Blog 
El blog de Gauden Villas
RSS - Blog de Gauden Villas

El autor

Blog El blog de Gauden Villas - Gauden Villas

Gauden Villas

Sobre este blog de Deportes

Ha dicho muchas veces que su piel solo tiene un color: el rojo. Se creyó siempre un perdedor hasta que Luis Aragonés, el sumo pontífice, demostró que España también puede ser la más grande. Lloró con el gol de Iniesta y en su camiseta, contra viento y marea, luce el 9 de Torres.


Archivo

  • 19
    Junio
    2012

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Esto no es la Roja.

     

    Nos vamos a pasar de aquí al sábado oyendo lo mismo. Del Bosque, sus chicos y su constelación de aduladores nos recordarán sin tregua lo difícil que era nuestro grupo, que no hay enemigo pequeño, que España ha hecho su fútbol y ha jugado como siempre, que siguiendo así, con humildad -¿qué demonios es la humildad?- vamos a llegar lejos. Me temo que se equivocan. Porque el juego que ha llevado a España al lugar que ocupa, salvo que el seleccionador nos contradiga, no se reducía a pasar el balón de uno a otro de nuestros futbolistas sin mayor objetivo que no perderlo. Eso para Luis Aragonés era solo un medio. Ahora parece ser un fin.
                    Y así nos encontramos con que el equipo volvió a tirar a la basura todo el primer tiempo llevando el balón de uno a otro de sus componentes como si la portería contraria no existiera. Los peculiares analistas que se llenan la boca con la cantidad de veces que Xavi o Iniesta tocan el balón levitan aún a esta hora en éxtasis contemplativo ¿Cuántos fueron? ¿500? ¿800? ¿3200? ¿Para qué exactamente? Del portero de Croacia ni supimos. Ni con nueve, ni sin nueve. A poco que Iniesta se tomó un respiro -no puede ser siempre el mejor- se nos pinchó el globo. Si, por añadidura, el rival es un equipo de la antigua Yugoslavia, capaz de defender por tanto un cero a cero hasta la muerte aunque con él se queden fuera de la Eurocopa -el entrenador apareció sin gorro y, por tanto, sin papeles-, bien podría la UEFA devolver la mitad de la entrada a todos los que en Gdansk estuvieron padeciendo todo aquello.
                    Y si en la primera parte nos fue mal, la segunda fue peor. Porque en cuanto al rockero que entrena a los chicos de Modric y compañía alguien desde Zagreb le avisó de que quizás era conveniente que marcasen algún gol -se sospecha que el hombre tenía ya el paquete de vacaciones comprado a partir de mañana y no le apetecía demasiado perderlo-, se fueron para arriba y crearon bastante más peligro que España. No dieron diecisiete mil pases horizontales, pero Casillas tuvo que volver a salvar los muebles. Esto, después de lo de Italia, ya no es ningún accidente tipo Suiza. Ante Suiza, en el Mundial, España disparó infinidad de veces a puerta, tuvo ocasiones de sobra para ganar y el rival se impuso de pura chiripa. Croacia no fue mejor que España entre otras cosas porque ni siquiera salió a disputar el partido. Se negó a jugar al fútbol y, durante setenta minutos, se limitó a poner a diez hombres dentro de su área. Pero aún y así, con un equipo en el que Rakitic, el del Sevilla, es un puntal,  fue capaz de hacernos sufrir.
                    La falta de frescura de nuestros futbolistas no se vio, desgraciadamente, compensada por el virtuosismo del seleccionador, cuya primer decisión relevante fue sacar del campo a Torres para introducir a Navas. Y Jesusito se pasó diez minutos intentando meter centros para que los rematase Silva entre dos centrales de otros tantos metros. La banda derecha de la Roja, o lo que queda de ella, la ocupaban por entonces Arbeloa y el extremo del Sevilla. Croacia se relamía y muchos nos temimos lo peor. El gol postrero resultó engañoso. Los defensores de la irrealidad se aferrarán a la victoria para vender continuismo. Pero así vamos directos al fracaso. Así de claro. Sin ir más lejos, el cruce de cuartos nos puede enfrentar a Inglaterra, cuya forma de jugar será idéntica a la de Croacia, pero con futbolistas bastante más hábiles que los croatas. El día de Irlanda, el gol de Torres abrió la lata y propició que el equipo jugara como sabe. La obligación de Del Bosque es buscar una manera para que la Roja siga siendo la Roja aunque la lata esté cerrada.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook