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El Museu Marítim de Mallorca desempolva los barcos de juguete de nuestra infancia

Los hay fabricados con cáscaras de nueces, latas de conserva y retales de tela. Otros más modernos están realizados con impresora 3D en bioplástico. El espacio abre sus puertas este sábado con un relato que aúna una infancia que existió, el juego y el patrimonio marítimo

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Exposición de barcos en miniatura Miguel Ángel Ponce

La sede palmesana del Museu Marítim de Mallorca se inaugura este sábado en Ses Voltes con un homenaje entrañable al arte doméstico de fabricar pequeños barcos de juguete [vea aquí las imágenes], una destreza con las miniaturas que proviene de otra época y otra infancia, cuando el tiempo pasaba lento y ni por un momento nadie podía imaginarse que los móviles iban a invadir cada minuto de nuestras vidas.

La segunda sala del espacio - la primera es la de las barcas históricas, una sala que ya se presentó en su día- la preside una estructura realizada en madera reciclada y bioplástico. Sobre ella, una muestra (titulada Mestres d’aixa de butxaca) de pequeños barcos, juguetes de temática marinera a la antigua, es decir, “tal y como los hacíamos nosotros cuando éramos niños y niñas”, detalla el director del museo Albert Forés, quien señala que la intención de la muestra pasaba por recuperar esta memoria. Uno de los puntos de partida ha sido la importante colección de juguetes industriales que posee Antoni Juncosa. “Joan Sans, propietario del Museu de la Jugueta, también tenía mucha documentación acerca del tema”, señala Forés.

El guión del proyecto se ha hecho conjuntamente con el Museu Marítim de Barcelona, donde ya se han expuesto algunas de estas miniaturas, aunque cada institución ha producido la exposición de forma independiente. “La muestra ya nos la han pedido dos instituciones de la Xarxa de Museus Marítims de Catalunya”, dice el responsable, quien recuerda que la idea de este proyecto nació durante el confinamiento.

En el recorrido, el espectador podrá contemplar barcos realizados en impresiones 3D con bioplásticos (las reproducciones son de Marc Masmiquel) y miniaturas producidas con diversos materiales reciclados. Hay barquitas de corcho, que eran frecuentes en aquellas poblaciones que tenían fábricas de tapones. Para conseguir la forma deseada se podía usar un cuchillo, pero a menudo sólo era necesario rascar el trozo de corcho en una pared granulada. En otras vitrinas, es posible observar varios barcos fabricados con pinzas de tender ropa o naves de palas accionadas por una goma. Tampoco son extraños los ejemplares hechos con una hoja de asfódelo plegada cruzada por una rama que tanto hace de mástil como de orza. Las cortezas o maderas, así como retales de tela sobrantes, latas de conserva, sepias disecadas o conchas de mejillón, son materiales comunes en el arte de fabricar pequeños juguetes náuticos. “Luego están también los barquitos de Navidad, que eran los que estaban fabricados con tapones del corcho del cava”, apunta Forés.

Al final de la sala, hay dos expositores vacíos, sin juguetes. La intención es que los ciudadanos pueden aportar los suyos para exponerlos este sábado. “Animaremos a través de las redes sociales a los ciudadanos y ciudadanas a hacer los suyos”, comenta el director del centro. En el otro extremo, se proyecta un vídeo con el testimonio de personas que enseñaron a sus nietos o hijos a modelar barquitos.

La apertura del museo se celebrará este mismo sábado. “A partir de este momento, abrirá sus puertas de 11 a 14 horas y de 18 a 20 de martes a sábado. Los domingos, de 10 a 14”, especifica la consellera insular de Cultura Bel Busquets. En esta primera fase del estreno, se abren al público tres salas: la de las barcas históricas, la que alberga esta exposición de juguetes y la sala de los deseos (en medio, hay otro espacio donde se realizan charlas y jornadas). La intención es ir abriendo salas de manera paulatina. “Si no hay imprevistos, el museo al completo podría estar abierto a principios de 2022”, señala Forés, quien confiesa que la pandemia ha retrasado esta primera inauguración.

Sobre el nuevo diseño museístico del centro, está perfilando los últimos detalles el estudio de Gabo Golomb y Tatúm. “Después se ha de sacar a concurso la producción”, apunta el director, que también estuvo acompañado en la presentación por el director general de Promoción Cultural de Cort Marcos Augusto (el Ayuntamiento cede Ses Voltes) y la directora general de Cultura del Govern (institución que está en el consorcio del museo) Catalina Solivellas.

Próximamente, la sala de las barcas será una especie de prueba. “Simularemos en ella una sala de mestres d’aixa”. “Pondremos las piezas de Antoni Pep Munar, ‘Boliquet’, del Portitxol. En breve presentaremos la adquisición, que en realidad es una donación, de toda su colección”, desvela Forés, quien además apunta que el equipo del museo trabaja en incorporar nuevas colecciones para los fondos del museo. “Hay una partida para comprar, pero en estos momentos trabajamos sobre todo en donaciones o cesiones de forma temporal”, comenta.

Ya se han recuperado algunas cosas, como la primera guía del Museo Marítimo de Baleares, “un documento muy bueno que localizamos en el rastro de Madrid”. Es sabido que de las 127 piezas que había en el antiguo museo, sólo se han localizado 69. La mayoría están depositadas en el Museu de Mallorca. Faltan 54. Su paradero se desconoce. “Creo que cuando abramos todo el museo irán apareciendo, estoy convencido”, sentenció Forés.

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