Tribuna

Saridakis

07.03.2013 | 06:30
Saridakis
Saridakis

Al igual que hicieran otros ilustres como el archiduque Luis Salvador o los escritores Camilo José Cela y Robert Graves, Ioannes Saridakis (Alejandría 1877-Palma 1963) tomó la por entonces acertada decisión de fijar su residencia en Mallorca. Corría el año 1923 cuando el pintor y coleccionista de arte de origen griego, Juan de Saridakis, encargó al arquitecto Guillem Forteza i Pinya el proyecto del edificio de Marivent, palacio de hermosa silueta que se construyó a velocidad de vértigo (dos años) si lo comparamos con el ritmo de la actual obra del futuro (?) Palacio de Congresos.

Deducimos que transcurrieron años felices y de buen entendimiento con los isleños, puesto que el residente del 229 de la avenida Joan Miró acordó, junto con su esposa Anunciación Marconi Taffani, hacer donación de la residencia de Marivent y de su voluminosa colección de arte al pueblo balear una vez hubiera fallecido el mecenas. Así pues, el 25 de mayo de 1965, la viuda de Saridakis donó el edificio de Marivent, su contenido y los terrenos colindantes a la diputación provincial de Balears con la condición de que la residencia Saridakis-Markoni fuera destinada a museo para el disfrute gratuito del pueblo balear. Y así lo aceptó y firmó el bueno del entonces presidente de la diputación, Rafael Villalonga, acordando ante Ana Markoni que "los bienes donados se destinarán a perpetuidad a los fines que se indican en los estatutos de la fundación pública provincial: la instalación de un museo de arte provincial y servicios culturales y de enseñanza y adiestramiento artístico complementario".

Hasta ahora han quedado claras las sanas intenciones de Ioannes Saridakis para con su amado pueblo balear. Pero enseguida descubriremos por qué la realidad que vivimos dista años luz de los deseos del pintor, que deseamos descanse en paz y haya cesado de revolverse en su féretro. El contrato de donación estipula que si la residencia Marivent no se destina al uso deseado por el fallecido pintor y su esposa durante un período superior a seis meses, el palacio será devuelto a su donante o a sus herederos. Pero vayamos al artículo 4 del polémico papelito, que sentencia "también podrá utilizarse el palacio para residencia del jefe de Estado español en las ocasiones en que éste visite la provincia". El jefe en 1965 era y solo era Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde, Franco para los amigos, que lo éramos todos, y siguió siendo el jefe hasta 1975.

A pesar de todo lo pactado y firmado por donantes y diputación, en 1973, la propia diputación balear cedió la finca Saridakis a los entonces príncipes de España, don Juan Carlos y doña Sofía, que para nada eran el jefe de Estado del dichoso artículo 4, y muy a verlas venir por aquel entonces. Sin nada que reprochar a tal decisión por parte del pueblo balear (un verdadero suicidio el haberlo intentado por aquel entonces), el año chino del Búfalo, el año del estreno de Jesucristo Superstar y el mismo en que voló Luis Carrero Blanco fue el inicio de la hasta ahora interminable consecución de "veraneos a la madrileña" de nuestra amada familia real. Las vacaciones que goza la cada vez más numerosa familia real española en el Palacio de Marivent suelen tener una duración media de treinta días al año, y cuestan un ojo de la cara que nosotros pagamos gustosamente, ¡faltaría!; los once meses restantes el Palacio debe permanecer cerrado a cal y canto por evidentes motivos de seguridad, de real seguridad, salvo que algún miembro de la casa real haya sido citado por un juez de la audiencia de Palma. El Palacio de Saridakis convertido en residencia veraniega royal lo hacía, pues, incompatible con el uso de museo y goce de medio millón de baleares ansiosos de arte, a pesar de lo cual sus majestades no han renunciado jamás a este privilegio ni optado en su lugar por el palacio de La Almudaina, su legítima residencia.

