Cuaderna

De la Ilustración del XVIII al liberalismo social del XXI

03.12.2013 | 06:50
De la Ilustración del XVIII al liberalismo social del XXI
De la Ilustración del XVIII al liberalismo social del XXI

En la segunda mitad del siglo XVIII comenzó a formarse el modelo de sociedad que ha sobrevivido hasta la fecha. Se produjo gracias a que una minoría intelectual inicio el camino de dar contenido a nuevas ideas, que posteriormente formaron el título de "ideas ilustradas". Se propósito era cuestionar el Antiguo Régimen, cuyo poder del monarca era absoluto. Al principio se trataba de una minoría pensante, hasta que desemboco en lo que se conoce como revoluciones burguesas y que terminara en una participación de las masas populares sin precedentes. El resultado fue un cambio de época. Se consigue así imponer el concepto de soberanía nacional (nación soberana). Igualdad de todos los ciudadanos, establecimiento de derechos naturales inalienables€ La Ilustración fue la antesala del mundo occidental que conocemos; de las sociedades democráticas, de la industrialización, de las constituciones democráticas, de las libertades públicas, del capitalismo€

Protagonistas de esta época fueron intelectuales de la talla de Diderot, Condorcet, Voltaire, Montesquieu, Rousseau€ y como hecho histórico-político más destacable fue el proceso de independencia de EE UU, desde el "motín de té" (1773) hasta la "paz de Versalles" (1783).

Todo ello no surgió por generación espontánea. Las causas de la ilustración, el proceso de independencia de EE UU y las revoluciones sociales, en especial la revolución francesa, hay que buscarlas en una grave crisis económica, en una crisis financiera y en una crisis del sistema. Sin entrar en detalles, todo ello acabo por provocar un elenco de revoluciones que terminaran con el Antiguo Régimen. Se impuso, así como ya hemos apuntado, la igualdad de las ciudadanos ante la ley, la idea de que el poder procede de la nación soberana, el concepto de que el hombre es sujeto de derechos, la propiedad privada, el libre mercado y la importancia de la Constitución, como norma de normas, junto con la separación de poderes. Así nace el nuevo estado moderno y contemporáneo.

Hoy este Estado nuevo y contemporáneo se ha vuelto viejo, decrépito e incapaz de adelantarse a los acontecimientos sociales que ya están aquí. Hoy, este Estado del siglo XXI se encuentra de lleno en una dura crisis económica, financiera, política y de valores e inmerso en la era de la globalización y la información. Hoy ya no hay fronteras.

El problema hoy es que el Estado moderno ha sido secuestrado por la maquinaria pesada de las administraciones públicas y las cúpulas de los partidos políticos, que basan siempre su legitimidad en el número de votos, hecho este incuestionable, pero no se dan cuenta que la autoridad se gana por la gestión, la coherencia, los hechos y en especial, por saber interpretar en todo momento el sentir mayoritario del pueblo.

Cuando eso no ocurre es cuando se produce lo que los sociólogos llaman "malestar social". Este malestar se traduce en conflictividad social y la conflictividad social en crispación generalizada, al observar como los partidos, sindicatos y patronales, se dedican a culparse unos a otros de las carencias que sufre la población en tiempos de crisis, sin unir esfuerzos para solucionarlos.

Hoy, al igual que finales del siglo XVIII, estamos asistiendo a un cambio de época. Hoy, hace falta que surja una nueva ilustración. Hoy, se está demostrando que lo que fue bueno en el pasado, no sirve para afrontar el presente y proyectar el futuro.

Hoy, el neoliberalismo y el socialismo real han fracasado. Hoy hace falta una nueva filosofía política para afrontar los problemas del presente y encarar el futuro con estabilidad y paz social. Esta filosofía no es otra que el liberalismo social. Filosofía que podemos sintetizar en: Menos intervención de la Administración en el tejido social. Más libertad de acción y actuación de las personas. Menos burocracia. Más solidaridad con los más necesitados. División real de los tres poderes del Estado, sin interferencias de unos sobre otros. Más democracia real, con listas abiertas y elección directa de alcaldes. Limitación de mandatos a ocho años. Creación de órganos independientes para la contratación de obras y servicios públicos a nivel estatal, autonómico y local. En definitiva, más transparencia y menos ocultismo, más libertad y menos intervencionismo, más democracia y menos partitocracia.

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