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Fraude

Una vecina de Palma: «Un estafador me dejó sin dinero y sin cocina en casa»

Una vecina de Palma relata la odisea judicial tras ser timada por un instalador de cocinas - El hombre fue condenado, pero nueve años después, ella sigue sin cobrar la indemnización

María José Perez, en la cocina de su casa, en la barriada palmesana de Foners. B. Ramon

Entregó casi 4.000 euros a cuenta para instalar en casa la cocina de sus sueños. Desmanteló los muebles viejos que tenía y se encontró con un mensaje del instalador: «He perdido la ilusión por hacerte la cocina». Se quedó sin dinero y sin cocina. María José Pérez, una vecina de la barriada de Foners, en Palma, relata la impotencia que sufrió al ser víctima de un estafador. El hombre fue condenado a una pena mínima, aunque debía devolverle el dinero estafado. Pero a día de hoy, nueve años después, la víctima todavía no ha recuperado ni un euro. La última vez que acudió al juzgado a reclamar una solución el funcionario que la atendió admitió que su caso era un «despropósito total» y había quedado «en el limbo».

La odisea de María José Pérez comenzó en 2013. «Me había comprado un piso en la calle Joan Alcover que tenía una cocina vieja. A mí me gusta cocinar y tenía la ilusión de poner una cocina bonita, pero no quería pedir un crédito, así que había estado cuatro o cinco años ahorrando para poder pagarla», cuenta. En aquel momento ella trabajaba en un bar, donde conoció a un hombre que le dijo que era carpintero y se dedicaba a instalar cocinas. «Me dijo que me haría un proyecto personalizado, que traería los electrodomésticos de la península y me saldría más barato. Me convenció», cuenta la mujer.

El presunto instalador aparentaba ser un buen profesional. «Vino a casa, tomó medidas y me llevó un día a una empresa del polígono de Can Valero a elegir la madera, las puertas y la encimera». Entonces le dijo que iba a encargar los elecrodomésticos y las puertas, y le pidió un adelanto de 3.880 euros, que María José le pagó a tocateja.

«Él me metía prisa, me decía que los electrodomésticos ya habían llegado y que estaba trabajando en el taller, así que cambié la instalación de agua y luz, y desmonté la cocina antigua».

Y nunca más se supo. Empezó a darle largas. Pasaron las semanas y dejó de atender al teléfono. Y un buen día le envió un mensaje que decía que había ido a su casa, y como ella no le había abierto, «había perdido la ilusión por hacerme la cocina».

María José Pérez no se lo podía creer. Se presentó en la dirección donde supuestamente estaba el taller, en sa Ràpita, y descubrió que era su domicilio. «Su hijo me dijo que no estaba». Siguió sin coger el teléfono, «pero me envió un mensaje diciendo que si quería, que le denunciara a la Policía».

La mujer presentó la denuncia ante la Guardia Civil de Campos. Tiempo después la llamaron de la Policía Nacional. Les habían traspasado la denuncia porque el delito se había cometido en Palma, Acudió a Jefatura a prestar una nueva declaración. Allí le dijeron que el hombre acumulaba varias denuncias más por hechos similares, no era la única víctima. Finalmente el hombre fue detenido y puesto a disposición judicial.

Pasó el tiempo y no supo nada más. Cuando se presentó en el juzgado de Palma a preguntar por su caso, le dijeron que lo habían archivado porque no tenían los datos del presunto estafador, que la Policía no se los había enviado. «Volví a la Policía y el inspector que me atendió no se lo podía creer, ya que lo habían imputado por varias estafas. Volvió a iniciar todo el proceso, y tuve que prestar declaración de nuevo».

Condenado, pero no paga

Y mientras tanto, un buen día, María José se encuentra con el estafador en la calle. «A mí me habían dicho que no le podían citar porque estaba en paradero desconocido, y un día lo veo salir de su furgoneta de trabajo. Le pegué una buena bronca en plena calle y se presentó la Policía Local. Y el hombre les dice a los policías que no me conocía de nada y que yo le estaba amenazando. Yo les insistí en que estaba buscado por la Policía. Le tomaron los datos y le dejaron irse».

Meses después, en noviembre de 2016, se celebró el juicio. «Yo estaba en el pasillo esperando para declarar, cuando me comunican que habían llegado a un acuerdo. Aceptó un año de prisión, y debía haberme indemnizado con 3.500 euros. No me ha pagado ni un euro».

Desde entonces la mujer ha ido varias veces al juzgado a denunciar que no le recibido indemnización. «En una ocasión un funcionario me trató muy mal, parecía que le molestaba. La última vez que fui otro funcionario me admitió que mi caso era un despropósito, y que había quedado en el limbo».

El caso es que tras ser estafada, María José Pérez se encontró sin dinero y con su antigua cocina desmantelada. «Yo nunca había querido pedir un préstamo, pero tuve que hacerlo para instalar una cocina nueva. Me pasé tres meses sin cocina, y aquella navidad no pude hacer nada en casa».

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