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Patrimonio

Un museo para la biodiversidad

El Museo balear de Ciencias naturales nació en Sóller para albergar las principales colecciones de los naturalistas isleños

Una sesión de la Trobada d'Entomologia Balear en el Museo.

Una sesión de la Trobada d'Entomologia Balear en el Museo. Miquel àngel gual

El proyecto del Museo Balear de Ciencias Naturales nació a principios de los años 80 del pasado siglo en Sóller. Esta institución surgió a partir de la iniciativa de un grupo de naturalistas mallorquines que, en 1980, fundaron una asociación con la finalidad de crear un museo de historia natural y un jardín botánico en este municipio. A pesar de la existencia en las Islas Baleares de una larga tradición naturalista y de la existencia de la, ya por aquel entonces consolidada, Sociedad de Historia Natural de Baleares (fundada en 1948 como una sección de la Real Sociedad Española de Historia Natural y con funcionamiento autónomo a partir de 1954), faltaba todavía una institución capaz de albergar las principales colecciones de ciencias naturales originadas por naturalistas isleños. Entre otras, destacaban por su importancia científica y cultural las reunidas por el paleoictiólogo Joan Bauzá Rullan (1916-2004) y por el naturalista, geólogo y micropaleontólogo Guillem Colom Casasnovas (1900-1993), ambos naturales de la ciudad de Sóller.

Tampoco existía en la isla, en los años 80, ningún centro dedicado a la pedagogía ambiental, especialmente la de ámbito insular, ni tampoco ningún museo de ciencias naturales de carácter moderno y abierto permanentemente al público aunque sí existía una sección de Ciencias Naturales en el museo regional de Artá con una interesante colección local. Aparte de este, la oferta se limitaba a las exposiciones de historia natural en algunos centros escolares como el Museo de la Salle de Palma, el de los padres Teatinos o el del Seminario de la misma ciudad, entre otros, todos ellos de carácter muy generalista y con pocos contenidos específicamente relacionados con la naturaleza del archipiélago.

Este grupo de naturalistas encontró enseguida un gran apoyo moral en Guillem Colom, ya por entonces de avanzada edad, que acogió el proyecto con gran entusiasmo y casi inmediatamente puso a disposición de la nueva asociación parte de sus colecciones de fósiles e insectos para que se integraran en el fondo inicial del nuevo museo.

La adquisición de un edificio para albergar las colecciones que se esperaban conseguir y para llevar a cabo los objetivos científicos y divulgativos fue el siguiente paso para abordar por lo que, con la colaboración del ayuntamiento de Sóller, se consiguió adquirir en el año 1984 un palecete modernista rodeado de un terreno de unos 10.000 metros cuadrados en el que además existía un segundo edificio. El palacete de la finca conocida como el Camp den Prohom, a partir de aquel momento, se convertiría en la sede del museo al tiempo que se iniciaba como primer proyecto de la asociación la creación de un jardín botánico dedicado a la flora endémica del archipiélago balear. El edificio auxiliar se destinó a los departamentos del Jardín Botánico aunque su reforma tardó todavía unos años.

La adquisición de este espacio, del que era entonces titular la entidad bancaria local Caixa de Balears, Sa Nostra, no estuvo exenta de grandes dificultades, a pesar de las facilidades de la propiedad. Finalmente, una vez ya de propiedad municipal, el museo conseguiría los fondos necesarios para rehabilitar el edificio y alojar las primeras colecciones y exhibiciones permanentes. El museo se quiso impulsar bajo tutela municipal, aunque gestionado por la asociación promotora por medio de un convenio que todavía hoy sigue vigente. Se creyó entonces que la titularidad pública aseguraría mejor su futuro por lo que se diseñó una fórmula de gestión mixta asociación-municipio que facilitaría la donación de colecciones científicas relevantes con suficientes garantías jurídicas para sus propietarios. El convenio de gestión a tal efecto se suscribió en 1997.

La inauguración de la primera fase, juntamente con el área de flora balear del Jardín Botánico, tuvo lugar en el año 1992. Fue el propio Guillem Colom Casasnovas quien tuvo la oportunidad de inaugurar el nuevo museo comprometiéndose ya desde aquel momento a trasladar su importen legado a la institución, donación que ya había hecho efectiva años antes, en 1986, con la condición de que se ubicara en el aún entonces futuro museo.

