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Opinión | Hizo hablar al periodismo escrito; por: Matías Vallés

Antonio Franco, con una edición facsímil del primer número de El Periódico. JORDI COTRINA

Antonio Franco hizo hablar al periodismo escrito, mucho antes de que internet confundiera el papel, lo oral y lo visual. A solas en un viaje en tren desde Elche, donde nos habíamos enfrentado dialécticamente en el Hoy por Hoy de Francino, y con meta en Bacelona, me detalló el día en que propuso a Antonio Asensio «un periódico popular de izquierdas». El Periódico nació para ser el colmo de la expresividad.

Cebrián y Pedro Jota se empecinaron en que su duelo madrileño abarcaba la contemporaneidad. Antonio Franco coló su tercera vía de El Periódico, desde la triste convicción de que «hay una España en la que no cabe Cataluña». Me lo decía en 2010, con el notable poder de anticipación que obligaba a escucharle. «Soy gordo y no me he cuidado como debía», confesaba sin reparar en que su corpachón le dejaba espacio para conservar su indispensable curiosidad infantil.

Dirigir un periódico es la más solitaria de las tareas colectivas, y Antonio Franco pertenece a la reducida estirpe de los timoneles que no podrían haber sido otra cosa, convencido de que «las presiones forman parte de la normalidad, el problema está en la entereza de los directores». En la radio era un rival formidable pero agradecido. Solo pude ganarle a sudokus, que consideraba una invención infernal. Cuesta llamarlo Franco a secas, pero me contaba que «guardo un editorial de Fuerza Nueva donde me describían como ‘un español que no merece serlo y que tampoco merece su apellido’. Creo que el Franco es lo que más les dolía».

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