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NFT un nuevo concepto de arte

Pese al recelo que pueda provocar hablar de criptomonedas y de bienes no tangibles, el arte virtual gana adeptos y el término NFT (Non-fungible tokens) está cada vez más presente. Los artistas amparo Sard y René Mäkelä cuentan su experiencia en este campo y explican qué aportan estas obras digitales

NFT, un nuevo concepto de arte

NFT, un nuevo concepto de arte M. Mielniezuk / M. Pedraz

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NFT, un nuevo concepto de arte Montse Terrasa

Las siglas NFT (nonfungible tokens) siguen sonando extrañas para mucha gente ajena al arte digital y a ese mundo encriptado. Pero para Amparo Sard y René Mäkelä, dos de los artistas multidisciplinares con mayor proyección fuera de Mallorca, ese término forma parte de su vocabulario habitual. Se trata de una vertiente artística más, y que están explorando aún, de sus carreras profesionales y con la que se han situado en primera línea del criptoarte, participando en ferias internacionales, colaborando con universidades de otros países y exponiendo en galerías especializadas. Sard es la autora de la primera obra virtual táctil, con la que mediante una tecnología específica es posible «tocar un elemento que no existe, hacer real lo que no es real». Por su parte, Mäkelä estará como invitado junto a otros creadores de NFT en una gala en Nueva York, el próximo 20 de junio, organizada por The Crypt Gallery.

En realidad, un NFT es un certificado de propiedad y autenticidad de cualquier archivo digital, ya sea una ilustración, una foto, un tuit, un texto... Pero ¿cuándo se puede considerar que es una pieza artística? «Es arte si existe la intención por parte de un artista de que lo sea. Otra cosa es que sea bueno o malo», reflexiona Amparo Sard. 

Su Autorretrato háptico está considerada la primera obra de arte NFT táctil. Se trata de una serie de 17 imágenes virtuales, creadas a partir de un escaneado en tres dimensiones de su rostro, que se pueden ‘tocar’ y perforar utilizando un dispositivo háptico 3D (adaptado a lo que requería la artista), como los que se utilizan para impartir la formación en odontología en la escuela universitaria Adema, en la que ella es jefa de estudios de Bellas Artes. El artilugio permite notar cierta resistencia al agujerear ese busto digital y recorrer su relieve y cavidades. «Siempre sigo la idea de que hoy sentir es la emergencia», comenta Sard sobre lo que le motiva para crear, un lema que aplica también a sus obras digitales. «En mi trabajo busco que el espectador sienta más frente a una determinada narrativa. Si no siente cuando se le dice que estamos aniquilando el planeta o que está muriendo gente de hambre y en la guerra, habrá que poner otros medios para que aparezca la angustia necesaria», añade.

Su NFT fue presentado en la última edición de ARCO Madrid hace unos meses. «Acabo de regresar de la Arte Fiera de Bolonia y de Expo Chicago, donde ha estado expuesto Autorretrato háptico; y además vamos a colaborar con la Universidad de Columbia en un proyecto con tecnología háptica, también con la UAL, la Universidad de Arte de Londres, estoy muy ilusionada», relata la artista sobre el recorrido que ha realizado con esta obra.  

Ahora, Sard y el equipo «ecléctico» con el que trabaja en Adema estudian ir más allá. Quieren que el espectador de Autorretrato háptico pueda entrar en la imagen, explorar su interior, ver y notar sus deformidades, su elasticidad...  

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NFT un nuevo concepto de arte

Propiedad intelectual

Al hablar de estas obras digitales, para Amparo Sard, «lo interesante, o por lo que se han hecho importantes los NFT no es precisamente por ser una obra no tangible, eso ya hace mucho que existe. Su relevancia reside en que los NFT se han hecho útiles para solucionar problemas que estaban pendientes de resolver: los incontrolables ataques a la propiedad intelectual en internet, la velocidad de acción y difusión que está tomando todo en la era de las tecnologías, incluso para asuntos burocráticos». En ese sentido, «permiten el control, se pueden certificar, autentificar, y todo gracias a una nueva manera de almacenar la información digital, lo que se conoce como cadena de bloques (blockchain). En realidad lo que esta pagando un coleccionista o inversor cuando compra un NFT es el certificado que lo hace poseedor de la obra, no la obra (intangible). Tiene sentido que nos fijemos en los derechos de propiedad si tenemos en cuenta que no se pueden poner puertas al campo, que todos podemos hacer copy/paste o pantallazos de todo lo que nos interesa en cualquier momento. Por ese motivo, los NFT son una clase de activos digitales», especifica la artista de Son Servera.

