21 de agosto de 2014
21.08.2014
La crónica

El día que Matas perdió su Castillo

El expresidente se encaró con su exconsellera en el juicio por la contratación fantasma de su esposa. Afectada, la incondicional Castillo cambió su visión sobre su mentor y se sintió liberada. Ahora "solo busca salvarse a ella"

21.08.2014 | 13:39
Castillo, Flaquer y Puig, yendo a declarar en el juicio contra su exjefe Matas, en diciembre de 2013.
Una vez más, Jaume Matas paga el precio de su altivez. A finales del año pasado, la exconsellera de Sanidad del PP Aina Castillo tuvo un desagradable reencuentro en la Audiencia de Palma con su expresidente, que ha sido clave en su radical cambio de postura, pasando de la fiel camaradería a la delación.

"Se pasó mucho y no tenía razón", se desahogó posteriormente –según cuentan allegados– la exconsellera, que dejó de tener remordimientos y terminó de convencerse de que ya solo tiene que preocuparse por ella ante su propia encrucijada judicial, como le venían recomendando desde hace tiempo personas de su confianza.

Para entender la importancia de la sorprendente metamorfosis de Aina Castillo es obligado recordar los antecedentes. El afloramiento de pruebas clamorosas de la corrupción de Jaume Matas en ningún momento minó los ánimos de un círculo de fieles al expresidente del Govern, dentro del PP balear. Exconsellers como Margalida Moner, Rosa Estaràs o Lluís Ramis d´Ayreflor fueron los primeros en abominar del que fue su jefe, aunque quizás pesaron más las fricciones de índole personal que el pudor ante la evidencia de las corruptelas.

Frente a ellos, otros colegas de gabinete como José María Rodríguez, Miquel Ramis o Francesc Fiol nunca han renegado del hoy expolítico preso, ni siquiera cuando el Tribunal Supremo le condenó en firme por tráfico de influencias. Pero si entre los antiguos miembros del Govern Matas sobresale uno por su lealtad a prueba de bomba, ésa es sin duda Aina Castillo. O era, porque tras su confesión del amaño en la adjudicación del hospital Son Espases ante el fiscal Anticorrupción Pedro Horrach –empeñado en esclarecer la putrefacción que envolvió a esta polémica obra –, la exresponsable autonómica de Sanidad desolló a su amigo y padre político sin contemplaciones.

Hasta ese instante crucial en el que se trunca una larga relación de extrema confianza, Castillo siempre fue al rescate de Matas, sin importarle el desgaste de su imagen, hasta el punto de finiquitar su ingente carrera política.

En abril de 2010, trascendió que la Guardia Civil investigaba a la exconsellera por presionar supuestamente a una testigo contra el expresidente; se trataba de Josefa Lorca, dueña de una tienda de electrodomésticos de Inca de donde salieron 8 televisores que se instalaron en el palacete de Matas, en la calle San Felio de Palma. En una conversación telefónica interceptada por los investigadores, se supo que Castillo contactó con la testigo y al cabo de pocas horas ésta cambió su versión, por lo que finalmente el juez terminó imputándola.

El estrecho vínculo entre Castillo y Matas se demuestra también con el hecho de que la exconsellera fue inquilina del expresidente en el piso que este tenía en la Rambla de Palma. Castillo abonaba cada mes 1.200 euros de alquiler, unos ingresos nada desdeñables a los que Matas se aferró para justificar su tren de vida.

Invariable tras su imputación
Cuando el 28 de noviembre de 2013 el juez José Castro imputó a Castillo por el llamado caso Over Marketing –presunto entramado de contratos publicitarios para desviar fondos públicos y financiar irregularmente al PP balear–, ella tampoco corrió a buscar un pacto con la Fiscalía a cambio de entregar a Matas; pese a las complicaciones que podía depararle su encausamiento, la exconsellera de Sanidad se mantuvo fiel al también exministro de Aznar.

Al contrario que otros de sus excompañeros de la legislatura 2003 a 2007, a los que entró el pánico con la entrada en prisión de su excompañero José Juan Cardona –16 años de cárcel por liderar la banda de saqueadores del caso Scala, que tuvo la lata de Cola Cao como icono–, Castillo era de las que anteponían la amistad con Matas por encima de todo.

Tras los servicios prestados ¿qué ha pasado para que la exconsellera se haya vuelto ahora ferozmente contra el que fue su mentor? Personas próximas a Castillo retroceden hasta los días 2 y 3 de diciembre de 2013, en pleno juicio contra Matas, acusado de recibir un cohecho del exalcalde de Muro y hotelero Miquel Ramis Martorell, en forma de contrato ficticio a su esposa, Maite Areal. El fiscal Pedro Horrach sorprendió al citar como testigos a los exconsellers Joan Flaquer, Rosa Puig –otra de las ´musas´ de Matas– y la propia Castillo. Según el relato de los propios protagonistas a fuentes del PP, durante un receso coincidieron en los pasillos de la Audiencia con el que les premió con el cargo en su día. Con rostro de pocos amigos, Matas les espetó qué hacían allí. "Jaume, nos han llamado para venir a declarar, y todo ha sido muy rápido...", intentó defenderse el trío. El enfado del expresidente fue in crescendo: "Sí, sí, claro, os han avisado esta misma mañana". Flaquer intentó mediar con palabras de este tenor: "Jaume, no te pongas así, no te podíamos decir nada, entiéndelo", justificó el extitular de Turismo la falta de aviso previo, ante el asentimiento de las dos expolíticas del PP. "El fiscal nos ha dicho que viniéramos ¿qué podíamos hacer?", se sumó a la intercesión Castillo, prosiguen las fuentes ´populares´ al tanto de lo ocurrido. Pero Matas no atendió a razones, y se despidió en tono despectivo: "Vosotros mismos, que os sea leve".

Resguardado voluntariamente en otra sala anexa, el ex director general de Deportes y antiguo mano derecha de Matas, Pepote Ballester, también citado ese día, quiso evitarse el encontronazo.

Vistas las declaraciones ante el tribunal de sus exconsellers, el expresidente se ultrapasó en su embestida. La tríada declaró al jurado que ignoraba las ocupaciones de Areal, ni si hubo tejemaneje alguno detrás de su fichaje por el hotelero. Ninguna incriminación.

"A Aina se le cayó la venda"
Castillo se quedó muy afectada por la acritud exhibida por Matas, "y en su interior hizo un cambio de chip, se le cayó la venda que llevaba en los ojos y vio las cosas de otra manera", explica una fuente cercana. Tras lo ocurrido, la exresponsable de Sanidad "se sintió liberada" ante Matas "por el compromiso de la amistad de años", y ahora "solo busca salvarse a ella". En cierto modo, sigue los pasos de Mabel Cabrer, otra exconsellera que hace meses dejó de ser una incondicional de Matas, después de que planeara también sobre su cabeza una imputación por el mismo caso Over –que al final no llegó– y valorar el trato personal recibido por parte del expresidente esta legislatura.

Con la ´traición´ de Castillo, Jaume Matas sigue perdiendo aliados. La exconsellera se convierte así en la principal testigo de cargo contra el expresidente, en el caso que puede suponer la madre de todas las corrupciones destapadas hasta ahora en Mallorca.

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