Una vez realizada la rehabilitación del edificio, el museo contó con un espacio que, aunque limitado, servía perfectamente para los objetivos inicialmente fijados. Después de las obras de reforma, se contó con cinco salas de exposición, una sala de conferencias audiovisuales, sala de lectura y biblioteca. Otra sala fue dedicada a aula de educación ambiental, mientras que un total de cinco espacios se destinaron a laboratorio, a reserva de biblioteca y a colecciones.

Salas de exposición

La puesta en marcha del programa de exposición permanente se llevó a cabo mediante la inauguración, en el mismo año de 1992, de una sala de la planta baja dedicada a la historia de las ciencias naturales en las islas Baleares. Esta exposición, la única con que contó el museo durante varios años, sigue hoy en día abierta con pocas modificaciones. En ella se muestran los personajes (naturales del archipiélago y foráneos) que desde el siglo XVIII contribuyeron al conocimiento de la naturaleza balear. Desde los precuersores de la Ilustración, como Bonaventura Serra o Cristòfol Vilella (corresponsal del Real Gabinete de Historia Natural de Madrid) hasta el mismo Guillem Colom Casasnovas, gran naturalista, divulgador, geólogo y también investigador incansable e introductor de la Micropaleontología en España. El hilo conductor pasa revista al trabajo realizado en el archipiélago por botánicos como Jacques Cambessédes, Barceló y Combis, Juan J. Rodríguez Femenías, Moritz Willkomm, Paul Marès, Guillaume Viginex, Hernan Knoche, entre otros; geólogos y paleontólogos como Alberto de la Mármora, Jules Haime, Paul Bouvy, Henri Hermite, Dorothea Bate, Paul Fallot, Bartomeu Darder, Juan Bauzá, Juan Cuerda€; zoólogos como Francesc Cardona, Fernando Moragues, Émile G. Racovitza, Szymon Tenembaum y Odón de Buén, entre otros científicos más contemporáneos como el ecógrafo Ramón Margalef. La exposición muestra objetos y especímenes originales así como réplicas de publicaciones, documentos y otros materiales relacionados con el descubrimiento de la biota y de la gea baleares a lo largo de casi tres siglos. En esta sala se puede destacar un esqueleto completo del artiodáctilo endémico extinguido Myotragus balearicus, montado con material procedente de las excavaciones realizadas a mediados del siglo XX por William Waldren.

La segunda sala permanente no se inauguró hasta diez años después, en 2002, y se dedicó a la paleontología bajo el título de Fósiles, una mirada al pasado. El material exhibido procede fundamentalmente por la colección donada por Juan Bauzá, aunque también contiene materiales de otras procedencias. La exposición, que durante unos años se montó provisionalmente en unas vitrinas poco adecuadas, pero que ya obtuvo un gran éxito de público, ocupa actualmente tres cuartas partes de la primera planta del museo, destinándose el resto a reserva y a la biblioteca que acompaña la colección. En ella se exhiben más de mil ejemplares que ilustran de forma muy didáctica la evolución geológica y biológica de las Baleares. En la exposición se pueden ver fósiles procedentes de todos los niveles geológicos presentes en las cuatro islas, aunque para hacer más atractiva la visita también se incluyeron especímenes procedentes de algunos de los yacimientos más conocidos de la Península Ibérica y de otros puntos del continente europeo.

De esta forma se contextualiza la muestra paleontológica mostrando materiales coetáneos de otras procedencias y consiguiendo así que el visitante pueda contemplar una mayor diversidad palebiológica. La exposición sigue un recorrido cronológico desde el paleozoico hasta el Holoceno. Entre el material balear se ilustra el registro fósil a partir del Triásico hasta el Cuaternario, con una buena representación de su fauna marina y continental, incluyendo los vertebrados endémicos ya extinguidos. Destaca en esta sala una réplica a tamaño natural del sirénico fosil Halianassa cuvieri, cuyos restos se han encontrado frecuentemente en el mioceno balear.

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