Son organismos cuya presencia en el medio es necesaria para mantener el equilibrio entre las especies. Pero, obviamente, las medusas no son bienvenidas por los bañistas que quieren darse un chapuzón en la playa. Todos los veranos aparecen en el litoral español, debido a múltiples factores. En este listado, procedente del Ministerio para la Transición Ecológica, Verde y Azul te explica cuáles son las especies más frecuentes en las costas de España, y el grado de peligrosidad que representa su picadura, a menudo urticante y a veces incluso peligrosa para el ser humano.

Aguacuajada (Cotylorhiza tuberculata)

También se la conoce como ‘medusa de huevo frito’ precisamente por su característica apariencia. Tiene forma y color de una sombrilla aplanada, marrón amarillento, con un poco de verde y una destacada protuberancia central de color anaranjado. Suele tener entre 20 y 35 centímetros de diámetro.

Habita tanto en aguas abiertas como en la costa, sobre todo en estas últimas. Es común en todo el Mediterráneo, durante el verano y el otoño. Muy abundante en el Mar Menor.

Su peligrosidad es baja, porque tiene una limitada capacidad de producir urticaria, debido a la escasa longitud de sus tentáculos y la baja densidad de células urticantes. No va más allá de causar una leve irritación de la piel y picor.

Medusa luminiscente (Pelagia noctiluca)

Es una de las más frecuentes. Puede medir más de 20 centímetros de diámetro. Tiene 16 tentáculos que, desplegados, pueden llegar a medir más de 20 metros de longitud. Toda la superficie de su umbrela está recubierta de verrugas y tiene un color rosado rojizo característico.

Es muy frecuente en aguas abiertas y se acerca al litoral arrastrada por los vientos de mar a costa, especialmente durante el verano. Es abundante tanto en el océano Atlántico como en el mar Mediterráneo.

Su peligrosidad es alta. Causa irritaciones y escozor a nivel de piel pudiendo incluso dejar herida abierta que se puede infectar. Debido a su abundancia y a la longitud de sus tentáculos, la superficie de piel afectada puede ser alta y con ello el efecto del veneno podría llegar a causar problemas respiratorios, cardiovasculares y dermatológicos que pueden perdurar semanas o incluso meses.

Aguamala (Rhyzostoma pulmo)

Conocida como aguamala, aguaviva o acalefo azul, es una medusa de gran tamaño (puede alcanzar hasta un metro de diámetro en su umbrela), forma acampanada y hermosos adornos de color violeta. Es una especie que habita en las costas mediterráneas y atlánticas y puede verse sobre todo durante el verano.

El contacto con ella es urticante, aunque no suele producir lesiones graves, pero así y todo conviene tener cuidado: no hace falta tener contacto directo con ella para recibir una picadura en el caso de encontrarnos en aguas cerradas donde haya fragmentos de tentáculos sueltos en ella.

Aurelia aurita

Esta medusa tiene forma de plato y brazos festoneados, y es distinguible por cuatro órganos reproductores en forma de herradura y de color violeta que se encuentran en su centro. Color transparente, manchado de azul-blanco. Escasa. Es más abundante en zonas costeras y lagunas como el Mar Menor, pero también en fiordos y bahías cerradas con aportes de aguas continentales, así como lagunas y aguas costeras con variaciones salinas importantes. Su picadura es muy poco peligrosa, aunque puede producir irritaciones cutáneas.

Medusa de compases (Chrysaora hysoscella)

La Chrysaora hysoscella, conocida en España como medusa de compases o bien acalefo radiado, se caracteriza por sus tonos amarillos y naranjas, su patrón atigrado y sus largos tentáculos, que pueden llegar a los cinco metros de longitud. Su color es blanco amarillento y posee un diseño radial característico sobre la umbrela que recuerda al dibujo de 16 compases abiertos hacia el exterior. En algunos ejemplares puede no distinguirse claramente este dibujo.

