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Chema Madoz Fotografo.

«Comparto con Miró el candor de su mirada, la delicadeza que tenía al acercarse al objeto»

El Premio Nacional presentó ayer en la Miró las tres fotografías realizadas como artista invitado en los talleres de obra gráfica

Chema Madoz, en el taller de obra gráfica de la Miró, frente a las fotografías que presentó.

Chema Madoz, en el taller de obra gráfica de la Miró, frente a las fotografías que presentó. Manu Mielniezuk

Chema Madoz (Madrid, 1958) presentó ayer en Palma las fotografías que realizó en la Fundació Joan Miró como artista invitado en los talleres de obra gráfica. Miró y Madoz son dos artistas de mundos diferentes pero con una misma pasión: la mirada hacia los objetos. El Premio Nacional de Fotografía en el año 2000 se sumergió solo un instante en el océano de objetos que Miró coleccionó en vida, más de 3.000. El resultado son tres imágenes que se pueden adquirir en la tienda de la Fundació de manera unitaria (3.700 euros) o con la edición completa (10.000 euros).

Madoz, ayer en el Taller Sert, donde halló el sol de mimbre que ha fotografiado. | MANU MIELNIEZUK

¿Qué ha descubierto en la Miró?

No conocía la Fundació Miró y ha sido una oportunidad fantástica el conocer de primera mano tanto el estudio, el Taller Sert, como la casa de Son Boter.

¿Qué le animó a participar en este proyecto?

Cuando me hicieron la invitación me pareció un proyecto de lo más sugerente, por la admiración del trabajo de Miró y por la posibilidad de inmiscuirte, de verlo desde otra perspectiva, desde un terreno más personal, de toquetear sus propios objetos. Cada vez que me muevo o viajo por cualquier lado o en mi propia ciudad tengo siempre ese interés por objetos que a lo mejor acaban en el rastro. Acercarme a los objetos personales de Miró me ha resultado muy atractivo.

Tomó sus fotografías en un solo día, en unas pocas horas.

Nos cogió de por medio la pandemia y nos condicionó a la hora de poder trabajar con una cierta libertad. Me hubiera gustado hacer alguna visita más y poder convivir con los objetos con un poquito más de naturalidad. Realicé el trabajo en una sola mañana. Me aparté un poco de mi metodología habitual, porque suelo llevarme los objetos al estudio para convivir con ellos, y ahí se abre un periodo más de reflexión, más pausado, más tranquilo, que me permite exprimirlos, afinar más. Aquí ha sido un poco rápido todo pero estoy contento, quizá me hubiera gustado desarrollarlo un poco más, pero el resultado se ciñe a lo que habíamos hablado en un principio: hacer una pequeña edición con unas pocas imágenes.

¿Qué territorios comparte con el universo mironiano?

Supongo que la pasión por la imagen y la pasión por la vida. En ese sentido creo que Miró supo sacarle el jugo a su propia vida. Desde condiciones muy dispares y distintas también nos podría unir esa pasión por el trabajo, por poder volcar, en su caso en el lienzo y en el mío, sobre un papel, todo aquello que pasa por tu cabeza.

No sé si le incomoda reconocer sus propias influencias. ¿Miró siempre ha sido una de ellas?

Miró es de esos artistas que ayudan a componer a lo largo de tu vida una manera de acercarte al arte, a todo lo que te rodea a la hora de mirar. Él se acercaba a los objetos con delicadeza, ya fuera una estrella de mar, un pincel o un zapatito. Comparto con él el candor de esa mirada. Hay artistas, como Miró, Calder o Brossa, que de alguna manera te tocan el alma y te van marcando lo que vas haciendo, sobre todo en un periodo de aprendizaje. De cada uno de ellos vas tirando de un hilito y te los vas llevando a tu propio terreno, y eso ayuda a componer tu universo personal, que está compuesto de muchas miradas distintas que acaban conformando la tuya propia.

La Miró alberga una colección de más de 3.000 objetos que el artista coleccionó: utensilios de cocina, recipientes de cerámica tradicional, trozos de madera, piedras, huesos, ‘siurells’... ¿Qué buscó en las piezas a la hora de hacer la selección?