En 1978 alguien se percató de tal incompatibilidad, la cual se le escapó a nuestro amado Ioannes. Fue José Carlos Herrmann Marconi, hijo de Ana Marconi y heredero de Saridakis (en caso de que el palacio no fuera destinado a museo durante un período superior a seis meses), quien puso el grito en el cielo reclamando las 1.300 obras de arte, los 2.000 volúmenes de la biblioteca y el centenar de valiosísimos muebles que contenía el edificio del pintor, demandando a la comunidad autónoma de las Illes Balears y al patronato de la Fundación Museo de Arte Saridakis, patronato ficticio responsable en gran medida de que dicho museo no existiera, como si el fantasma del pequeño Urdangarin ya anduviera por Cala Mayor. Finalmente Herrmannn Marconi se salió con la suya y se llevó la fortuna e hizo con ella lo que le vino en gana. No sin antes negociarlo „tipo listo el tal Herrmann„, renunció a la residencia Marivent para que el rey la disfrutara por fin con sus paredes limpias.
Diez años más tarde el Tribunal Supremo desestimaba recurso interpuesto por la comunidad autónoma, derrota a la que el entonces vicepresidente ejecutivo, Juan Huguet i Rotger, restaba importancia alegando que "los supuestos 3.000 millones de pesetas en que están valoradas las obras de arte no superan en realidad los cuarenta millones, ya que los Picasso, Goya, Sorolla y De La Croix, entre muchos otros, de la colección Saridakis son de dudosa autenticidad". En conclusión, que el señor Huguet estaba gastando dinero del contribuyente para recuperar una colección de falsificaciones, que el amigo Saridakis era realmente un impostor y que el rey veranea en el palacio de un fantasma, en lugar de pasar el agosto en La Almudaina, que no es otra cosa que el real Palacio Real. Todo ello se deduce de las declaraciones del señor Huguet una vez perdido el recurso, pero nosotros nos hemos ido acostumbrando al mal perder de los políticos y sus consiguientes pataleos. Lo que también deducimos es que si todo hubiera sido una estratagema urdida por el tal Herrmann, quien logró apoderarse de una fortuna predestinada a ser exhibida en un museo (en cuyo caso no hubiera habido manera de sacarle tajada), mucho le favoreció el hecho de que su majestad se encaprichara de la arquitectura de Guillem Forteza i Pinya y del privilegiado paraje que rodea Marivent.

El pueblo mallorquín agradecido. Tanto, que le dedicamos una calle a nuestro espléndido pintor. Antes calle Juan de Saridakis, ahora rebautizada carrer Saridakis (Pintor 1877-1963) por lo de la memoria histórica, tiene su inicio dando la espalda precisamente al 229 de Joan Miró, donde recordemos se ubica el Palacio más hermético que todos debiéramos visitar, y luego es todo cuesta arriba.
Flanqueada por dos restaurantes que habrán cambiado de nombre cuando usted lea este artículo, una pronunciada pendiente le abre un mundo realmente singular en cuanto a arquitectura se refiere. El número 8 del carrer Saridakis ya pone los pelos de punta. Un poco más arriba y al otro lado de la calle encontramos una casa que haría de la isla un verdadero paraíso si todas se le pareciesen un poco, es el número 5. Continuamos jadeando cuesta arriba torciendo la vista a la derecha y, si es nuestra primera vez, posiblemente se nos pare el corazón: son los Pullman. ¿Qué decir de los Pullman? Pues que gozan de inmejorables vistas al mar, una piscina que en ocasiones incluso está llena y aparcamiento para dos coches. Si está interesado, hay varios vecinos que tienen los arrestos de colgar el cartel de "Se vende" en sus balcones. También los alquilan, y me temo que en verano no alojen a los miembros de la Guardia Real. Uno llega a preguntarse por qué el arquitecto y el promotor de estas edificaciones no fueron sentenciados a vivir en los Pullman de por vida, ellos y sus herederos. Es tal el espectáculo que incluso olvidamos que al otro lado se erigen los edificios Impala I, II, III, IV, V?

Pero continuemos jadeando. ¡Reventemos el hígado, qué puñetas! Solo un poquito más arriba vale la pena hacer una parada en la Fundación Pilar i Joan Miró, antes de que sus nietos dilapiden lo poco que queda para la contemplación del visitante. De pronto vamos recobrando el aliento y cruzamos el puente de la autopista de Andratx. No mire abajo y, sobre todo, no olvide olvidar los Pullman cuando cruza este puente o podría causar un accidente en cadena. Finalmente encontramos una serie de esos hermosos chalets que ansía todo mallorquín y que tantos sacrificios cuestan a Mallorca. Ahí, al final de la calle Saridakis ya es más probable que encuentre la vivienda del promotor de los Pullman o los Impala. Finalmente la calle dedicada al pintor egipcio desemboca en carrer Francesc Vidal i Sureda, siendo su última edificación un restaurante que tampoco se traspasa ni se vende porque no hay manera, el Samantha´s (antes Saridakis, como Marivent).


* Empresario

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