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OPINIÓN

Más dispersos que diversos

Una década atrás, los poseurs intelectualoides presumirían de no haber dormido en la noche del domingo, para disfrutar de los Oscars. Cuántas veces he tenido que mentir sobre mi horario de sueño, para estar a su altura. Si uno solo de ellos hubiera permanecido despierto este año, lo ocultaría avergonzado.

Los epidemiólogos asocian el hundimiento de la audiencia a la covid, pero el año pasado se alcanzó el mínimo de expectación, antes de la pandemia. Sobre gustos está todo escrito, por lo que cada cual puede teorizar sobre la deserción masiva. Por ejemplo, el encasillamiento de los Oscars se debe a la imposición de transformarlos en un campeonato de la moral. La diversión es enemiga de la diversidad, que en los galardones de este año ha degenerado en dispersión.

El escalafón de identidades llega al extremo de que se celebra el premio a la primera directora de origen chino, cuando lo importante es que se trata de la segunda mujer con Oscar en toda la historia. Y lo todavía más crucial es la presunta calidad de Nomadland. Al menos este apartado se ha resuelto, es un producto irreprochable porque cumple con todas las exigencias angélicas. Después de La La Land, se impone No-Mad-Land. No es país para locos.

Érase una vez en... Hollywood es la mayor obra maestra de los Oscars y del cine reciente. También es una película ultraderechista, machista, racista y xenófoba. Parásitos es otro título esencial, anarquista en el sentido berlanguiano del término. No solo urge quemar estas producciones y sustituirlas por conceptos equilibrados y veganos. Ante la evidencia de que esta profilaxis vendrá acompañada por la huida en estampida de las salas, también hay que perseguir a los espectadores fugitivos, para someterlos al escarnio público de las redes sociales. Por inmorales.

El caso más urgente de purificación surge en las acusaciones a Anthony Hopkins de haber canibalizado el Oscar predestinado al fallecido Chadwick Boseman, como si el británico hubiera manipulado la votación. Los actores, directores y guionistas son personas limitadas, y la moralización del cine exige demasiado de ellos. No funcionará.

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