto público. Cuál no sería la sorpresa al verificar que la ampulosa Compañía Concesionaria del Túnel de Sóller, vigente explotadora hasta finales del año pasado, se complementaba con la constitución de la sociedad Marina Port de Sóller con idénticos accionistas. Su objeto evidente era crear un sucedáneo de Puerto Portals en la costa septentrional de la isla, con amarres de precios estratosféricos y construcciones adyacentes. El faraónico proyecto se derrumbó en su fase embrionaria, en cuanto la evidencia numérica se abatió sobre el promotor, Antonio Cuart Ripoll. La hipótesis de unas gigantescas instalaciones náuticas sigue vigente, y cabe preguntarse si el muy premiado hotel Jumeirah se hubiera construido sin un Túnel que obviara el serpenteante Coll.

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Sadam Husein dinamitó el Túnel de Sóller

Hasta Mallorca llegaron las secuelas de la soberbia del dictador iraquí. El Govern entrega el Túnel en 1989, aunque solo después de que 300 mil euros del promotor Cuart "fueron entregados al Sr. Cañellas por la adjudicación efectuada y no con ánimo distinto", según la sentencia del Tribunal Superior. Al año siguiente de la concesión recompensada entre amigos, al diabólico Sadam se le ocurre invadir Kuwait. La consecuencia inmediata en Mallorca fue la estampida de los jeques kuwaitíes que habían comprado prácticamente íntegra la urbanización de Sol de Mallorca en Calvià, con intermediación regia a través del inefable pseudopríncipe Zourab Tchokotoua y en el predio donde ha establecido su corte Pilar de Borbón. El efecto mediato fue una crisis económica donde naufragó la fraudulenta agencia de valores Brokerval, que funcionaba como una especie de oscuro túnel del Túnel gracias a los juegos malabares de Francisco Paco Berga. La suerte estaba echada en 1990, pero Mallorca tardaría cuatro años en enterarse.

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En el principio fue un simple traumatólogo

El delirio operático que propició el Túnel de Sóller no debe ocultar que el escándalo estalló a raíz de una de esas minúsculas acciones que ponen en funcionamiento la maquinaria mastodóntica de la justicia. En concreto, un abogado de apellidos reciamente castellanos al igual que todos los causantes de la desgracia del PP balear, convoca a un periodista en su sombrío despacho junto a Las Ramblas. Le entrega la documentación acreditativa de que, con la obra irremediablemente encasquillada por la crisis citada, a un traumatólogo mallorquín que había invertido la modesta cantidad de setenta mil euros se le ocurrió gritar que el rey estaba desnudo e instar la quiebra de la Compañía Concesionaria ante los tribunales. Menos de lo que cuesta un piso, incluso entonces. Hubiera sido tan sencillo frenar al accionista díscolo. Sin embargo, el Govern prepotente del PP sentenció que ningún juez se atrevería a actuar contra un proyecto auspiciado por los omnipotentes de la isla. Por desgracia, un magistrado respondón decretó la quiebra. Aquella firma judicial cambió la historia de Balears hasta hoy mismo. El conseller de Obras Públicas replicó con un enfurecido "cómo se atreven".

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El faro de una llamada anónima

La quiebra del Túnel de Sóller condujo al escándalo Inverbroker/Brokerval en 1994, antes de golpear de vuelta a la obra pública. El día en que la brigada de delitos económicos de la policía precintó la agencia con sede en el edificio Minaco de las Avenidas, llamó a esta redacción un comunicante anónimo todavía hoy, pero que entonces ya lo sabía todo. "Se pagaron 150 millones de pesetas en tres lotes de 25, 50 y 75 millones, dos de ellos personales y un tercero para el partido". Pleno, la instrucción y el juicio se basaron en la partida de 50 millones. Allí empezaba la letanía de Cañellas, "ni yo ni mi partido" o "que salgan los cheques". El inestimable Rafael Perera hablaba con su elegancia habitual de "un raconet". El jefe de los investigadores de la Agencia Tributaria y familiar político de Cañellas se asombraba, "esto es el Gotha, si no estás en la lista de inversores de Brokerval no eres nadie". Pero las evidencias hubieran saltado por los aires si el policía Fernández, de quien el mejor penalista de Mallorca afirmaba que "es tan íntegro que no parará hasta que se detenga a sí mismo por haberse llevado a casa un lápiz de la Jefatura", no hubiera dejado un vehículo policial apostado frente a la agencia de valores durante el fin de semana que medió entre el precinto y el registro a fondo. Sin esa precaución, las pruebas habrían volado.

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Fue Felipe González y no Aznar quien acabó con Cañellas

Quiere la leyenda que aquel verano de 1995 el impasible José María Aznar se rio con ganas de Joan Huguet y Rosa Estarás, que acudieron llorosos a Génova a suplicarle la continuidad de un Cañellas malherido. Fumándose un puro en el bautizo de una niña nacida en la clínica donde se recuperó del atentado de ETA, el futuro presidente del Gobierno había apuntado el pulgar neroniano hacia abajo. Un argumento seductor pero incorrecto. Una tarde de cansino debate del Estado de la Nación, con el escándalo del Túnel de Sóller empantanado, el alanceado Felipe González le replica a su antagonista conservador que ya basta de reprocharle los casos de corrupción socialista, y que mirara mejor hacia las andanzas de su hombre en Mallorca con la citada obra pública. Y así surge la famosa frase "no puedes ser una piedra en mi zapato". Kaputt. Ejecutado en Madrid, no en Palma.

