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Diario de Mallorca

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Morir en vacaciones

La sucesión de accidentes graves de turistas que realizaban conductas imprudentes ha disparado las alarmas de los cuerpos de seguridad, sobre todo porque la temporada acaba de empezar

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Morir en vacaciones

El turismo masivo ha vuelto a Mallorca, y con él, una de sus peores caras. Dos turistas murieron el mismo día, el pasado 12 de mayo, al arrojarse desde un acantilado y desde un balcón en Calvià, mientras que otros cuatro han sufrido graves lesiones en siniestros similares. El fantasma del «balconing» sobrevuela de nuevo Magaluf después de dos años, con el parón provocado por la pandemia, en el que no se había registrado ningún caso.

El término «balconing» se popularizó hace una década para designar una práctica de riesgo detectada en diferentes hoteles. Los jóvenes se arrojaban desde los balcones de sus habitaciones a la piscina del establecimiento, a veces desde una gran altura. Cualquier pequeño error de cálculo tenía consecuencias fatales. Esta práctica ha sido casi erradicada. Ya no se registran casos de este tipo en Mallorca, lo que ha llevado a asociaciones empresariales a tratar de evitar que se utilice el término para designar otras conductas que siguen muy en boga. En la actualidad, la mayoría de los casos de precipitados desde gran altura en sus hoteles suelen ser jóvenes que trataban de saltar de un balcón a otro, por lo general para reunirse con otro grupo de amigos en medio de la fiesta, o bien porque se caen accidentalmente cuando tratan de tomar el aire o vomitar apoyados en la barandilla.

En cualquier caso, es un fenómeno que tiene su epicentro en Magaluf y no afecta tanto a otros puntos donde se concentra también el turismo de excesos, como la Playa de Palma. ¿Por qué?

«Es difícil contestar a eso», explica un experimentado agente de la Guardia Civil curtido en las noches de Magaluf. «En parte puede ser por la droga que les venden a los turistas aquí, que está muy adulterada. Los camellos la cortan mucho y añaden sustancias muy tóxicas, incluso alucinógenos. Esto podría explicar quizás el caso del chico que se tiró desde el hotel el pasado 12 de mayo, porque en las imágenes que grabaron los testigos cuando deambulaba por fuera del balcón se ve que estaba completamente fuera de sí. Son conductas que están directamente relacionadas con ingesta masiva de drogas muy adulteradas y alcohol, pero no basta para explicar por qué el fenómeno se da más en Magaluf que en otras zonas turísticas, donde la droga está igual de cortada».

Este experto insiste en que no se puede responsabilizar a los hoteles de estas prácticas. «Cuando se comentó, hace años, que podía ser porque algunos establecimientos tenían las barandillas muy bajas, muchos hicieron reformas y las elevaron. Incluso han llegado a colocar paneles de vidrio tras la reiteración de accidentes. No es una cuestión de los hoteles, sino del desfase de muchos de estos turistas».

El agente recuerda que muchas de las víctimas son turistas muy jóvenes, que no están acostumbrados a noches de fiesta tan salvajes. «En sus países les cierran los bares a las diez de la noche y aquí se encuentran con que pueden beber hasta las seis de la madrugada. Y al final resulta casi inevitable que estos excesos no desemboquen en incidentes graves».

Este año ha sorprendido especialmente lo pronto que han comenzado a registrarse estos accidentes. El primer caso se dio el 4 de mayo, cuando un turista irlandés sufrió heridas muy graves al precipitarse desde el balcón de un segundo piso en unos apartamentos de Santa Ponça.

Una semana después, el 12 de mayo, llegó la jornada negra. Dos hombres murieron en un mismo día, en dos escenas que fueron grabadas en vídeo. Un turista británico de 34 años falleció al caer desde un séptimo piso de un hotel de Magaluf, después de deambular durante un rato por la parte exterior de la barandilla. En las islas Malgrats, un holandés de 31 años se lanzó al mar desde un acantilado de 22 metros de altura mientras su novia lo grababa. Murió tras golpearse contra las rocas.

El 23 de mayo un turista noruego de 19 años sufrió una grave lesión medular tras arrojarse ebrio a una piscina de apenas medio metro de profundidad en Magaluf. El 27 de mayo otro turista británico de 19 años sufrió graves heridas al caer de madrugada desde un cuarto piso de altura en un hotel de Sant Agustí, en Palma. El 4 de junio, otro chico de 21 años sufrió también una lesión medular al arrojarse a una piscina de poca profundidad en Alcúdia.

La sucesión de accidentes es especialmente impactante por el hecho de que apenas había habido casos similares en los dos años marcados por la pandemia. Las cifras nos devuelven a los años precedentes. En 2018 murieron seis personas por «balconing» en Baleares, entre ellos un chico de catorce años. Y tres de los casos mortales fueron en el mismo hotel de Magaluf. En 2019 hubo al menos dos muertos y dos heridos graves.

La reiteración de estos accidentes llevó a las instituciones a tomar diversas iniciativas para combatir el fenómeno. El Ayuntamiento de Calvià ha impuesto multas a los jóvenes que son sorprendidos haciendo «balconing». El decreto contra el turismo de excesos del Govern contempla también sanciones contra quienes lleven a cabo estas conductas. Aunque no parece probable que la amenaza de una sanción económica pueda disuadir a una persona de llevar a cabo una práctica que le puede causar la muerte.

El Govern balear y la embajada del Reino Unido presentaron a principios de mayo la campaña Stick with your mates (Quédate con tus amigos), en el que se recuerda que en muchos casos los que sufren los accidentes son turistas que se separan de sus amigos durante una noche de fiesta, por lo que la iniciativa recomienda a los jóvenes mantenerse juntos y cuidar unos de otros.

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