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El misionero Josep Amengual: «Hoy hay tanta religión como en otros tiempos e incluso se crean nuevas»

El misionero de los Sagrados Corazones Josep Amengual i Batle presenta esta tarde en La Real su última publicación, ‘La història de Mallorca i les religions del Llibre’, que ha editado Llibres Ramon Llull

Izda. Josep Amengual, junto a su editor Àlex Volney. Guillem Bosch

En un encuentro con la prensa, el Pare Josep Amengual, doctor en teología, historiador y profesor de Historia de la Iglesia, explicó ayer que ese amplio volumen de más de quinientas páginas, es el primero de otros que irán apareciendo en la misma editorial, que dirige Àlex Volney, para quien esta obra «será importante a la hora de estudiar de forma amplia nuestra historia, más allá de otras visiones compatibles con ésta».

Y es que Amengual da una vuelta de tuerca a la manera de explicar la sociedad no solamente mallorquina, sino de todas las Baleares y aporta datos sobre cómo vivían la religiosidad nuestros antepasados. Es una manera nueva de sacar conclusiones, desde el punto de vista de la religiosidad. De hecho, Amengual es especialista en el estudio de los orígenes del cristianismo.

Cuando el emperador Constantino en el siglo IV publica el Edicto de Milán y permite la tolerancia entre las religiones, detiene la persecución a los cristianos y permite la libertad de culto, empezaron a permitirse los cultos y las prácticas cristianas, en las zonas delimitadas por el imperio romano, aunque poco a poco esa tolerancia acabó siendo una imposición, descartando otros cultos como el judaico. «Esta imposición», afirma Amengual, «la podemos constatar claramente en las Islas Baleares, cuando en la conocida como Carta del Bisbe Sever, éste, desde Menorca, hace suyas las recomendaciones venidas desde la capital del imperio, y con el tiempo, todos los judíos que había en Menorca acaban convirtiéndose». Y añade: «No fue una imposición de facto, pero sí de hecho, pues sin violencia, pues el emperador no lo hubiera aprobado, pero sí con firmeza, los cristianos acabaron convenciendo a los judíos para que se cristianizaran, y muchos lo hicieron para no perder sus derechos, su poder o sus riquezas».

Una cosa curiosa es que tenemos constancia que un judío menorquín, Teodoro, comenta a las autoridades religiosas que antes de convertirse, debe consultarlo con su mujer, que en aquel momento residía en Mallorca. «Lo que indica la importancia que tenían las mujeres en la sociedad judaica de la época», apostilla el historiador.

El obispo Sever no solamente se limita a indicar las normas que deben regir sobre los cristianos, sino que incluso recomienda, cuando no impone, otros elementos como el musical, indicando qué cánticos eran tolerables y cuáles no.

Preguntado sobre cómo ve la religiosidad en el mundo contemporáneo, el teólogo responde de forma rotunda: «Hoy hay tanta religión como en otros tiempos e incluso se crean religiones nuevas. ¿O no son, en el fondo, religiones el dinero, el consumo, la apariencia, la guerra de Ucrania o el tráfico y la venta de armas?», acaba preguntando.

Para terminar, Amegual quiso aclarar el título de ese nuevo volumen, remarcando el hecho de que aparezca la expresión «El Llibre», pues no se trata de otra cosa más que del Antiguo Testamento, un texto que tenían como suyo las tres religiones monoteístas: el judaísmo, el cristianismo y el islam.

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