Industria automovilística

El retorno de Ford a la F1, un impulso también para Almussafes

Las innovaciones descubiertas por la firma en la máxima categoría del automovilismo podrán trasladarse a posteriori a plantas de fabricación en serie como la valenciana

Trabajos en la planta de Ford Almussafes, en una imagen de archivo.

Trabajos en la planta de Ford Almussafes, en una imagen de archivo. / Miguel Ángel Montesinos

Juanma Vázquez

En un momento marcado por la transformación del sector de la automoción, Ford confirmó la pasada semana que retornará a la F1 de la mano de los equipos de la factoría Red Bull. Lo hará en 2026 y dentro de un horizonte que en palabras del propio CEO de la multinacional estadounidense, Jim Farley, "tiene que ver con hacia dónde nos dirigimos como una compañía cada vez más eléctrica, definida por el software, vehículos modernos y experiencias”. Es un futuro en el que la asociación de la firma con el 'Gran Circo' del automovilismo pretende servir como un impulso tecnológico que también acabará favoreciendo los intereses de otros ecosistemas internos de la marca como, por ejemplo, el de Ford Almussafes.

La entrada en la F1, no en vano, irá ligada a un desarrollo aún más importante de elementos fundamentales para la electrificación como son las baterías o los componentes tecnológicos que requerirán estos monoplazas, un camino en el que Ford -enfocándose en los vehículos de calle- ha comprometido ya la inversión de miles de millones de euros en investigación y desarrollo con el fin de lograr que en 2026 se fabriquen ya 2 millones de coches eléctricos entre todas sus fábricas mundiales.

A ello se suma que, justo en ese 2026 en el que se establecerá en la categoría está previsto que lleguen los primeros modelos 100 % eléctricos a Almussafes utilizando para ello una plataforma tecnológica propia, la GE2. Con este marco, es posible que casi cualquier mejora que se logre en esta categoría de vanguardia acabará teniendo su traslación más tarde a los vehículos que conduzca la ciudadanía.

Línea de producción en Ford Almussafes, este pasado verano.

Línea de producción en Ford Almussafes, este pasado verano. / MIGUEL ANGEL MONTESINOS

Lo cree así José Luis Parra, secretario del comité de empresa de Ford Almussafes -y responsable del sindicato mayoritario de la planta, UGT Ford-, quien sintetiza que las innovaciones que se producen en la F1 "tienen un impacto en los coches de calle, porque una vez se lanza ahí, se busca la forma de llevarlas a la fabricación masiva de vehículos". Por ello, destaca que decisiones como esta que implican "reafirmar la marca e invertir en innovación y desarrollo" acaban "repercutiendo de manera positiva en los centros de trabajo", con un impacto en la fabricación en serie. Es una visión que también comparte Daniel Portillo, portavoz de STM-Intersindical en la factoría. "Todo lo que la empresa invierta en tecnología y en imagen es positivo para la marca y le da visibilidad a futuro en un momento de transformación", asegura.

Un camino habitual

No en vano, la F1 ha sido un banco de pruebas habitual de componentes o tecnologías que posteriormente han llegado a las plantas de automoción. Es lo que sucedió con el turbo -un elemento que se vio por primera vez en las carreras en 1977 con el Renault RS01 y que hoy está en gran parte de los motores de combustión- o con una suspensión activa cuya evolución desde que se empleara en los circuitos en los 90 provoca que en la actualidad los baches de la carretera no sean un gran perjuicio para los vehículos y sus ocupantes.

Más reciente es otro elemento, el Sistema de Recuperación de Energía Cinética más conocido como 'KERS' por sus siglas en inglés. Este, que en 2009 apareció en algunos monoplazas del 'Gran Circo', permitía recuperar la energía que se libera en una frenada y almacenarla en baterías. Es una tecnología que en la actualidad también se ha trasladado a los coches de calle, ya que esa energía recuperada es la que permite en un vehículo híbrido, por ejemplo, alimentar un motor eléctrico y que este sirva a continuación de impulso extra para el de combustión. La última de una serie de innovaciones tecnológicas que, como podrá suceder con la asociación de Ford a la F1 a partir de 2026, podrá acabar en manos del gran público.