Para la doctora en Historia del Arte por la Universitat de les Illes Balears Miquela Forteza, un NFT «es una forma de certificar y vender contenidos digitales -sean obras de arte o no- a través de plataformas de código abierto como Ethereum que sirven para ejecutar contratos inteligentes». Preguntada por si considera estos non-fungibles tokens como piezas de arte o un negocio, Forteza responde que «es una nueva forma de mercado, se compran NFT porque, al ser un activo único, pueden revalorizarse fácilmente».

Esas cifras que han alcanzado algunas de esas obras digitales certificadas hacen que frecuentemente se hable de especulación, de burbuja asociada a las criptomonedas y que despierten recelo. «Efectivamente, puede ser una nueva forma de especulación. El 11 de marzo de 2021 significó un punto de inflexión para los NFT. El archivo JPG Everydays-The First 5000 Days del artista Beeple (Mike Winkelmann) se vendió por 69,3 millones de dólares a través de Christie’s. A partir de entonces, se ha dado un crecimiento exponencial de los NFT. Un número creciente de artistas han registrado obras en formato digital como NFT porque les permite vender como una pieza única un archivo que puede copiarse infinitas veces. Esto ha generado una auténtica fiebre inversora», analiza la doctora en Historia del Arte de la UIB.

NFT, un nuevo concepto de arte

NFT, un nuevo concepto de arte M. Mielniezuk / M. Pedraz

René Mäkelä admite esa parte de especulación, en un inicio, pero cree que ahora «toda la paja se está yendo y se queda quien tiene prestigio». A él, el artista Micah Johnson (creador del astronatura criptográfico Aku) le habló de los NFT hace años y le invitó a seguir ese camino, pero al mallorquín, cuya obra cuenta con coleccionistas como Madonna, Cara Delevigne, Antoine Griezmann o el Papa Francisco, no le interesó en ese momento. Pero hace año y medio empezó a investigar, a hablar con quienes trabajaban ya en este campo y se metió de lleno con su marca Mäkelismos. El pasado mes, su colección Skull Basquiat Tribute se agotó en cuestión de horas en la plataforma Nifty Gateway, en la que se presentó a través de The Crypt Gallery, la misma que en unos días le espera en Nueva York, junto a «lo más top del mundo NFT», comenta el propio Mäkelä.

Este artista es un defensor de los non-fungible tokens, ya que considera que es una manera de «democratizar el arte», de que todo el mundo tenga acceso a él. «Tu obra física acaba en una galería o en casa de un coleccionista, pero un NFT lo puedes dividir en partes para que cada persona sea propietario», explica al respecto. 

Lo manifestado por Mäkelä entronca con lo dicho por Sard, de que el comprador de este tipo de obras adquiere un certificado que lo acredita como poseedor de esa pieza digital. Miquela Forteza arroja un poco más de luz: «Un NFT es un token criptográfico que tiene un número de identificación y metadatos (autor, característiques de la pieza…) diferentes de cualquier otro. Cada token es irrepetible y único».

Se trata pues de una nueva forma de entender el arte y el coleccionismo. Y para los artistas, de otra manera de trabajar, ya que necesitan que otros plasmen en el campo virtual lo que ellos han pensado o creado físicamente. Amparo Sard trabaja mano a mano con los investigadores, técnicos e ingenieros de Adema. En cuanto a René Mäkelä, cuenta con sus dos socios de Makelismos y con un diseñador gráfico alemán. Entre sus próximos proyectos está convertir en NFT otras obras suyas físicas y hacer la serie Every child is an artist, de retratos de figuras conocidas siendo niños.

Mäkelä dice que tardó medio año en comprender todo lo que supone un non-fungible token. «Explicarlo es muy difícil», reconoce, pero también se muestra convencido de que cada vez será «más normal, muy común» este mundo virtual, vaticina.

Sard no piensa renunciar a otras técnicas artísticas mientras sigue explorando en el mundo digital. «Creo que los NFT todavía tienen mucho que ofrecerme», afirma convencida.

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