Relativamente frecuente en el Mediterráneo y Atlántico, donde en ocasiones forma enjambres. Habitual en aguas abiertas, pero puede acercarse a la costa arrastrada por las corrientes especialmente durante el verano.

Su peligrosidad es ‘elevada’, según el Ministerio para la Transición Ecológica, y sus picaduras causan picor y quemazón al principio. Inmediatamente después aparecen lesiones eritematosas y edema, produciéndose verdugones que pueden tardar tiempo en desaparecer.

Carabela portuguesa (Physalia physalis)

Técnicamente, no es una medusa, sino más bien una colonia de pólipos y pertenece al orden de los sifonoforos. Por ello, su morfología es algo diferente, ya que su ‘cabeza’ flota, a diferencia de lo que ocurre con las verdaderas medusas. Presenta vivos colores azules intensos y rosas-violetas, y pese al tamaño relativamente pequeño de su parte flotante (unos 30×10 cm en los ejemplares más grande) sus finos tentáculos venenosos, difíciles de ver, pueden superar los 20 metros de longitud.

Es típica de aguas atlánticas templadas, aunque a veces se puede encontrar ocasionalmente en el Mediterráneo. Se mueve a merced de las corrientes superficiales y el viento.

Su peligrosidad es ‘muy elevada’, según el Ministerio. El contacto con sus tentáculos puede tener consecuencias muy graves para las personas. La gran concentración de nematocistos y su potente veneno con propiedades neurotóxicas, citotóxicas y cardiotóxicas pueden llegar a producir en algunas situaciones un shock neurógeno provocado por el intensísimo dolor, con el consiguiente peligro de ahogamiento. En cualquier caso puede producir quemazón y dolor vivo, y laceraciones en la piel como consecuencia del intimo contacto con los tentáculos que se enredan y adhieren en el intento de desembarazarse de ellos.

Velero (Velella velella)

Tampoco esta especie es una verdadera medusa, sino un hidrozoo con una estructura flotante. Es pequeña: el diámetro de su disco va desde 1 a 8 centímetros. Forma grandes enjambres durante el invierno y la primavera. Afortunadamente, no supone ningún tipo de peligro.

Aequorea forskalea

Medusa transparente en forma de plato de unos 30 centímetros con reconocibles patrones negros. Es común en el Atlántico, aunque también se puede ver ocasionalmente en el Mediterráneo, y a veces se puede concentrar masivamente en franjas costeras. Su número va en aumento en Cataluña y Baleares. No produce picaduras, por lo que no tiene ninguna peligrosidad.

Cubomedusa (Carybdea marsupialis)

También se la conoce, aparte de como cubomedusa, como avispón marino en el Mediterráneo. Con forma cúbica y largos tentáculos, tiene un aspecto extraño, acentuado por su bioluminiscencia, con color azulado o blanquecino. Una de las características más llamativas es que posee un ojo complejo que les permite reaccionar ante objetos móviles y responder a cambios en la luminosidad.

Su picadura es muy grave y puede llegar a representar un serio peligro para la salud humana, pero dado que suele habitar aguas relativamente profundas (por debajo de los 20m) no suele provocar incidentes. Son muy difíciles de localizar.

Ctenóforo americano (Mnemiopsis leidyi)

Se trata de una especie invasora que es originaria de las costas atlánticas de América. Su introducción se realizó en el Mar Negro donde contribuyó al colapso de numerosas pesquerías. De ahí se ha distribuido a otras zonas, entre ellas el Mar Mediterráneo. Se detectó por primera vez en el litoral español en el verano de 2009.

Es un organismo pequeño y de apariencia extraña, con bellas iridiscencias de colores. No tiene tentáculos, sino que está formado por un bulbo de unos 10 centímetros de longitud. Se agrupa en grandes concentraciones (hasta 15.000 individuos por metro cuadrado). No produce ningún tipo de picadura y, por tanto, no reviste ninguna peligrosidad.

Listado original del Ministerio: https://www.miteco.gob.es/es/costas/campanas/campana-medusas/tipos_medusas.aspx

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