La intención, con la chimenea, el sol y el lienzo, era encontrar un nexo en el que pudiera trabajar con unos elementos que de alguna forma fueron representativos del universo de Miró y que de alguna manera me permitieran llevármelo a mi propio terreno sin que chirriara por ningún lado. Que el objeto de Miró siguiera manteniendo su propia entidad, su propia personalidad, y que dentro de la imagen fotográfica y de mi manera de entender la imagen también conviviera con una cierta naturalidad. Encontrar un terreno común para dos universos, por un lado cercanos, y por otro dispares. No conocía la Miró pero sí había visto publicaciones y siempre me había llamado la atención este sol de rafia o de mimbre que aparece en muchas de las imágenes de su estudio. Es una imaginería que dentro de mi propio trabajo me resultaría complicada de asumir, el hecho de que sea un sol, con un rostro, con un cariz de artesanía, de manual, de popular, pero a la vez tiene un carácter simbólico tan evidente y tan patente, del sol como generador de vida, y resuelto tiene algo de icono, que eso sí que está muy cercano a la hora de transformar, de jugar con los objetos dentro de mi propio trabajo. Vine con la idea de sacarle partido a ese objeto, pero no sabía en qué medida, hasta que llegué y vi el estudio y la vivienda.

¿Cuándo se enfrenta a un objeto no sabe dónde le va a llevar?

Cuando cojo la cámara, sí. Cojo la cámara cuando sé qué es lo que quiero hacer, lo que quiero resolver. Hay una parte que es crear una pequeña escenografía, que a lo mejor en el proceso puede sufrir variaciones, pero en la mayoría de las ocasiones respeto bastante la idea que he tenido previamente. En el momento en que aparece esa idea en la cabeza se trata de intentar entresacar las resonancias, cuáles son los ecos que provoca esa imagen. A veces surge la idea después de un tiempo de convivencia con el objeto que me ha llamado la atención y otras veces el proceso es inverso, lo que tienes es el concepto y para ponerlo en evidencia a lo mejor lo que necesito es trabajar con un pincel determinado o yo qué se, conviven maneras de hacer diferentes. Pero siempre con una idea muy concisa de dónde quiero ir o llegar.

¿Cómo nació su devoción por los objetos?

De una manera muy casual. Surgió en un momento en el que yo estaba intentando hacer una especie de ejercicio de depuración dentro de mi propio trabajo, que en la imagen no hubiera nada accesorio, y había algo que desde un principio también había guiado mi propia mirada, que era la intención de trabajar con lo que tenía alrededor, con mi entorno. Fue una especie de desafío, el empezar a trabajar con el cuchillo de la cocina, o con una cuchara. Qué puedo contar a través de estos objetos, me pregunté. Para mí ha sido un viaje, o mejor dicho, está siendo un viaje, porque empecé con la idea de hacer una serie corta, para una pequeña exposición, y acabé por sumergirme en un universo en el que te das cuenta que puedes tocar absolutamente todos los temas y hablar de cualquier sentimiento o idea. Los objetos pueden pasar a simbolizar infinidad de ideas que están ahí como sugeridas y que en cuantos los tocas es como desatar algo en ellos que te permite jugar con el mundo, con la idea de realidad, poner tu propio corazón sobre la mesa.

Contemplando su imagen en la que aparecen sus gafas sobre la mesa en la que trabajaba Miró he esbozado una sonrisa. ¿Provocar una sonrisa en el espectador le resulta gratificante?

Me encantó la mesa en la que están las huellas de las tapas de los botes de pintura de Miró y recordaba también fotos suyas en las que aparecía con unas gafas circulares, así que establecí una relación entre el propio tablero y algunos de los retratos de Miró. Referente a la sonrisa, no persigo invitar a la risa pero cuando aparece una sonrisa en el espectador es síntoma de una complicidad, de que el espectador ha establecido contacto con la lectura de la imagen y ha llegado a una conclusión desde su perspectiva de esa imagen que se le plantea. La sonrisa siempre me resulta agradable.

¿Qué le borra la sonrisa?

La verdad es que es un ejercicio duro lo de mantener la sonrisa con este día a día que tenemos. Me desespera especialmente ver las noticias. Cada día que leo los diarios tengo que hacer un doble ejercicio para mantener un poco el tipo y sobreponerme a esta realidad que nos ha tocado vivir. El ambiente político de este país, de crispación, también es una invitación a la desesperación. A pesar de todo mi mirada ante el mundo sigue siendo optimista. Estamos todos obligados de alguna manera a poner todo lo posible de nuestra parte por superar toda esta situación.

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