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Eduardo Jordà


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  • 01
    Abril
    2014

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    Twitea

    Gorjeando

    Leo que el 25% de los abonados a Twitter nunca ha escrito un mensaje, que uno de cada diez no sigue a nadie y que seis de cada cien no tienen seguidores. Miren por dónde, de pronto me ha entrado una extraña admiración por esos tuiteros que no tuitean ni siguen a nadie ni tienen tampoco un solo seguidor, siquiera sea su hermano o su primo, o su mejor amigo, o su novio o su novia, o algún compañero del colegio que se haya apiadado de ellos y se haya proclamado “seguidor” suyo en Twitter, un poco a la manera en que hace muchos años los niños de provincias apadrinábamos un negrito en África. Pero sobre todo me interesan los tuiteros que no tuitean nunca ni siguen a nadie, esos tuiteros pasivos o cabezotas que van a contracorriente y que se niegan a seguir las modas y las tendencias, o mejor dicho, los hashtags, si lo decimos en la neo-lengua robótica que poco a poco va desplazando a nuestro idioma tradicional.

    Si me preguntan qué significa hashtag, debo confesar que no tengo ni idea, pero eso es normal porque yo todavía uso un lenguaje que pertenece a los tiempos anteriores a internet, así que ese lenguaje cada día se vuelve un poco más obsoleto y hasta prehistórico, porque es un lenguaje que fue concebido para un mundo mucho más lento y silencioso y privado que el mundo actual; un mundo, por ejemplo, en el que tenía sentido la palabra “alma” o la palabra “verdad”, palabras que ahora quizá ningún tuitero sería capaz de explicar en un tuit. Y en cierta forma, podríamos denominar a estos usuarios de Twitter que nunca tuitean los “Bartlebies” de Twitter: ya saben, en vez de “Preferiría no hacerlo”, su lema sería “Preferiría no tuitearlo”. Benditos sean.

    También me llama la atención que se sepan con exactitud todos estos datos sobre las prácticas de los tuiteros. Porque estoy seguro de que las personas que están en Twitter pero no han tuiteado nunca en su vida ni tampoco siguen a nadie están consignadas con sus nombres y apellidos en algún registro que se guarda en uno de esos silos informáticos donde se almacena todo lo que hacemos y decimos y buscamos, y donde es muy posible que tengan una especie de ficha que los identifique como “raritos” o “solitarios” o “problemáticos”. Porque una de las características de nuestra época es que todo se contabiliza y todo se analiza cuantitativamente y todo queda registrado, a diferencia de otras épocas en las que había un grado mucho mayor de incertidumbre con respecto a muchos aspectos de la vida. Hace cuarenta o cincuenta o cien años, por ejemplo, se podía saber cuántos libros se vendían, pero nadie podía contabilizar cuántos compradores de ese libro se lo habían leído. Ahora, en cambio, todo lo que hacemos en Internet queda registrado en algún sitio: las películas que vemos, los sitios web que visitamos, los textos que leemos o los libros que nos descargamos, porque a alguien le interesa conocer muy bien nuestro perfil comercial (y quizá también nuestro perfil humano, y nuestro perfil político, o mejor aún, nuestro perfil, digamos, social). Y no falta mucho para que cada uno de nosotros reciba sus ofertas publicitarias hechas a medida en función de los datos que se han acumulado sobre nuestros gustos y nuestra forma de entender la vida. En el mundo anterior a Internet la intimidad tenía aún cierto sentido. En la era de Google y Twitter, la intimidad ya no existe. ¿Podría alguien definir la intimidad en un tuit? ¿O entendería incluso la pregunta? Lo dudo mucho.

    Pero lo más curioso de todo es que  Twitter sólo tiene ocho años, los mismos que tiene Facebook –según me dice la Wikipedia-, y aun así, muchos de nosotros seríamos incapaces de concebir la vida sin Twitter o sin Facebook, y no digamos ya sin internet, una herramienta, por cierto, que sólo tiene doce o trece años de existencia, al menos si pensamos en su uso masivo, aunque la fecha de invención que viene en la Wikipedia sea muy anterior. Y por cierto, ¿cuántos años tiene la Wikipedia? ¿Y tiene la Wikipedia una entrada que explique qué es la Wikipedia? Pues sí, la tiene. Y esa entrada dice que Wikipedia se inició en enero de 2001, así que solo tiene trece años, aunque ahora parezca que la Wikipedia siempre ha estado con nosotros igual que antes había en las casas una Enciclopedia Espasa. Por eso me gusta pensar en esos tuiteros que no tuitean, en esos resistentes, en esos insumisos.

     

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