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Cañellas no fue el único caído por el Túnel

Tome aliento, si piensa leer de corrido el victimario desencadenado por el oleaje del Túnel de Sóller. Se derrumbó un presidente de sa Nostra, a la sazón la institución financiera más importante de Balears. Un vicepresidente de Banca March y todo su equipo, a la sazón el primer banco de Balears. El consejo regional de la citada institución bancaria. El delegado del tercer banco de Baleares. El teniente fiscal del Tribunal Superior de Justicia, obligado a dimitir en un caso sin precedentes en la historia del ministerio público en España. De hecho, desde la fiscalía general del Estado le decían al periodista que "estas cosas solo pueden pasar en Balears". Se desploma un rector que llevaba tres lustros en el cargo. El único gerente que había tenido la Universitat de les Illes Balears en toda su historia. Un presidente del Govern instalado durante doce años en el Consolat y al que se adjudicaba un poder cuasidivino. Un segundo presidente del Govern que apenas duró un año en un puesto que nunca llegó a comprender. Media docena de consellers. Una diputada del PP que se limitó a pedir responsabilidades. Sobre todo, el PP perdió Mallorca aquel 1995 por culpa del Túnel, presagio del primer Govern progresista en 1999. Ni todos los explosivos utilizados para horadar la montaña hubieran causado una voladura equiparable. Y no conviene olvidar las bajas entre los perseguidores. El jefe de inspección de la Agencia Tributaria dimite, el jefe de la Brigada de Delincuencia Económica es fichado por el Banco Santander para rastrear capitales sospechosos. Con disculpas a las omisiones inevitables.

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Cómo desarmar a un testigo bien entrenado

Las entidades financieras mallorquinas enviaban a testigos bien adiestrados a declarar durante la instrucción. No recordaban nada dos ejecutivos que habían participado en la entrega de los cheques bancarios extendidos por el promotor, según la sentencia "antes de la formalización de la concesión administrativa" porque en los negocios no hay amistades que valgan. El instructor insistía, y los bancarios se empeñaban en cultivar la desmemoria. Hasta que el juez pidió al secretario que preparara sendas órdenes de detención. La amnesia se curó milagrosamente y se pudo seguir el rastro del dinero. Años después, con el escándalo judicial ya clausurado, un juez le pregunta a un fiscal, "¿qué hubiera pasado si hubiéramos detenido al conseller?" No hubo respuesta. Los consellers Jerónimo Sáinz y José Antonio Berastain soportaron las inclemencias del banquillo, con una fidelidad que se esfumaría en los años de la corrupción a gran escala del PP.

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El conseller de Turismo hizo de turista

Durante el juicio, producía cierto rubor observar a consellers como el fallecido González Ortea declarando ante el Tribunal Superior que "se consiguió acabar la obra sin ninguna víctima", como si ese logro cancelara la corrupción. El presidente de la sala, Ángel Reigosa, cogía a la salida de una de las sesiones a un periodista por el brazo y le confesaba, "¿has visto con qué descaro mienten los miembros del Govern? Dan ganas de actuar contra todos ellos". Las esperanzas estaban puestas en Jaume Cladera, sempiterno titular de Turismo en los ejecutivos de Cañellas, ala liberal del ejecutivo y enfrentado a muerte con el líder máximo, hasta el punto de declarar que no podía sucederle porque no aguantaba tanto arròs brut. Sin embargo, se dio la casualidad de que el proceso le coincidió al hotelero pobler y más tarde presidente del Mallorca con un viaje a Sudamérica. Vaya por Dios. No se oficializó su versión sobre el Consell de Govern en que se concedió el Túnel, después de que los técnicos a quienes se ordenó reformar la primera baremación confesaran que "la concesión fue una animalada, no entendíamos nada".

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Sin participación de Sa Nostra no hay escándalo

El policía Fernández desarrolló un trabajo de orfebrería, que no han igualado ni sus eficientes sucesores en la brigada económica. Husmeó el destino de cada cheque. Identificó a Berastain como el atomizador de los 300 mil euros iniciales entregados por Cuart, con una suma reseñable destinada a la sociedad recién constituida por una jovencísima María Salom. Según el político del PP, en un mismo momento y en una misma oficina de Sa Nostra junto a las Avenidas, un desconocido fraccionaba los sobornos mientras el pobre conseller de Cañellas gestionaba una suma de su tía de Santander. Cuánta casualidad, pero la entidad financiera emitió un comunicado oficial para corroborar esta carambola insostenible. Así funcionaba la Mallorca de los noventa. No sirvió para nada, en cuanto Fernández destapó ante el tribunal un exhaustivo panel con la trayectoria de los cheques, todos los presentes coincidieron en una exclamación admirativa como si se tratara del mismísimo David Copperfield.

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No hablen de ingeniería financiera

Probablemente por el efecto de una sobredosis de novelas policiacas, los periodistas de este diario insistían en referirse a la "ingeniería financiera" desplegada para camuflar los sobornos pagados en la concesión del Túnel de Sóller. Fue necesaria otra llamada del experto anónimo. "Por favor, no hablen más de ingeniería financiera. Lo ocurrido en el Túnel de Sóller es una chapuza pura y dura, indigna de ese nombre científico". Y calló para siempre.